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9 DICIEMBRE 2016
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Granada en la tempestad. Apuntes para seguir esta crisis

José Luis Restán | 7 comentarios valoración: 4  69 votos
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Una semana después de que estallara en los medios el repugnante y doloroso caso de los abusos sexuales que habría protagonizado un grupo de sacerdotes de Granada, y una vez que se han producido las primeras detenciones, conviene repasar los distintos elementos de este caso, con la mayor precisión y escasa literatura.

La sucesión de los hechos ha venido acompañada de reconstrucciones que en muchos casos tenían poco que ver con la verdad y con la defensa de las víctimas, mientras estaban determinadas por batallas ideológicas y de poder. Por otra parte estos hechos provocan un comprensible escándalo, que definió a la perfección Benedicto XVI en su inolvidable carta a los católicos de Irlanda. A este dolor inmenso se suma un pánico moral inducido por informaciones tergiversadas, en las que hemos visto mentiras clamorosas y datos retorcidos. Es natural que cueste abrirse paso en medio de la hojarasca. Por eso ofrezco estas claves que me parecen necesarias para situarnos adecuadamente en medio de esta tormenta, sin pretender cerrar lo que todavía está abierto.

1. Estamos ante un crimen y ante un pecado tremendo. El crimen debe ser investigado y juzgado por la autoridad civil, ya está en ello. El pecado supone una herida horrenda, y por eso el gesto del arzobispo Javier Martínez, postrado en tierra, representa el dolor, la penitencia y la petición de perdón de todo el cuerpo de la Iglesia, que asume el daño causado por algunos de sus hijos. Aun así, la miseria llega a calificar de acción teatral este gesto imponente.

2. La víctima estaba en su derecho de elegir el modo de denunciar este horror. Lo ha hecho por un determinado camino y de ahí se deriva el itinerario de las medidas tomadas por el arzobispado. Si Roma instó a actuar, es porque Roma supo antes.

3. La prioridad debe ser el cuidado y acogida de las víctimas: por eso en cuanto tuvo conocimiento el arzobispo le recibió y mantuvo un coloquio de dos horas con él, mostrándole toda su paternidad y acogida. Los primeros días algunos medios mintieron, diciendo que no había sido recibido.

4. El arzobispo suspendió cautelarmente a los directamente implicados con toda diligencia. No prosiguió con nuevas actuaciones por orden del juez, que estableció secreto de sumario. Cuando el proceso avance, la Iglesia decidirá las sanciones canónicas para los culpables, que son las más duras previstas.

5. El proceso canónico está sometido a secreto pontificio, razón por la que es absurdo y malicioso acusar al arzobispo de opacidad frente a la CEE o frente a otras instancias, civiles o eclesiales. Por cierto, se dijo que estaba en paradero desconocido, encastillado, cuando estaba en la plaza pública, dando la cara y respondiendo (en lo que podía) a cuantas preguntas se le formularon.

6. Esta plaga no brota de la nada, tiene que ver con modos de vida, con actitudes frente al magisterio de la Iglesia y frente a la comunión con sus pastores. En el tiempo se desvelará la posición de los acusados respecto de estas cuestiones esenciales.

7. La Iglesia ha puesto a punto protocolos y reglamentos renovados para acometer estos horrores. Pero ningún protocolo, por perfecto que sea, puede evitar que una persona realice el mal ejerciendo de manera perversa su libertad. Por eso la petición de perdón, la oración y el camino de conversión nunca se pueden dejar de lado.

Termino con un apunte personal. Cuando todo el mundo buscaría ponerse a cubierto de esta basura, el arzobispo Javier Martínez ha dicho lo más escandaloso para nuestro mundo de hoy. Que no podemos simplemente echar al mar las manzanas podridas, que no podemos decir “yo no tengo que ver con ese mal”. El mal que misteriosamente surge en el cuerpo de la Iglesia nos hiere a todos. Y ni leyes ni castigos (¡siempre necesarios!) pueden sanar por completo esta llaga. La Iglesia nace y renace continuamente de la gracia de su Señor, no de los justicieros de diverso signo que estos días campan a sus anchas. El pueblo cristiano, cuyo sentido de las cosas de Dios siempre subraya el Papa Francisco, se reunió en Granada el pasado domingo como una piña en torno a su pastor.

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7Comentarios
Francisca Carmona Buendía
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opinión
Totalmente de acuerdo. Así mejor que con ningún tipo de descalificación. Unidos en la oración y por el carisma de don Giuss. Y en continua petición por las intenciones de don Javier Martínez.
Nacho Uria
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Debe renunciar
Monseñor Javier Martínez tiene una evidente «culpa in vigilando». Más aún, cuando uno de los presuntos abusadores colaboraba directamente con él en la curia episcopal. Granada no es una ciudad con millones de habitantes o cientos de parroquias, y los supuestos hechos se vienen produciéndose desde hace años. Benedicto XVI dio claras indicaciones en este asunto, que se resumen en una idea: «tolerancia cero». Toda la Iglesia debe estar alerta para detectar estos abusos, y un obispo más aún. Por tanto, debería asumir su responsabilidad y presentar la renuncia, que es el modo más explícito de pedir perdón. Una decisión que toda la sociedad entendería a la primera, y que sería edificante para todos los católicos.
María Ciézar
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¿Por qué renunciar?
No veo tan claro el asunto de la renuncia del obispo. Si ha habido ocultación por supuesto que sí, pero si se trata de desconocimiento, aunque fuese su responsabilidad lo que ocurre en la diócesis, no me parece pertinente.
Si algo suelen tener estas personas es habilidad para ocultar sus pecados. La policía nunca actúa por simples sospechas o preventivamente, suponer que un obispo tiene que saber cada uno de los pasos que dan las personas que se mueven a su alrededor, es suponer demasiado.
Esto, dado el tipo de sociedad en que vivimos, puede pasarle mañana a cualquier otro obispo, razón por la cual nos podemos quedar sin ninguno por ser todos "negligentes".
No creo que haya obispo en el mundo que pueda poner la mano en fuego asegurando que en su diócesis jamás pasará eso y, si pasa, él será el primero en enterarse.
Francisco Miguel Delamer
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Presbítero de la Arquidiócesis de Buenos Aires - Argentina
Se persibe una clara perversión en quien cometa abusos sexuales de cualquier tipo . También hay formas perversas de ejercer el periodismo ,difamando y regodeándose en detalles innecesarios de  hacer públicos ,sob re estos temas tan sensibles
Juán Luis Sevilla
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Mons. Martínez
Conozco a D. Javier de la época en que fue Obispo de Córdoba y conservo de él un grato recuerdo, especialmente por su rectitud y su capacidad de decir alto y claro lo que es verdad y lo que no, lo que es moral y lo que no. Ha actuado, como dice Restán, siguiendo lo que le trazaban el camino que ha tomado la víctima, y por su parte desde Roma.Pienso que una renuncia tendría lugar si hubiera podido, o debido, saber algo y no lo hubiera hecho, ni se hubiera interesado por el teema a la más mínima sospecha. Ahí creo que sí existiría culpa in vigilando, por la proximidad y la negligencia. Pero la culpa in vigilando tiene sus límites, no es aplicable a todo superior cuyos "inferiores" o personas bajo su mandato, cometan alguna falta o delito. Por otra parte, el carácter de D. Javier le hace blanco de enemistades, porque como ya he dicho, habla claro y sin pelos en la lengua. Su ortodoxia y sus pronunciamientos claros, especialmente en materias que son polémicas, propician que se busque en muchos sectores, taparle la boca y que dimita.
Juán Luis Sevilla
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Mons. Martínez
Con todo, Monseñor Martínez ya ha dicho claramente que él y su cargo están a disposición de Roma. Lo que significa una clara posición - llena de humildad - en la que no hay, a mi juicio, apego al cargo, sino más bien espíritu de servicio. Ojalá hubiera en la vida pública muchas reacciones y comportamientos como éste...
jose jara
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¿Y la presunción de inocencia?
Curiosamente no hay ningun comentario para la presunción de inocencia. El juez ha dejado a estos sacerdotes, tras escucharlos, en libertad aunque con cargos, pero parece que el juicio mediático ya los ha condenado y esta segunda parte de la noticia no interesa a nadie.
A pesar de que ellos se han declarado "inocentes hasta la muerte" están ya juzgados y condenados a priori. Así somos

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