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10 DICIEMBRE 2016
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Limpieza étnica

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  31 votos
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Va a ser la segunda entrega. Vamos a contar una auténtica limpieza étnica. Este mes de enero el equipo que estamos rodando una serie de documentales sobre cristianos perseguidos (con el patrocinio del Instituto CEU de Estudios Históricos y la Fundación Ignacio Hernando de Larramendi) ponemos rumbo al Líbano. Desde allí podremos ver y relatar uno de los éxodos más trágicos que se han producido en el mundo durante los últimos años. Los seguidores de la cruz desde hace meses escapan de Siria y de Iraq, muchas veces con lo puesto, para vivir como desplazados en el Kurdistán, en Jordania o en el país de los cedros. Oriente Próximo se queda sin cristianos. El cristianismo de todo el mundo pierde así la memoria viva de lo que sucedió en sus orígenes. Y los países de mayoría islámica pierden una minoría decisiva para construir una sociedad más plural, más democrática.

En 2003, antes de la intervención de los Estados Unidos, había en Iraq 1.500.000 cristianos. Ahora ya solo quedan 300.000. En poco tiempo pueden verse reducidos a 50.000. Hay ciudades donde la cruz estaba presente desde los primeros siglos. En los últimos meses han perdido a todos sus bautizados. Hace diez años un obispo greco-católico aseguraba que el modelo de convivencia entre cristianos y musulmanes de Siria era modélico. La situación, con algunos altibajos, se mantuvo estable hasta marzo de 2011 cuando estallaron las protestas contra Bashar al Assad. Luego llegó la guerra civil. Y Siria ha pasado de 1.750.000 cristianos a poco más de 400.000. El éxodo de bautizados iraquíes, que se ha producido a lo largo de diez años, en el caso de Siria ha tenido lugar en poco más de tres años.

La limpieza étnica comienza en 2004 y se ha acelerado con la rápida expansión del autodenominado Estado Islámico (EI). El EI controla en estos momentos una importante zona en Siria (las provincias de Raqqa y Deir al Zor, lo que incluye la ciudad de Alepo) y otra en Iraq (región de Al Anbar y Nínive). El avance del EI y la fuerza del yihadismo en estos dos países han sido provocados, en gran parte, por los errores de Occidente, especialmente de Estados Unidos. Las estrategias de nation-building (construcción nacional) en Oriente Próximo se han diseñado en alejados despachos de Washington sin escuchar a los cristianos de la zona y al islam popular, el verdaderamente religioso.

No se atendió a los cristianos caldeos y asirios (iraquíes) y se invadió Iraq para destituir a Sadam Husein. En ese momento comienza la tragedia. Estados Unidos desmantela el ejército y la policía de Sadam. En pocos meses aparece en el país el yihadismo internacional, hasta ese momento ausente. El islamismo ataca a los cristianos que ya en 2004 se ven obligados a suspender un sínodo. Ese mismo año, según estimaciones hechas por Time, salen de Iraq entre 10.000 y 20.000 bautizados. Ya en el siglo II la nueva fe se había extendido por todo el territorio y sus misiones llegan hasta China. Fueron cristianos iraquíes los que transmitieron la filosofía griega al mundo musulmán.

Los primeros movimientos migratorios conducen a los cristianos de Bagdad y de Mosul (noroeste) hacia la diáspora exterior pero también hacia la llanura de Nínive (norte) y hacía el Kurdistán iraquí. No siempre la vida entre los kurdos, que tienen otra lengua y otras tradiciones, les resulta fácil. Desde esas fechas hasta el pasado verano los ataques a iglesias, asesinatos y secuestros se suceden sin que respondan a un plan sistemático. Se trata de sembrar el terror entre los bautizados de forma indiscriminada. El atentado más significativo es el que sufre la catedral de Bagdad el 31 de octubre de 2010. Mueren 45 fieles que asisten a misa. Es evidente que la debilidad y el sectarismo de los sucesivos gobiernos del chiíta Al Maliki (incapaz de integrar a la minoría suní que se siente atraída por el yihadismo) no garantizan la mínima libertad para los cristianos. La salida de las tropas estadounidenses en 2011 se produce cuando el país está lejos de haber conseguido estabilidad.

Todo cambia a peor en 2014. El EI realiza importantes conquistas y la persecución se hace sistemática. Este grupo, que surgió en 2004 como Al Qaeda de los Dos Ríos, tras varias mutaciones y después de enfrentarse a la dirección de Al Qaeda, consigue crear un Estado dentro del Estado. Lo logra por la inconsistencia del ejército iraquí. A eso se suma la financiación del wahabismo (rama del islam suní) de Arabia Saudí y de Qatar, la toma de pozos de petróleo de los que obtiene importantes ingresos y un proyecto ideológico que habla en nombre de la grandeza perdida del islam.

El 10 de junio de 2014 fue un día negro en la historia de Iraq. El EI toma Mosul, tercera ciudad del país. En 2003 había en la localidad 60.000 cristianos, llevaban allí desde el siglo VII. Ahora no queda ninguno. Se fueron marchando y a los 5.000 que vivían aún en sus calles el EI les hace imposible la vida. Primero les dio un ultimátum: o se convertían, o pagaban el tradicional impuesto exigido a los que no siguen a Mahoma, o se marchaban. Luego no hubo elección: todos fueron expulsados. La historia es conocida: la puerta de sus casas fueron marcadas con la N árabe de Nazarenos. Sobre la sede del obispado de Mosul ondea hoy la bandera del califato, su obispo no ha podido volver a entrar en la ciudad. Una vez tomado Mosul, el EI avanza hacia la llanura de Nínive donde hasta ese momento vivían 100.000 cristianos. La mayoría de ellos huye a Erbil (Kurdistán) y el Líbano. En los meses del pasado verano, sumando cristianos y musulmanes, un total de 500.000 personas abandonan sus hogares.

El Estado Islámico se aprovecha también de la crisis en Siria y compite en terror sectario con Al Nusra, la facción yihadista que sigue fiel a la dirección de Al Qaeda. La oposición que combate contra Bashar el Asad y que Occidente apoya sufre una importante mutación a lo largo de 2012. En esos meses el yihadismo le quita el protagonismo al Ejército Libre de Siria (oposición) y pone entre sus objetivos a los cristianos. Buen ejemplo es lo que sucede en la batalla encarnizada que se libra por el control de la ciudad de Homs (en el centro del país). De las 800 familias que vivían en sus calles al inicio de año no queda ni una. Todas las iglesias son arrasadas. En Damasco (sur) y en Alepo (norte) la historia es similar aunque los rebeldes no consiguen eliminar del todo a los seguidores de la cruz. Hasta que Bashar el Asad no retoma casi por completo el control de la capital (finales de 2014) los secuestros de bautizados para obtener fondos y los ataques con coche bomba son frecuentes. En Alepo la situación no se ha estabilizado. Un 65 por ciento de sus cristianos ya se ha marchado.

Lo sucedido en Malula, al norte de Damasco, es también paradigmático para comprender el cambio de Siria. En este pueblo, de mayoría cristiana, todavía se hablaba la lengua de Jesús, el arameo. En septiembre de 2013 sufre el ataque conjunto del EI y de Al Nusra. Sus 5.000 habitantes abandonan sus hogares y todas las iglesias son profanadas.

Ante este cuadro de limpieza étnica, los bombardeos primero de Estados Unidos y más tarde de la coalición internacional constituyen una respuesta insuficiente. Estados Unidos ataca ahora a la oposición siria que en su momento apoyó. El Estado Islámico que reproduce y aumenta la guerra de siempre en Oriente Próximo (suníes contras chiítas, chiítas contra suníes) exige una respuesta más contundente. La guerra contra el EI no se puede ganar si no se secan sus fuentes de financiación. Mientras no se corte el grifo de los ingresos que obtiene a través de la venta de petróleo y las donaciones privadas que le llegan de Qatar y Arabia Saudí, esta forma de wahabismo violento no podrá ser detenida.

Los frentes para responder a la eliminación sistemática de cristianos de Iraq y Siria son varios. A medida que el ejército sirio y el ejército iraquí recuperen ciudades y regiones tomadas por el yihadismo es necesario que los cristianos vuelvan a sus casas. No se puede dar por bueno el status quo creado por la violencia. De igual modo es necesario que los dos países desarrollen un proyecto político estable. Y en tercer lugar es necesario que el islam verdaderamente religioso, como ha dicho el papa Francisco, sea más contundente en la condena del EI. Los pronunciamientos de la mezquita de Al Azhar (referente de los suníes) y la carta de 120 ulemas critican sus pretensiones pero no son suficientes. El mundo no puede aceptar esa limpieza étnica.

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