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9 DICIEMBRE 2016
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Unidad frente al Estado Islámico

Grabriel Nisim | 0 comentarios valoración: 3  32 votos
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Lo llamativo de las prácticas del Estado Islámico, que ha quemado vivo al piloto jordano y degollado al periodista japonés, es que a diferencia de todos los verdugos que cometieron genocidios en el siglo XX, no sienten ningún tipo de pudor en hacer públicas sus acciones. Los jóvenes turcos exterminaron a los armenios o los nazis pusieron en marcha la solución final sin mostrar al mundo sus crímenes. De hecho, intentaron borrar los rastros de sus actos. El intento de encubrir lo que había hecho generó el fenómeno moderno de la negación, contra el que luchó Primo Levi toda su vida. Escribió sus libros para contar su experiencia en Auschwitz.

Con el Estado Islámico todo cambia. Los fundamentalistas exhiben en los medios de comunicación sus acciones criminales y parecen sentir alegría y el placer de mostrar los cuerpos de los que matan. Vemos imágenes de las decapitaciones, con el verdugo que hunde el cuchillo en el cuello de las víctimas. El gesto tiene un gran valor simbólico. Los torturadores quieren mostrar a sus seguidores que no hay nada más hermoso y más heroico que matar a los judíos, cristianos, kurdos, sirios, a los norteamericanos y occidentales, exterminar a los que considera enemigos de su proyecto. Se exponen ante los medios de comunicación no sólo para infundir terror y chantajear a los diplomáticos sino también para incitar a jóvenes musulmanes en todo el mundo a que realicen masacres contra los creyentes infieles: matar y masacrar debe convertirse en una fuente de orgullo y satisfacción personal. Para defender la naturalidad del asesinato incluso han utilizado a niños a los que han obligado a apretar el gatillo de un arma contra los presos.

El Estado Islámico ha sobrepasado todos los límites en la imaginación del mal. Lo peor sería que nos acostumbremos a tanto horror sin sentir indignación. Hoy el mundo está profundamente dividido entre rusos y estadounidenses, turcos y armenios, israelíes e iraníes, rusos y ucranianos. Frente a esta barbarie debe superar todas las divisiones. Los judíos, los católicos y los musulmanes deben unirse en nombre de una dignidad humana elemental. Al igual que en Francia millones de ciudadanos de todas las culturas y las religiones salieron a las calles después de la agresión a Charlie Hebdo, esperamos que no haya ninguna iglesia, sinagoga o mezquita del mundo que guarde silencio ante el mensaje de muerte del Estado Islámico. Si no hay reacción y prevalece la pereza, la indiferencia, el miedo y la división, estos nuevos verdugos seguirán su camino, provocando la ruina de nuevo, como ya ha ocurrido en el pasado. En ese pasado en el que las ideologías que provocaron genocidios fascinaron a varias generaciones. No podemos permitir que los jóvenes musulmanes se sientan atraídos por el señuelo del Estado Islámico.

Grabriel Nisim es presidente de Gariwo, ONG que impulsa los jardines de los justos

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