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8 DICIEMBRE 2016
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En Ramo Verde, con la nueva Venezuela

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  46 votos
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Los dos están ahora en Ramo Verde, la prisión de los Teques, al sur de Caracas. Los ha recluido Maduro por luchar en favor de la libertad. A Antonio Ledezma, el acalde metropolitano de la capital de Venezuela, lo acaban de meter entre rejas acusándole de conspiración. Leopoldo López lleva ya un año preso, se entregó cuando arreciaban las protestas.

Antonio Ledezma y Leopoldo López tienen dos caracteres muy diferentes pero algo en común: una forma de hacer política muy pegada a la gente. Han superado aquella partitocracia de élites de los años 90 que hizo posible la llegada de Hugo Chávez al poder. La lucha de los últimos años les ha situado en las antípodas del “mal de los criollos”. Ese vicio latinoamericano, presente desde la independencia, que tanta desigualdad genera y que tan inestable hace la vida democrática.

A Antonio Ledezma lo conocí cuando Hugo Chávez le acababa de quitar la sede del ayuntamiento. Es un hombre sosegado, maduro. A pesar de las presiones del régimen ha mantenido el temple durante muchos años. Su detención es una conculcación de derechos fundamentales. Y es sorprendente la fría reacción que ha producido en la comunidad internacional. Especialmente vergonzosa la tibieza de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Con Leopoldo López me encontré en los jardines de la universidad Andrés Bello, en una mesa redonda organizada por el Happening de Caracas. Cuando hablamos le habían inhabilitado para hacer política. Se dedicaba en ese momento a montar un movimiento viajando por los pueblos. “Lo que nos ha faltado en Venezuela –me explicaba– es sociedad civil, política hecha desde la base, protagonismo de la gente”. Leopoldo es todo pasión, movimiento. Su estancia en la cárcel va camino de convertirlo en el Mandela de Venezuela. Hace unos días la CNN le hizo una entrevista en la que se le oía muy entero. “Me levanto a las 5 menos cuarto de la mañana y empiezo el día rezando, le rezo a Jesús. No quiere que en mi corazón domine el odio o el rencor. Lo que necesitamos es un país en el que todos los derechos se le reconozcan a todos”, señalaba Leopoldo. Aquel Happening que se celebró en 2009 se titulaba “O protagonistas o nada”. En su intervención defendió la necesidad de superar la polarización nacional, la trampa del chavismo que quiere enredar a todo el país en una espiral de violencia. Sus palabras a la CNN reflejan que Leopoldo, privado de libertad, es más protagonista que nunca de su vida y de la que puede ser una Venezuela reconciliada.

Su batalla y la de Ledezma van a ser largas. El régimen de Maduro agoniza económicamente pero eso no significa que vaya a caer pronto. A diferencia de otros populistas como Correa en Ecuador o Evo Morales en Bolivia, el presidente venezolano no ha hecho sostenible su modelo.

Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo, la escasez es severísima, las colas para conseguir lo más esencial eternas. Especialmente grave es la escasez de fármacos que provocan lo que algunos llaman un “genocidio silencioso” entre los enfermos. Los ingresos del petróleo han descendido drásticamente con la bajada del precio del crudo. Pero el gasto público sigue disparado para satisfacer las llamadas “misiones populares” con las que se compran votos y se extiende el clientelismo. PDVSA, la empresa de petróleo, ha sido saqueada literalmente con las transferencias a Cuba y a China. El país con mayores recursos de crudo del mundo, por la ineficiencia de la gestión, se ha convertido en importadora de esta materia prima.

La obsesión interventora de Maduro impide que la economía del país pueda mejorar. Así que la agonía se prolongará y el control institucional y de los medios de comunicación por parte del régimen seguirá haciendo muy difícil la labor de oposición.

Este año los venezolanos tienen una cita importante con las urnas, hay elecciones legislativas. Y sería decisivo que la actual mayoría simple del chavismo se transformara en una mayoría simple de la oposición. Para eso es necesaria una unidad de las fuerzas democráticas que hasta ahora no ha sido posible. Los que están en libertad se lo deben a sus presos políticos.

Maduro no va a salir de forma inmediata del poder. Pero en Ramo Verde ya está la Venezuela del futuro. Una Venezuela que reza al alba y que habla de reconciliación.

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