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10 DICIEMBRE 2016
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>Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-2015)

Las preguntas, más allá del panfleto

Horacio Morel (Buenos Aires) | 0 comentarios valoración: 3  32 votos
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El escritor uruguayo Eduardo Galeano, símbolo de la izquierda intelectual latinoamericana, murió este lunes en su Montevideo natal. Su famoso y polémico libro 'Las venas abiertas de América Latina' (1971), uno de los mayores best-sellers de la prosa continental, se convirtió en la década de los 70 en una suerte de 'Biblia' seguida acríticamente por todos los movimientos insurgentes y por las diferentes expresiones socialistas y marxistas de estas latitudes.

'Las venas', como popularmente es común referirse a la primera obra literaria de Galeano, es la descripción histórica del despojo colonial de América Latina en diálogo con la pobreza y el subdesarrollo que dominaban la vida social latinoamericana cuando fue escrito. En el momento de su publicación, Galeano recibió la mención de honor del Premio Casa de las Américas, que se concede en La Habana, Cuba; tenía por entonces 31 años y su libro era ya devorado por una juventud anhelante que soñaba con un cambio radical de la sociedad. El texto se propone demostrar que los países latinoamericanos han sido saqueados por las potencias occidentales desde la etapa colonial hasta nuestros días, principalmente por Gran Bretaña y Estados Unidos desde el siglo XIX. La influencia de la obra se mide no solo en kilómetros cuadrados sino también en años: fue el libro que Hugo Chávez, fallecido en 2013, regaló al presidente norteamericano Barack Obama, como símbolo de la lucha antiimperialista del llamado Socialismo del Siglo XXI.

Refiriéndose a su propia obra, dijo Galeano en 1977: "Escribí 'Las venas' para difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿Es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza?".

Por cierto que muchas de las ideas ajenas reunidas en su libro agitaban el odio de clase y la lucha armada como vía política, y ello explícitamente, como cuando cita a Josué de Castro diciendo: "Yo, que he recibido un premio internacional de la paz, pienso que, infelizmente, no hay otra solución que la violencia para América Latina".

Lamentablemente, mucha sangre latinoamericana se derramó inútilmente a través de las venas abiertas por una lucha fratricida, en la que fatalmente convergieron la ceguera de la ideología revolucionaria y el cinismo de la represión ilegal.

Ya en 1977 Galeano admitió que 'Las venas', pretendido ensayo de economía política, era una suerte de "manual de divulgación" escrito por "un autor no especializado que se dirigía a un público no especializado". Mucho más tarde, cuando el daño estaba provocado y consolidado en tantos miles de torturados, asesinados, desaparecidos, traicionados, exiliados y proscritos, Galeano reconoció públicamente en la II Bienal del Libro y la Lectura de Brasilia, en mayo de 2014, que "no sería capaz de leer el libro de nuevo, caería desmayado" porque "esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima", y que había escrito 'Las venas' "sin conocer debidamente de economía y de política", y aunque no se arrepentía de haberlo escrito, era "una etapa superada" admitiendo que al momento de publicarlo "no tenía la formación necesaria".

En esa oportunidad, el economista y legislador uruguayo Hernán Bonilla publicó un artículo en el diario El País de Uruguay con el título de 'La confesión de Galeano', en el que señala que "con estas declaraciones Eduardo Galeano se suma a la lista de intelectuales latinoamericanos de izquierda que luego de haber influido de forma nefasta en las ideas de millones de personas admiten, al menos parcialmente, sus errores demasiado tarde, quizás después de haber causado demasiado daño", y que Galeano "fue un profeta de la complacencia con nosotros mismos y el odio que impidió que el Uruguay y otros países del continente buscaran las respuestas a sus problemas en sus propias equivocaciones".

La definida militancia marxista de Galeano, sin embargo, no le impidió cuestionar algunas políticas del régimen emblema del socialismo latinoamericano: "Las prisiones y los fusilamientos en Cuba son muy buenas noticias para el superpoder universal, que está loco de ganas de sacarse de la garganta esta porfiada espina. Son muy malas noticias, en cambio, noticias tristes que mucho duelen, para quienes creemos que es admirable la valentía de ese país chiquito y tan capaz de grandeza, pero también creemos que la libertad y la justicia marchan juntas o no marchan".

Era un ateo confeso que se llevaba a las patadas con la fe y con la Iglesia. Algunas frases suyas lo documentan explícitamente: "Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: ‘Cierren los ojos y recen’. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia", o: "A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder".

Pero reducir a Galeano a un simple personaje panfletario de la izquierda latinoamericana es un ejercicio no del todo justo. Es verdad que era dueño de un estilo polémico y provocador, pero también de una pluma poética que desplegaba su mejor versión en sus relatos de fútbol (esa gran pasión rioplatense y sudamericana), y aún en la contradicción de algunos de sus pensamientos nos deja algunas perlas de humanidad de las que son capaces aquellos que enfrentan con valentía e inspiración el desafío que significa un papel en blanco: "Uno escribe para tratar de responder a las preguntas que le zumban en la cabeza, moscas tenaces que perturban el sueño".

Las preguntas que anidan en el hombre y lo abren a la realidad: "Mis libros se ocupan de todo. De todos los temas imaginables. Nada de lo humano me es ajeno, pero me interesa también la vida de los bichos, los fenómenos de la naturaleza. Por lo tanto la etiqueta de escritor político es algo que rechazo, porque me limita y me amenaza con convertirme en un autor panfletario, a las órdenes de algún partido o alguna religión, y eso no tiene nada que ver conmigo. Soy un hombre muy libre y escribo muy libremente".

Todo el sedimento de una cultura ideológica no logra en definitiva sepultar una esperanza última de positividad en las posibilidades humanas: "Este es un mundo que te domestica para que desconfíes del prójimo, para que sea una amenaza y nunca una promesa". Galeano dixit, q.e.p.d.

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