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19 OCTUBRE 2018

El recuerdo de Marta

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Me subí en el avión. Me tocó entre la ventana y el pasillo. La señora de al lado jugaba con su ipad. No miraba por la ventana. En el cristal se reflejaba su juego de ipad. Se mezclaba con el atardecer. Anuncian el despegue. Un niño dice que tiene miedo detrás de mí. Su madre lo consuela. Entonces me acordé de ella.

Me acordé de su vida fresca. Me acordé de cómo me amó. De su mirada profunda, su alegría liviana, sus palabras acertadas y no meditadas. De sus pañuelos de infinitos colores, de sus piernas largas, de sus mil olores, de las tardes en su casa.

Me acordé de que conocerla me dio vida, y de que yo, en cambio, no le di nada.

Más que mis palabras huecas y vacías que trataban de conquistarla.

De atraparla.

Porque era tan dulce, la pequeña Marta.

El brillo de sus ojos.

Tan frágil.

Tan ella.

Y tan otra.

Un día se alejó de mí. Como lo había hecho antes de otros amantes. Yo ya sabía que me abandonaría.

Tomó sus maletas y, con su sonrisa enigmática y sus buenas formas, impecables, me borró de su vida. Un adiós sutil. Silencioso. Dulce, incluso. No pudo aflorar la tristeza siquiera. Marta era tan elegante.

Fue una mañana. Me desperté al oír un ruido. Me giré para ver su preciosa cara. Su cara de porcelana. Sus ojos de japonesa.

Sólo encontré su aroma.

Y la huella de su cabeza sobre la almohada. Blanca. Pura.

Y a mí, solo.

Tal vez habría podido conseguir que se hubiese quedado conmigo si no me hubiera comportado de un modo tan extraño con ella. O si me hubiera dedicado a algo más "atractivo" que a coleccionar relojes antiguos y venderlos. Tal vez habríamos sido felices juntos. Y habríamos tenido tres, cuatro, cinco hijos. Todos con su sonrisa. Con su ser.

La señora apaga el ipad. Se asoma a la ventana y descubre ese mundo paralelo constituido por todo aquello que está sobre las nubes. Es el mundo, el mismo, que yo conocí a través de Marta. El cielo está azul. Ya no se ven las casas. Hemos perdido la vista de las ciudades en miniatura. Ahora sólo quedamos el recuerdo de ese mundo y yo, y, sin quererlo, la espera de volver a encontrarlo al aterrizar en mi destino.

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Farfallina

De formación, periodista. En realidad, sólo vividora.
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- Personne n'est une île isolée. De toute évidence, les gens sont des animaux grégaires, chacun d'entre eux formant une relation spéciale avec quelqu'un à proximité dans certaines circonstances. replique montre Cependant, ce à quoi nous ne pensons pas, c'est que les individus individuels et individuels du groupe seront indépendants et formeront une relation spéciale.Dans "L'ouzbek", l'auteur mentionne des points de vue très intéressants qui sont contraires à certaines de nos connaissances. Par exemple, dans le groupe, l'intelligence, la conscience et la personnalité de l'individu seront affaiblies, la qualité inconsciente occupera le dessus, formant la conscience collective. Cette conscience collective est temporaire et a certains prémisses. Peu importe à quel point l'intelligence de l'individu est supérieure, il y a un niveau de médiocrité dans le groupe qui intègre chaque individu. Cartier Cela contredisait notre célèbre "Trois Stooges l'un sur l'autre". Il suffit de nous faire savoir pourquoi la «tyrannie de la majorité» est apparue dans la Grèce antique et pourquoi Socrate, qui a maintenu la vérité, sera exilé. - Por jingboo