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10 DICIEMBRE 2016
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Francisco y Abu Mazen, o cómo la fe construye la paz

Filippo Landi | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
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Hace un año el Papa Francisco iba a comenzar su viaje, breve pero lleno de encuentros, a Tierra Santa. A finales de aquel mes, la mañana del domingo 25 de mayo en Belén esperaban la llegada de su helicóptero, procedente de Amman. En tierra palestina sin pasar antes por Israel, como no sucedía desde la visita a Jerusalén de Pablo VI en 1964. Un pequeño signo, religioso sí pero con valor diplomático. Todos los que estaban en Belén recuerdan aquella jornada límpida, inundada de sol. El helicóptero llegó unos minutos antes de lo previsto, cerca de la Moqata, la residencia de Abu Mazen en Belén. El saludo que el Papa Francisco dirigió al presidente palestino ya contenía, si nos fijamos, el acuerdo global alcanzado en los últimos días. Conviene releer dos pasajes de aquel breve pero importante discurso del Papa.

El primero es el más político. “Señor presidente, usted es conocido como un hombre de paz y artífice de paz. El reciente encuentro en el Vaticano con usted y mi presencia hoy en Palestina atestiguan las buenas relaciones entre la Santa Sede y el Estado de Palestina, y espero que crezcan para el bien de todos”. El Papa Francisco abandonaba el término Autoridad Nacional Palestina, que nació al día siguiente de los Acuerdos de Oslo en 1993. En cambio, utiliza el término Estado de Palestina, consciente de que esa expresión, pronunciada en Belén, no pasaría desapercibida.

Por otro lado, la diplomacia vaticana acogió con satisfacción la entrada del Estado de Palestina en las Naciones Unidas, en noviembre de 2012, como “observador permanente”. Una posición jurídica igual que la de la Santa Sede en la ONU.

Luego hay otro pasaje del discurso de Bergoglio que merece recordarse hoy. Entra en el corazón de lo que necesitan las comunidades cristianas, es decir todo hombre y mujer animado por un sentido religioso, y su mirada va más allá de la tierra palestina. “En este sentido –le dice el Papa a Abu Mazen–, expreso mi aprecio por el compromiso de elaborar un acuerdo entre las partes, que contemple diversos aspectos de la vida de las comunidades católicas del país, con una atención especial a la libertad religiosa. En efecto, el respeto de este derecho humano fundamental es una de las condiciones irrenunciables de la paz”.

Si bien estas palabras tienen peso ya por sí mismo, sin duda lo tienen aún mayor por el lugar donde las pronunció, Belén. El anuncio de un acuerdo global entre la Santa Sede y el Estado de Palestina tiene, por tanto, un sello religioso pero también político, en el sentido más alto del término, que se refiere a la vida de una comunidad, que culmina en la canonización en Roma, el domingo 17 de mayo, de las dos primeras santas palestinas de la época moderna. En la ceremonia celebrada en la plaza de San Pedro también estuvo presente Abu Mazen, rindiendo homenaje a dos hijas de su tierra, sor Marie Alphonsine Danil Ghattas de Jerusalén y sor Mariam Bawardy (María de Jesús Crucificado) de Belén. Un reconocimiento que lo es también a la plena legitimidad de la comunidad cristiana dentro del pueblo palestino y en su convivencia con la comunidad musulmana.

Junto a la presencia de Abu Mazen en  San Pedro, también había allí un mensaje que llegaba desde la Santa Sede. La canonización de las dos santas palestinas y el acuerdo global eran el signo de una historia cristiana en Tierra Santa milenaria pero también actual, con actividades educativas y de caridad, dignas de respeto por parte de las autoridades políticas. Un signo de esperanza dentro de un Oriente Medio marcado en estos tiempos por la intolerancia hacia los cristianos. Al mismo tiempo, es una advertencia a todos los que en Occidente son incapaces de buscar el encuentro y el diálogo con todas las personas y políticos de buena voluntad. El acuerdo entre la Santa Sede y el Estado de Palestina afecta a la libertad de la Iglesia, a los lugares de culto, a los medios de comunicación, a las cuestiones fiscales y demás aspectos de la vida pública. Sin embargo, el portavoz del Ministerio israelí de Asuntos Exteriores se ha mostrado decepcionado porque, en su opinión, ese acuerdo “contribuye a volver a llevar a los palestinos a la mesa de negociaciones”.

Entre las consecuencias del anuncio de un acuerdo global entre la Santa Sede y el Estado palestino, hay obviamente muchas de ellas que indirectamente afectan a los gobernantes del Estado de Israel. La primera y más banal, aunque también es importante, es una invitación indirecta el Gobierno de Netanyahu a cerrar pronto y bien las negociaciones iniciadas en 1993, por un análogo acuerdo global entre la Santa Sede y el Estado de Israel. La segunda, políticamente aún más relevante, es un mensaje claro al nuevo gobierno de Netanyahu para que considere el Estado de Palestina como una realidad que hay que reconocer, no ignorar, como hasta ahora, que parece haber desaparecido del programa del nuevo gobierno que la Knesset, el Parlamento israelí, tiene sobre la mesa.

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