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11 DICIEMBRE 2016
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Benedicto XVI llega a Estados Unidos, un país que ama

Se quejaban del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en los años 80, los teólogos americanos que buscaban su atención. Pero los viajes del cardenal sirvieron sobre todo como ocasiones de diálogo entre la Santa Sede y los obispos americanos, y cimentaron varias amistades. En la visita de 1999 a San Francisco, por ejemplo, el prefecto fue hospedado por el entonces arzobispo William Levada, hoy sucesor de Ratzinger en la Doctrina de la Fe. Benedicto XVI aprovechó también entonces para visitar a un antiguo alumno suyo, el padre Joseph Fessio, que con el tiempo llegó a ser su editor americano en la Ignatius Press. El cardenal se informó sobre las ventas de sus libros en Estados Unidos, que arrasan desde entonces. "Antes de su elección como Papa -explica Fessio- habíamos publicado 23 libros del cardenal Ratzinger. Desde entonces ya ha salido otra quincena. En total, diría que en América hemos vendido cerca de un millón de copias de sus libros en estos años".

Como publicaba estos días el semanario Time en su portada, Estados Unidos es un país que Benedicto XVI "ama", y ha tenido múltiples ocasiones para verlo de cerca. La primera visita como cardenal se remonta a 1984, cuando recorrió Dallas y Minneapolis - St. Paul hablando de moral e investigación científica en un simposio con 240 obispos del hemisferio occidental. En 1988 desembarcó en Nueva York, donde fue invitado por el entonces pastor luterano Richard John Neuhaus. Desde entonces Neuhaus, un teólogo muy escuchado en la Casa Blanca, se ha convertido al catolicismo y ahora está entre los admiradores americanos de Benedicto XVI, cuyo pensamiento acaba de presentar en una conferencia en la Universidad de Columbia junto al nuncio de la Santa Sede en la ONU, el arzobispo Celestino Migliore.

Pero más que por las doctas disquisiciones sobre la Biblia que centraron sus conferencias, Nueva York se acuerda del futuro Papa por alguna protesta. St. Peter, la iglesia luterana donde habló en Lexington Avenue, a la sombra del gigantesco rascacielos de Citigroup, fue asediada por activistas gays irritados por una declaración de la Congregación de Ratzinger, que había definido la homosexualidad como una tendencia hacia "un mal moral". El arzobispo O'Connor encontró el modo de bromear sobre ello: "Señores y señoras, les presento al Gran Inquisidor...", dijo al presentar al prefecto en un acto público. En 1990, Ratzinger visitó Philadelphia y Washington, y habló, entre otros, en el Instituto Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia, atacando la "cultura de la muerte". Temas que retomó un año después en una visita a Dallas.

En San Francisco, en 1999, por fin el futuro Papa dictó una conferencia sobre la encíclica Fides et Ratio de Juan Pablo II, afirmando que al afrontar el tema de fe y razón el Papa Wojtyla desafía a la humanidad para que descubra la verdad en una atmósfera dominada por el escepticismo y el relativismo. "Volvamos a usar la razón -dice Ratzinger- en la aventura de la búsqueda de la verdad. El hombre no vive atrapado en una sala de espejos e interpretaciones. El hombre debe preguntarse quién es verdaderamente y qué está llamado a hacer. Debe preguntarse si hay un Dios, quién es Dios y qué es el mundo". Palabras que quizá encuentren eco en las que Benedicto XVI dirá en los próximos días a los americanos.

 

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