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22 JUNIO 2017
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"Los barones no demandan tanto cambios de personas como un cambio de actitud en el partido"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  27 votos
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¿A la vista de los resultados se puede decir que el PP había confiado demasiado en la recuperación económica?

Rajoy lleva más de cuatro años confiando su futuro a la recuperación económica. Lo hizo ya en la campaña de las elecciones generales de 2011, cuando centró todo su discurso en la crisis y en las reformas que había que hacer. Después tuvo que hacer recortes pero empeñó toda la confianza que los españoles habían depositado en él en dar la vuelta a la economía. Y lo ha logrado. El problema es que mientras tanto han surgido otros problemas, algunos de ellos muy graves, que han salpicado al PP y él ha mirado para otro lado o ha hecho oídos sordos porque lo importante y lo prioritario, como recalca en todos sus discursos, es la economía. La España actual nada tiene que ver con la de 2011 en lo económico pero la España política y social también ha cambiado sustancialmente. Rajoy piensa que las preocupaciones de los ciudadanos siguen siendo las de hace cuatro años y no es cierto. Han cambiado sustancialmente. Por eso la economía no le da los votos que él esperaba. Por eso y porque los ciudadanos perciben un presidente distante y escondido durante tres años del que ahora desconfían por motivos muy diversos.

Ciudadanos sube, pero menos de lo que habían pronosticado algunas encuestas. No sube tanto como baja el PP. ¿Por qué?

Ciudadanos tiene diez años de historia pero su proyección nacional apenas tiene tres meses. Su notoriedad actual se debe casi en exclusiva a la trascendencia que le han dado los medios de comunicación desde el mes de febrero, cuando se convocaron las elecciones andaluzas. El globo se ha inflado tan rápido que los periodistas seguramente hemos exagerado sus posibilidades reales y por eso en las encuestas aparecía sobrevalorado. Aun así, su resultado el 24M ha sido extraordinario puesto que es determinante en varias comunidades autónomas y en muchas capitales de provincia. Ha obtenido la catapulta necesaria para afrontar las generales y ha conseguido que cale en la gente el discurso de la renovación generacional. Albert Rivera tiene mucho potencial a la hora de enfrentarse a Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, por lo que es posible que en las generales veamos su verdadera magnitud. Para que eso no ocurra, al PP le interesa polarizar la campaña al máximo con el fin de promover el voto útil. Eso sí, debe hacerlo con cuidado y en su justo término para que no le suceda lo mismo que a Esperanza Aguirre en el Ayuntamiento de Madrid.

¿A qué se debe la debacle de Esperanza Aguirre?

Aguirre ha cometido muchísimos errores en su campaña electoral, fruto de su nerviosismo y de su soledad interna en el PP. Ha pasado de ser la alternativa a Rajoy a la voz discordante que cuestiona al presidente del Gobierno, a su compañera de cartel Cristina Cifuentes y a Ana Botella. El comportamiento desleal de Aguirre en el último año y medio ha enfadado a mucha gente que antes la apoyaba o simpatizaba con ella, como la propia familia Aznar. Esa actitud soberbia la ha dejado sola antes de la campaña y la ha empujado a equivocarse durante la campaña. En vez de proponer estaba a la defensiva porque se siente atacada permanentemente y ve enemigos por todas partes. No se ha molestado en elaborar un problema electoral porque pensaba que bastaba con la campaña del miedo, pero al final ella ha despertado más miedo en la izquierda que Podemos en la derecha, que llevaba más de 20 años gobernando la capital y seguramente ha confiado en que así seguiría siendo.

¿Corregirá algo Mariano Rajoy de aquí a las generales?

Rajoy es muy poco amigo de los cambios, como él mismo ha reconocido públicamente en varias ocasiones y recientemente comentó en una entrevista radiofónica. Le cuesta tomar decisiones y, cuando esas decisiones afectan a terceras personas, se le hace mucho más cuesta arriba. Sin embargo, Rajoy sabe que lo que está en juego ahora es su propio futuro personal y cuando eso ocurre el presidente del PP no suele tener miramientos con nadie. Basta recordar lo que pasó en 2008 antes del famoso Congreso Nacional de Valencia y cómo prescindió, por ejemplo, de los leales Ángel Acebes y Eduardo Zaplana. Es muy probable que haga algún movimiento para tratar de corregir su imagen pero lo que realmente necesita es cambiar su forma de actuar en público. Tiene que aparecer más y tener más discurso político. Sus barones y compañeros de dirección no demandan tanto cambios de personas como un cambio de actitud en el partido, empezando por él mismo. Quieren que dé la cara, que no se esconda, que se meta en batallas dialécticas, que tome la iniciativa y sobre todo que pelee el discurso a los adversarios. Si hiciera eso, recuperaría todo el apoyo interno y muchos de los votos que ha perdido. Sin embargo, esto es seguramente más difícil que los cambios de personas porque Rajoy no es así. Su carácter y su forma de ser son otros. Siempre ha sido otro: el Rajoy que todos conocemos.

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