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7 DICIEMBRE 2016
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¿Hacia dónde van los USA de Obama?

Damian Bacich (California)

Basta recordar que incluso durante los días más oscuros tras los atentados a las Torres Gemelas, se instó a los estadounidenses no tanto a sacrificarse materialmente como a seguir viviendo sus vidas normales a fin de enviar un mensaje decidido a quienes nos atacaban. Y, sin embargo, muchos se ofrecieron libremente para servir en las fuerzas armadas en tierras lejanas para proteger a su país, su hogar y sus seres queridos. Con el tiempo, sin embargo, creció (con razón o sin ella) la percepción pública de que los dirigentes del país se estaban aprovechando de las dramáticas circunstancias para avanzar sobre objetivos ideológicos y partidistas, lo que causó la pérdida de gran parte del apoyo que habían adquirido durante las primeras fases de la guerra. Ahora los EE.UU. se encuentran en medio de una nueva crisis, con una nueva administración a la cabeza, y los ciudadanos están esperando para ver el rumbo que tomará, incluso con un renovado sentido de esperanza y propósito.

Tras su discurso inaugural, el presidente neófito ha tenido tiempo para echar las primeras pinceladas sobre el lienzo en blanco de su presidencia. Veamos qué líneas empiezan a dibujarse.

En los asuntos de política exterior y seguridad nacional, una serie de acciones apuntan señales de un cambio de rumbo -al menos en términos de imagen- lejos de la línea establecida por la administración Bush. Al pedir una suspensión de los actuales juicios militares para sospechosos de terrorismo y el cierre del centro de detención de la Bahía de Guantánamo, Obama ha puesto de manifiesto su intención de deshacerse de algunas de de las tácticas más controvertidas de la administración anterior en la guerra contra el terrorismo, aunque los últimos informes de prensa afirman que la CIA ha obtenido el permiso de seguir repatriando algunos de los sospechosos de actos de terrorismo a sus países de origen, donde pueden ser torturados. Su entrevista en el canal de noticias Al Arabiya y su elaboración de una respuesta a una carta del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad han mostrado una disposición por parte de Obama para cambiar los términos del diálogo con el mundo árabe y musulmán, y para asumir un tono más conciliador respecto a la retórica belicosa asociada a la presidencia de George W. Bush.

En cuanto a cuestiones sociales, el nuevo presidente se ha movido con rapidez para cambiar la orientación oficial de EE.UU. con la derogación de la política de la Ciudad de México, que prohíbe la financiación federal de las organizaciones que ofrecen abortos o los servicios relacionados con el aborto en los países en desarrollo. Pero a ambos lados del debate sobre el aborto están esperando a ver si Obama mantendrá su promesa de campaña de promover la Ley de Libertad de Elección (FOCA), un proyecto que prohíbe todas las restricciones sobre abortos, incluyendo el cierre de las exenciones para los proveedores de atención sanitaria como hospitales y clínicas católicas. Algunos analistas predicen que Obama no quiere correr el riesgo de una dura batalla de polarización ideológica en un momento en que está tratando de ganarse una reputación como un presidente dispuesto a escuchar a todos los ciudadanos, pero aún es temprano para juzgar sus intenciones.

Independientemente de las divisiones ideológicas, el tema que mueve a todos es, por supuesto, la economía. Que Obama está decidido a actuar rápidamente en respuesta a la crisis quedó constatado por la aprobación en la Cámara de Representantes de un conjunto de medidas de estímulo económico de 819.000 millones de dólares. Y aunque se trataba de una victoria legislativa para el presidente y sus aliados demócratas en el Congreso, los medios de comunicación revelaron que todos y cada uno de los republicanos presentes votaron en contra de la ley, congelando las esperanzas de la política "post-partidista" prometida por el candidato Obama.

Con sólidas mayorías demócratas en ambas cámaras del Congreso, el presidente cuenta con los votos para aprobar cualquier proyecto de ley que quiera proponer, pero si lo hace sin apoyo bipartidista corre el riesgo de que el público perciba que él está más preocupado por ir adquiriendo poder para su propio partido que por servir el bien común.

Al votar a favor del joven senador de Illinois, los estadounidenses de todas las edades y orígenes han manifestado su voluntad de arriesgar a fin de sacar un futuro sólido del caos de la actualidad. Sin embargo, la sensación de riesgo se mantiene: los comentaristas que se vieron confortados por el lenguaje un tanto sobrio del discurso inaugural todavía encuentran motivos para sospechar de su promesa de "rehacer Estados Unidos". Y una reciente encuesta de Gallup muestra que una amplia mayoría de los estadounidenses aprueba las decisiones iniciales de Obama, desde su nombramiento de enviados especiales para el Oriente Medio, Afganistán y Pakistán, a sus límites en relación con la tortura de los presos. Y sin embargo, el 65% desaprueba su decisión de revertir la política de la Ciudad de México. Por lo tanto, la pregunta sigue siendo si "rehacer Estados Unidos" significa un esfuerzo por mantener el apoyo del ala más progre de su partido o si el nuevo presidente va a utilizar la buena voluntad de la que actualmente goza para encontrar soluciones realistas a los problemas que afronta el norteamericano medio. El norteamericano medio, al parecer, está apostando por lo segundo.

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