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3 DICIEMBRE 2016
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Feminismo y continuidad: claves del nuevo Gobierno de Zapatero

Zapatero celebra, encantado, su primer Consejo de Ministros de su segundo mandato un 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República. En el discurso de investidura ya dejó claro que quería insistir en lo que denomina "políticas de igualdad". La creación de un Ministerio de Igualdad, al frente del que ha puesto a una persona con nula experiencia política -Bibiana Aído, una mujer de 31 años perfectamente desconocida- es un hecho simbólico de los que le gustan tanto al presidente. Las cuestiones de "género", que no la igualdad entre hombre y mujeres, con toda la carga que conllevan, van a ser una prioridad en el terreno social.

Simbólico es que una mujer a punto de ser madre, Carmen Chacón, esté al frente de Defensa. Siempre hay un intento de provocar. Está claro que si en los primeros cuatro años Zapatero hizo del matrimonio entre homosexuales su bandera revolucionaria, el emblema para revindicar nuevos derechos civiles, ahora recurre a la política "feminista" con el fin de poder enarbolar una nueva enseña. La violencia machista, que se incrementó a pesar de las políticas de Zapatero en la primera legislatura, es un síntoma evidente de que las mujeres son las víctimas más débiles de una sociedad cada vez más agresiva. Pero eso no justifica todo un ministerio que estará vacío de competencias. El feminismo del que alardea Zapatero, como bien ha explicado Jesús Trillo en su libro La revolución silenciosa, prolonga el conflicto de clases y lo aplica a las relaciones entre el hombre y la mujer. Feminismo identificado con el género, expresión de que "no es la verdad la que nos hace libres, sino la libertad verdaderos".

Más allá de esta fuerte apuesta ideológica, el núcleo duro del Ejecutivo permanece inalterado. Las esperanzas de un cambio empiezan a disolverse. La victoria en las elecciones no supone la convalidación de las clamorosas equivocaciones de gestión de la primera legislatura. Y algunos de esos errores tienen el nombre de algunos de los ministros que repiten. La politización creciente de la Justicia tiene el nombre de Mariano Fernández Bermejo. La mala gestión de las infraestructuras tiene el nombre de Magdalena Álvarez. La pérdida de peso de España en el mundo tiene el nombre de Miguel Ángel Moratinos. Zapatero acertaría en la segunda legislatura si corrigiese, el nuevo Gobierno corrige poco. Si acaso la novedad es la creación de una nueva área económica, liderada por Miguel Sebastián, que se convierte en ministro de Industria. Sebastián, en el tiempo en el que estuvo al frente de la Oficina Económica de la Presidencia de Gobierno, protagonizó un poco edificante intervencionismo en el mundo empresarial español. Auspició operaciones que, sobre todo, pretendían someter grandes empresas españolas a los dictados de una política partidista.

 

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