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11 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Cecilia Ricci, autora de Legere Babele

'El relato responde a la postmodernidad'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  28 votos
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Ricci es una filósofa que se adentra en el terreno de la literatura. Acaba de publicar en Italia Leggere Babele. George Steiner e la «vera presenza» del senso (2015), un libro en el que explora la experiencia de la lectura, la riqueza de la lengua, la conexión entre el arte y la búsqueda del sentido.

¿Qué hace de Steiner un crítico diferente? ¿Por qué ha sido objeto de su estudio?

George Steiner es uno de los últimos “corazones inteligentes”, como diría Alain Finkielkraut. En todas sus obras interroga a los gigantes de la literatura mediante una profunda inmersión en la investigación filosófica, y así permite que emerjan, mejor que ningún otro autor, las grandes preguntas sobre el sentido de la existencia propias de todo hombre. Amor ilimitado por la literatura, profundidad en la investigación filosófica y honestidad humana e intelectual: difícilmente, me atrevería a decir que casi nunca, se encuentran estas tres cosas juntas en una misma persona. Por esta “totalidad” inédita, se le considera de forma unánime entre los más grandes intelectuales europeos. Pero esta universalidad suya ha sido también un límite. De hecho, si bien se lee Steiner, no se le estudia tanto entre los muros académicos. Los literatos “puros” quedan fascinados pero no suelen captar las profundas implicaciones de su pensamiento; los filósofos “puros” le desairan al considerarle “culpable” de ser crítico literario (y no filósofo) y por tanto carente de rigor teorético. En realidad, todos ellos querrían ser George Steiner…

Su libro se titula “Leer Babele”. Steiner en Errata hace una interpretación positiva del relato de Babel: la multiplicidad de lenguas es una riqueza. ¿Qué tipo de aproximación al hecho literario permite esta experiencia positiva?

Cada lengua da voz al modo de “sentir” de una civilización, expresando la identidad de un pueblo. En el acto de traducir se hace una experiencia directa del núcleo “privado” del lenguaje, es decir, de esa porción de sentido que no puede ser traducida y transportada de una lengua a otra. Eso significa que nunca será posible una decodificación exacta del mensaje textual, porque cada lengua decide iluminar porciones de sentido distintas. Pero Babel es positivo no solo porque todo sistema lingüístico refleja el alma de un pueblo, pero también porque toda lengua está dotada de una gramática del tiempo futuro y del condicional que desafía a la realidad presente hostil y llena de defectos. El futuro y el condicional alimentan la esperanza y replantean la realidad con nuevas posibilidades de vida. En este sentido, la lengua es el arma para combatir la finitud humana, proyectándose más allá de la muerte.

¿Qué quiere decir que en cualquier obra de arte hay una “presencia”? ¿A qué se refiere Steiner cuando habla de “verdaderas presencias”?  

Frente a los grandes clásicos, o bien ante las grandes obras literarias, artísticas y musicales, cada uno de nosotros vive una experiencia única. Steiner dice que «el texto, la estructura musical, el cuadro (…) satisfacen necesidades que no conocíamos. Esperábamos algo y no sabíamos que existía, que nos podía completar”. Se trata de eso que Steiner define como “el impacto de la correspondencia”, ese encuentro con alguien o algo que colma nuestra espera inconsciente. Para explicar la carnalidad y la sobreabundancia del encuentro con la “verdadera presencia” que habita en las grandes obras, el genio de Steiner, hebreo y agnóstico, recurre a la categoría cristiana de la Anunciación: después de la “experiencia de la ‘visitación’, ya no es posible habitar en esa casa como antes. Una poderosa intrusión ha desviado el foco de luz”.

¿La postmodernidad literaria recupera la búsqueda del sentido?

La postmodernidad literaria, en su versión deconstruccionista, representa el objetivo constante de Steiner. En el arco de pocos años, la teoría literaria ha pasado de la cosificación formalista del lenguaje (estructuralismo) –que en nombre de la ciencia estudiaba el texto a partir de un ambiente aséptico– a los juegos irresponsables del deconstruccionismo de Derrida, que sustituyó el “significado” por el “principio de insignificancia”, proclamando la evaporación total del sentido. Lo de Derrida y Barthes es una auténtica y pura poética de la ausencia, una celebración del sin sentido. Es la otra cara de Babel, la que emerge de la crítica al post-estructuralismo: Babel como conjunto caótico de fragmentos textuales vacíos e insignificantes. Pero el deconstruccionismo es para Steiner un desafío al que no podemos sustraernos, porque representa el rostro amargo y auténtico del postmoderno. El genio de Steiner comprende que sería un error intentar responder al postmodernismo articulando otra teoría. En cambio, es necesario ofrecer una narración de la experiencia del sentido: la fenomenología estética del encuentro con la “verdadera presencia” es un intento de respuesta.

Steiner habla de “la nostalgia de absoluto”, ¿es eso lo que distingue a un clásico literario de una obra que no lo es?

Exacto, para Steiner todos los grandes clásicos están marcados por la “sed” de Dios. Todo el itinerario especulativo y existencial de Steiner está orientado a mostrar que el gran arte nace del “problema de Dios”, de su existencia o no. En esa tensión hacia aclarar este punto reside la nostalgia de absoluto. Las grandes obras de la tradición humanística tenían una auctoritas y ejercían una fascinación educativa inmortal, porque muestran, mediante una densa red de reclamos simbólicos y mitológicos, la presencia de un significado ulterior que ponga orden en el caos de los acontecimientos aparentemente insensatos de la experiencia humana.

Como muestra Steiner perfectamente en “La muerte de la tragedia”, el género trágico ahondaba en las raíces de una “mitología” religiosa hecha de valores cristianos y antiguos que representaban la perspectiva común desde la cual leer la obra. El optimismo racionalista del siglo XVIII, poniendo en discusión el polo teológico, abrió la crisis del género trágico. Con Descartes, Newton y Voltaire, “las estrellas se hicieron inalcanzables”, y se interrumpió la continuidad entre orden terreno y divino.

¿Cuál es el secreto de la “gramática de la creación”? ¿Cuáles son las reglas que la rigen?

Toda gramática es creativa porque, al modelar los textos de referencia de una civilización, contribuye a hacerse portavoz de la conciencia colectiva del pueblo. Todo sistema lingüístico es creativo porque, mediante sus frutos (las obras), genera una serie de mundos posibles e interpretaciones sobre la realidad y sobre el tiempo. Por eso Steiner está totalmente de acuerdo con las palabras de Roman Jacobson: “Para conocer la gramática de la poesía es necesario conocer la poesía de la gramática”.

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