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2 DICIEMBRE 2016
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Ébola. Razones para el optimismo

Nicolás Jouve | 0 comentarios valoración: 3  9 votos
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El brote de la enfermedad del virus Ébola (EVE), surgido el año pasado en países del África occidental, tiene a las organizaciones médicas internacionales en estado de alerta y ha producido una gran inquietud en todo el mundo, incluidas las personas que viven lejos del epicentro de la enfermedad. El caso es que esta patología causada por un virus de la familia Filoviridae es aterradora y el agente que lo causa está considerado como uno de los virus infecciosos más agresivos que se conocen, capaz de causar la muerte a más de la mitad de los seres humanos y primates infectados a los pocos días de la infección. Su conocimiento data de 1976, cuando se produjo un brote en la República Democrática del Congo que causó la muerte de 300 personas en poco tiempo. Con posterioridad han llegado a contabilizarse hasta 19 brotes en países del centro y oeste de África, el último hace aproximadamente un año. El virus vive normalmente en anfitriones no humanos, como los murciélagos, y la ciencia ha demostrado que este agente, al igual que ocurriera con el virus VIH causante del SIDA, ha llegado a los seres humanos por una zoonosis, es decir, desde un animal infectado, a través de contacto o tal vez una ingesta.

En relación con los problemas derivados de este terrible mal, la ciencia ha orientado sus investigaciones para tratar de desvelar las características del genoma del virus y conocer mejor su capacidad de mutación y ciclo biológico, al tiempo que se están desarrollando terapias adecuadas y vacunas para combatirlo.

El primer reto es el que plantea la posibilidad de que la enfermedad se traslade de África a otras regiones del mundo. Sin duda, es mucho más fácil controlar las infecciones del Ébola en aldeas aisladas y pequeños núcleos de población del oeste de África que en una mega-ciudad de cientos de miles o millones de habitantes como Nairobi, Kinshasa, Karachi, Ciudad de México, Madrid o Nueva York.

La segunda cuestión que está en los foros de discusión sobre el Ébola se refiere a algo que los virólogos no desean se discuta abiertamente para evitar una alarma social, pero que sí consideran en privado y que está siendo objeto de atención. El virus del Ébola se transmite entre los seres humanos a través de los fluidos corporales, lo que facilita hasta cierto punto su control si se evita el contacto con las personas infectadas. La duda es si podría mutar hacia formas que se propagaran por el medio aéreo. ¿Cómo se podría controlar su propagación si por cualquier circunstancia, mediante una mutación genética, se desarrollara la capacidad de transmisión por el aire? De ocurrir ciertas mutaciones que facilitaran la propagación del virus por el aire, las infecciones podrían llegar rápidamente a cada parte del globo, como ocurrió con el virus de la gripe H1N1 tras el brote acontecido en México en 2009. ¿Podría suceder algo parecido con el virus del Ébola?

Para resolver estas preguntas se deben tener en cuenta algunos factores. En primer lugar, si la capacidad de evolución depende directamente de la diversidad creada por mutación interesa conocer bien la capacidad de mutación del genoma de este virus. En general, es de esperar que la tasa de evolución por mutación del genoma del virus del Ébola sea alta y que dada la rapidez de reproducción se estén produciendo continuamente mutaciones genéticas.

El genoma del Ébola tiene como material genético ARN, una variante más inestable de molécula informativa de los genes que conocemos como ADN. De este modo, cuando se replica un genoma de ARN se producen más errores que cuando lo hace un genoma de ADN. Esto determina una probabilidad de mutación particularmente alta del genoma del Ébola en comparación con virus con genomas de ADN como los de la viruela o la varicela, aunque no tan alta como las de otros virus con genoma de ARN, como los responsables del SIDA o la gripe.

El hecho de que la tasa de evolución sea elevada determina que una persona infectada pueda tener una variante genómica del Ébola diferente a otra persona y que cada nueva infección represente nuevas oportunidades de modificación genética por mutación. Hasta aquí la teoría, pero no toda la teoría, ya que la capacidad de mutación no es lo más importante. Lo realmente importante es la contribución de las posibles mutaciones a las propiedades biológicas del virus. Hay que recordar que la diversidad genética es la fuente de la que se nutre la evolución por selección natural. Aquellas formas de vida que por incorporar mutaciones encuentren las mejores condiciones de adaptación y reproducción en sus hábitats serán seleccionadas y dejarán más descendientes a lo largo de las generaciones. Estos son los fundamentos de la evolución que han operado a lo largo de los más de 3.600 millones de años desde la aparición de la vida y que han enriquecido el inmenso abanico de seres existentes en todos los nichos ecológicos del planeta en el que habitamos. Aquí se podría objetar si un virus es o no un ser vivo, pero eso es una cuestión que dejamos para otro lugar. A los efectos que nos afectan en lo que aquí tratamos los consideraremos como entes vivos, por tener las dos propiedades más importantes de la vida: capacidad de reproducción y mutación.

En lo que nos interesa señalar, el hecho de que un determinado virus se esté propagando no significa que tarde o temprano vaya a mutar hacia una forma que cambie su modo de propagación. Si nos fijamos en la evolución de otros virus, sabemos que algunos rasgos son mucho más probables de desarrollar en unas cepas que en otras y además, los virus desarrollan a veces rasgos que los hacen más o menos virulentos. Sabemos que muchos virus cambian rápidamente en respuesta a fármacos, como está ocurriendo con el VIH causante del SIDA que puede desarrollar rápidamente resistencia a las drogas antirretrovirales. Ahí está también el caso de los virus que pueden adaptarse a nuevos huéspedes, como el propio virus VIH, procedente de chimpancés, o el Ébola y el SARS Co-V, originariamente de murciélagos, que han conseguido adaptarse al medio humano.

Hay que tener en cuenta que la eficacia biológica, que es un parámetro que sirve para estimar la capacidad de adaptación de un individuo portador de una variante genética, se basa en su capacidad reproductiva, y aquí nos encontramos con un primer punto de optimismo en relación con la evolución del virus Ébola. Si bien podría pensarse que una mutación genética conducente a una propagación por el aire podría favorecer la diseminación del virus, hay que tener en cuenta que las mutaciones no son finalistas, sino que se producen por azar y luego se fijan o no en función de su eficacia biológica. Los cambios genómicos que afectasen al sistema de propagación en el virus Ébola serían demasiado importantes y deberían afectar a muchos elementos del genoma, por lo que son altamente improbables. Pasar de un modo de transmisión por medio de la sangre o el sudor a una transmisión por el aire es muy raro e improbable en el caso del virus del Ébola, ya que las partículas del virus tendrían que desarrollarse para sobrevivir fuera del cuerpo y para llegar a ser resistentes a la sequedad, cosa muy improbable en unos virus que necesitan un medio fluido para su mantenimiento. Además, la propagación de los virus a través del aire afectaría típicamente a los pulmones, mientras que el Ébola sabemos que encuentra su hábitat natural en órganos internos como el hígado.

Como ejemplo podemos señalar que esto no se ha producido en el caso de su pariente cercano el virus del SIDA. El VIH ha estado infectando a seres humanos por más de 100 años, alcanzando niveles epidémicos en los últimos 30, pero en ningún caso ha cambiado su modo de transmisión, que al igual que el Ébola es solamente por los fluidos corporales. No hay evidencia alguna de un cambio en el modo de transmisión en los virus que causan enfermedades humanas serias. De hecho, la familia Filoviridae a la que pertenece el Ébola se supone compuesta por numerosos tipos de virus a los que se asigna una antigüedad de unos 10.000 años y todos son transmitidos por los fluidos corporales. Aunque no es totalmente imposible que una serie inusual de mutaciones, filtrada por la selección natural y/o la deriva genética, pudiese dar lugar a un virus Ébola capaz de transmitirse por el aire, con la evidencia disponible podemos afirmar que es extremadamente inverosímil.

Tampoco son de temer mutaciones hacia formas del virus más agresivas, sino en todo caso hacia menos graves, simplemente porque las mutaciones más favorables para la supervivencia y capacidad de reproducción del virus, las que permitiría la selección natural, serían a más largo plazo las que no mataran al huésped en que se desarrollan.

Por otra parte, otros recientes trabajos de expertos en el virus Ébola señalan que darle importancia al ritmo de mutación del genoma de este virus está fuera de lugar. Según demuestran recientes investigaciones publicadas en Science (noviembre de 2014) y Nature (junio de 2015), el análisis de cientos de muestras del genoma del virus Ébola que circula en los países del oeste de África y que infecta a miles de personas en la actualidad, demuestra que el virus está experimentando relativamente pocas mutaciones, ninguna de las cuales sugieren que se esté haciendo más severo o transmisible.

Por otra parte, todos estos estudios en muestras del genoma del virus permiten realizar estudios de trazabilidad o seguimiento de la propagación con mayor precisión en lugares donde no existía. Es el caso por ejemplo de la identificación de la cadena de transmisiones que habían exportado el virus de Guinea a Sierra Leona, bien documentados en varios trabajos de genetistas computacionales que han hecho comparaciones de las mutaciones presentes en muestras de cientos de pacientes. Estos estudios han permitido conocer la identidad de los individuos transmisores, trazar la cadena de transmisión y descartar la existencia de animales en la cadena de propagación. Los datos de la Organización Médica Mundial señalan que la epidemia en curso, que ha matado a más de 10.000 personas desde su reaparición a mediados de 2013, está disminuyendo.

Finalmente, hay que dejar constancia de los grandes avances en la obtención de vacunas contra el virus Ébola. La revista Lancet publicó recientemente los resultados de los ensayos clínicos en fase I que se están desarrollando en seres humanos en China con la vacuna denominada Ad5-EBOV, que ha demostrado su eficacia en la respuesta inmunológica en voluntarios, sin que aparezcan efectos secundarios. Del mismo modo, la empresa farmacéutica británica GSK ha ensayado una vacuna que, tras dar resultados satisfactorios en voluntarios sanos y demostrar su seguridad, ha empezado a aplicarse a miles de personas en Liberia, aunque todavía en fase experimental.

Por todo lo anterior hay motivos para el optimismo. El virus del Ébola está evolucionando más lentamente de lo que se pensaba y es impensable que cambie su forma de transmisión. Gracias a los severos controles sanitarios bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud, la epidemia en curso, que ha matado a miles de personas, la mayoría en Liberia, Sierra Leona y Guinea, está disminuyendo. Los resultados, publicados en la revista Science el 26 de marzo pasado, permiten disipar las preocupaciones de que el patógeno podría ser más difícil de controlar de lo que está siendo. Mientras, continúa adelante una intensa actividad de investigación y desarrollo de nuevas terapias y vacunas contra el Ébola.

Nicolás Jouve es catedrático emérito de Genética y presidente de CiViCa

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