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3 DICIEMBRE 2016
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Independencia: ¿una película que se acaba?

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 3  22 votos
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“Entra tú primero, que a mí me da la risa”… Es esa situación de chiste la que provoca la observación de los avatares de Artur Mas hasta llegar a la lista única para las elecciones del 27 de septiembre con el objetivo de la declaración de independencia de Cataluña, con un plazo de 6 meses, que exige Junqueras, su socio de lista por Esquerra Republicana, para completar el proceso, al que llaman ahora desconexión con España. ¿Por qué se oculta Artur Mas en la lista en un tercer puesto?

¿No le suena a usted el nombre de Raül Moeva, el número uno de la lista por la independencia? No se preocupe usted, que en Cataluña a prácticamente nadie en la calle le suena tampoco. Fue militante de ICV (Iniciativa de Catalunya Verde, eco-comunistas) y no logró, como se propuso, ser escogido como eurodiputado. Ni en las elecciones de 1994 ni en las de 1999. Los números 2 y 3 son, respectivamente, Carmen Forcadell, que fue regidora del Ayuntamiento de Sabadell por Esquerra Republicana, y Muriel Casals, presidenta de Omnium Cultural (básicamente un thin-tank nacionalista, si se me permite el oxímoron), que fue militante del centralista partido comunista, PSUC, en los años de la Transición. La lista única tiene por objetivos, uno, dar imagen de independencia de los desacreditados partidos políticos; y dos, sumar esfuerzos en unas encuestas en las que, por ejemplo, Ciutadans de Albert Ribera sobrepasa en intención de voto al cenenario Esquerra Republicana de Cataluña de toda la vida. Los independentistas hacen mucho ruido con dinero público, pero son minoría.

Vivimos unos años en los que ser político profesional está peor visto que nunca (las encuestas de opinión señalan a los políticos como la primera preocupación de los españoles). Artur Mas y Oriol Junqueras han dedicado sus esfuerzos a la independencia de Cataluña y a la mutua erosión, y deben esconderse en una lista encabezada por actores secundarios de reparto. Existe el peligro real de que, al primero que asome en las elecciones la cabeza por el agujero del edificio para proclamar la independencia, la tenga que retirar sin dientes (entiéndase la metáfora política, por favor) para intentar dar paso al siguiente en la cola: “entra tú primero, que a mí me da la risa”…

La risa empieza ya a ser una amenaza real para Artur Mas, cada vez más ninguneado por Oriol Junqueras (su oposición por la izquierda), por la escisión de Unió Democrática (su oposición por la derecha) y el mundo real; su alejamiento de la realidad de la calle, cada vez más empobrecida y cansada buscando cada vez menos poesía y más empleo. Los podemistas no apoyan tampoco a la casta burguesa de Convergencia. Ni una Europa real en la que Artur Mas no ha logrado ser recibido por nadie de relieve político en Bruselas. La pertinaz realidad que da como perdedora en las encuestas a la opción independentista a estas alturas de la película. Una carísima película que está arruinando a los catalanes de a pie, pero que está llegando a su fin, muy posiblemente a un callejón sin salida con las elecciones plebiscitarias del 27 de septiembre. Las películas siempre se acaban.

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