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6 DICIEMBRE 2016
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Hacia un nuevo bienestar

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Reformar el Estado del Bienestar para garantizar a los ciudadanos educación, asistencia, servicios sanitarios eficientes y eficaces, pero ¿cómo? Introduciendo en las empresas y en la administración pública métodos e instrumentos de evaluación para medir los impactos y el grado de satisfacción de sus usuarios. El encuentro sobre el nuevo Estado de Bienestar celebrado en el Meeting de Rímini ha sido una confrontación abierta entre representantes del asociacionismo, de las empresas sociales, de las finanzas y de la administración pública.

La presidenta de la Compañía de las Obras Sociales, Monica Poletto, ha sido la encargada de moderar a los ponentes. “La persona con sus necesidades es la cuestión central –ha dicho Poletto–, el camino que hemos emprendido hoy es prometedor”

“En sectores como la educación, la sanidad o la cultura, los usuarios no pueden ver la calidad de los servicios antes de que se les presten. La eficacia de un curso de orientación laboral solo la puedo verificar al final, si encuentro trabajo. Hoy más que nunca la gente quiere evaluar la eficacia”, sostiene Giorgio Vittadini, presidente de la Fundación para la Subsidiariedad. “Como no se pueden juzgar a priori, existe una asimetría informativa que prejuzga la eficacia, y es peor aún cuando los servicios no se prestan”. Algunas regiones italianas, como la Lombardía, ya han introducido con óptimos resultados criterios de evaluación de los servicios que han elevado el nivel de calidad y el ahorro. “Los recortes en sanidad no se pueden aplicar de manera horizontal, igual para todos, sino que deben tener en cuenta varios criterios: satisfacción de los usuarios, eficiencia y eficacia que se traducen en ahorro, un elevado nivel de calidad de los servicios, respuesta a las necesidades de la gente”, señala la moderadora.

En esta línea se ha manifestado Donato Iacovone, director de Ernst&Young Italia: “Es fundamental, además de urgente, encontrar métodos que midan el impacto de las acciones destinadas a la colectividad, de forma que se puedan orientar las decisiones sobre en qué invertir para el bienestar de los ciudadanos. Esto vale para las empresas que deben realizar sus inversiones y medir los resultados obtenidos, y también para la administración pública, donde en un contexto como el actual los recursos son cada vez más escasos y las necesidades crecientes”. Iacovone ve en la filantropía una inversión para producir bienestar colectivo real. “La evaluación del impacto social es por tanto la brújula para entender cómo y dónde invertir, y permite una planificación optimizada, poniendo en juego de forma sinérgica a todos los actores”.

Como ejemplo, pone el nuevo modelo de evaluación desarrollado por su empresa, “una herramienta de evaluación aplicable antes y después a las organizaciones, públicas, profit y non profit, para medir su impacto sobre el bienestar de las comunidades. Se trata de un instrumento distinto, también en términos de finalidad, de formas de evaluación tradicional. De hecho, mide las necesidades y los impactos sociales en término de bienestar y competitividad de forma sistémica, concreta y fiable a partir de prioridades reales del territorio nacional, regional o comunal en cuestión”. Este modelo contempla la evaluación del impacto sobre las prioridades del bienestar con otra dimensión de análisis: la alineación con las prioridades estratégicas de la organización, una dimensión fundamental que sirve para identificar los intereses prioritarios sobre la base sobre la que construir relaciones”.

También en el mundo de la cooperación social hace falta un cambio de mentalidad. Giuseppe Guerini, responsable de Federsolidarietà di Confcooperative, considera fundamental un “espíritu nuevo y un anhelo de calor humano” en la atención a los enfermos y ancianos. “El mundo de las tecnologías y de la informática del siglo XX hasta hoy ha dado pasos de gigante, también en la asistencia a los pacientes psiquiátricos se ha mejorado notablemente, pero no con la misma evolución que con los smartphone”. ¿Por qué? Para Guerini ha mejorado la asistencia pero no el sistema de respuesta: “Nos contentamos con llenar un módulo, desarrollar un protocolo, pero no nos hacemos cargo de la persona. Mejorar los servicios socio-sanitarios de las empresas non profit se puede hacer afrontando una evaluación de calidad y de costes”. En su opinión, la empresa social debe adquirir una vocación empresarial, introducir el principio de subsidiariedad y razonar de forma crítica en lo que hace. Los sistemas de evaluación pueden mejorar la empresa y sus prestaciones a los ciudadanos.

El presidente de la Región de Lombardía, Roberto Maroni, ha comentado que “nos ocupamos del bienestar porque es útil, así lo piden los jóvenes que buscan trabajo, las personas con discapacidad, los ancianos. Las acciones desarrolladas por la Región tienen en cuenta criterios de valor, como la centralidad de la persona y sus necesidades, la libertad de elección del tipo de escuela, pública o privada, y también en el campo sanitario se puede decidir entre asistencia en un hospital o en otro. Para nosotros es determinante la evaluación de resultados como punto central de la acción administrativa”.

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