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8 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista al médico Giancarlo Cesana

¿El caso Eluana confirma que la vida es una enfermedad de transmisión sexual?

Luigi Amicone

Nos encontramos con un caso de eutanasia un poco bestial, sin ni siquiera una ley de testamento biológico, vamos un paso por delante de Zapatero, ¿qué te parece?

Soy cristiano, para mí la vida es sagrada, un don de Dios, un bien del que no puedo disponer como yo quiera. Después hay dos aspectos que me parecen fundamentales. Primero: el padre que ha querido poner fin a la vida de esta chica no se da cuenta de que no está solo. Porque las hermanas siempre han atendido a su hija y decían que estaban dispuestas a seguir haciéndolo. Por tanto, el padre, conscientemente o no, con su actitud ha negado la vida a su hija y la caridad a quienes la cuidaban. Y negar la caridad es negar la libertad. Ésta es la característica tremenda de esta sociedad, negar la libertad de amar. Porque yo podría entender a uno que tiene que tiene que atender a su hija del modo en que había que atender a Eluana. Puedo entenderlo, no justificarlo. Pero que uno niegue el bien que otro puede hacer me parece inhumano.

Segundo aspecto. Los defensores de la eutanasia son generalmente también los defensores de la duda, los llamados "laicos", mientras que los católicos, siempre según esta versión de laicidad, somos los que queremos imponer nuestra fe y nuestra certeza a los demás. Este caso pone de manifiesto precisamente lo contrario. De hecho, por una parte se niega cualquier posibilidad de duda y se afirma con fe firme lo que sería mejor para Eluana. Por otra parte, la duda y por tanto el sentido del límite frente al misterio. De hecho, los defensores de la eutanasia niegan cualquier posibilidad de duda sobre lo que la joven pudiera entender, sentir, sufrir. Y que habría podido entender, sentir y sufrir mientras la mataban al quitarle la sonda que la mantenía alimentada e hidratada. No se ha difundido mucho que para matarla tuvieron que sedarla. Lo que evidencia dudas sobre el tratamiento. Y sin embargo se siguió adelante.

Adelante hacia la muerte.

Si bajo el impulso de la "caridad" y de la piedad cristiana no hubieran nacido lugares de acogida para enfermos (también para esos enfermos que, como los leprosos y apestados que eran sencillamente expulsados de la comunidad y a los que se dejaba morir al margen de la sociedad), si no se hubieran fundado esos hospitales, la medicina no se habría desarrollado del modo que conocemos. Es un hecho que el desarrollo de la medicina nació de la caridad y de la piedad, de la solidaridad humana, y no de un modo científico. Y de una solidaridad que hacía ver el sufrimiento humano como participación en el sufrimiento de Cristo. Cristo que redime todo el sufrimiento humano con su resurrección (porque, como escribe San Pablo, si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe, humanamente no podríamos tener esperanza frente al sufrimiento; como ha dicho Benedicto XVI, el cristianismo sería "absurdo"), quitándole así a la muerte la última palabra. Es esta conciencia la que ha generado un desarrollo positivo de la atención a los enfermos. Si falta, no sé cómo se puede sostener la esperanza de los hombres. Shakespeare decía que la vida es una larga agonía. Más recientemente, he vuelto a oír la cita que define la vida como una enfermedad de transmisión sexual, mortal al cien por cien. ¿Es ésta nuestra concepción de la vida? ¿Es esto lo que se ha querido afirmar matando a Eluana Englaro? Y después de vivir en esta situación durante 17 años, ¿era posible no esperar que el Parlamento aprobase una ley? ¿Es posible que Eluana tenga que pasar a la historia como la única italiana que ha muerto así, de hambre y de sed, de un modo que ninguna ley prevé, ni siquiera la más extremista que se discuta sobre el testamento biológico o derecho a la eutanasia? ¿Es posible que ninguno de los ilustres constitucionalistas de los que han aconsejado al presidente de la República italiana que rechazara el decreto salvavidas de Berlusconi ponga en duda que lo que quizá sea inconstitucional no sea tanto el decreto sino la sentencia de muerte? Prevalece la ley sobre el amor, esto sí que es grave.

Máxima justicia, máxima injusticia. En Italia ya estamos acostumbrados a estas cosas, ¿no?

Hay que distinguir entre la relación ley-medicina y el llamado "justicialismo" que efectivamente nos invade en líneas generales desde hace ya una década. Sobre el primer aspecto de la cuestión, es verdad, las relaciones entre la medicina y la ley son cada vez más intensas. Por dos razones. La primera es que, desde el punto de vista de cómo evolucionan las costumbres de vida, la biomedicina es el factor más relevante. Pensemos en los efectos legislativos de las técnicas de fecundación asistida. Por ejemplo, hasta ayer estaba claro que "mater certa semper". Ahora lo que dice el dicho latino y la realidad subyacente, natural, normal, la que se daba por descontado hasta hace unos años, es algo que ya no está tan claro. Porque gracias a la biomedicina, hoy un niño puede tener no una sino varias madres. Puede tener la madre genética, la madre que le lleva en su vientre y la madre que le alimenta. Hemos entrado en otro mundo. Aquí viene la segunda razón que hace cada vez más estrecha la relación entre la medicina y el derecho: todo este desarrollo científico hace emerger una necesidad que se vislumbra. Porque no todo se puede hacer, existe la necesidad de regular la medicina, establecer límites sobre lo que está permitido, lo que es obligatorio y  lo que está prohibido. Para responder al segundo aspecto de la cuestión, el "judicialismo", el problema de la ley es que se administre bien y que el ejercicio del poder judicial no prevalezca sobre las personas y sobre otros poderes. De hecho, en Italia cuesta mucho conseguir este equilibrio. Me parece muy provocador, ya desde hace 20 años, el adjetivo que don Giussani, fundador de Comunión y Liberación, en una entrevista en el Corriere della Sera, usó para describir Italia: un país "intoxicado". De esta intoxicación todavía no hemos salido.

¿Por qué?

Porque en el 68 se atacó gravemente a la tradición del país, católica, porque Italia es un país católico, sin que surgiera ninguna alternativa. Al contrario. La alternativa revolucionaria que también en Italia se intentó construir a partir de la posguerra y en el 68 cayó con el Muro de Berlín. Y ha dejado en herencia un justicialismo tan difundido como impotente, que ha llevado la misma ineficacia a la administración pública. Me ha impresionado cómo ha hablado de nosotros el ex embajador americano Ronald Spogli, al abandonar Italia, como una "potencia en declive". Y parece que ninguno de los presentes haya reaccionado...

Giuliano Ferrara, director del periódico Il Foglio, se presentó en las pasadas elecciones con una lista pro-vida, tuviste divergencias estratégicas con él...

Ferrara es una de las personas que más estimo. Pero cuando se lanza en política y pierde, no me gusta. Nosotros hemos pasado por esto hace 30 años, con el divorcio primero y luego con el aborto. Y no es que fuéramos mejores o peores. Al contrario. Entonces (pienso en el referéndum sobre el divorcio) no era una lista. Eran la Democracia Cristiana, Amintore Fanfani, la Iglesia, las parroquias y todos esperábamos un triunfo con millones y  millones de votos. Luego vino el aborgo, algo gravísimo, y todos convencidos de que sobre la vida la gente votaría bien, con conciencia. Y nada, perdimos todas las batallas llamadas éticas. El referéndum sobre la ley 40 la ganamos por la abstención, no por la convicción popular. La verdad no se cuenta por votos, se afirma y basta.

¿Y entonces qué haces?, ¿te retiras del espacio público?

Nada de eso. Pero intento no andar a golpes contra un muro cuando lo veo delante.

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