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9 DICIEMBRE 2016
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"Independentistas y no independentistas tienen que encontrarse personalmente"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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En un editorial, de nuestro periódico www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=6741&te=147&idage=12696&vap=0, a raíz de las elecciones en Cataluña, se decía: “La situación tras estas elecciones es complicada para la convivencia […] en estas circunstancias no es imposible una forma de relación entre los catalanes que supere la polarización. Y esa es la tarea más urgente. Las diferentes opciones ideológicas nacen de un terreno poco explorado: el deseo de justicia, el deseo de realización personal, el deseo de un país más humano, el deseo de recuperar la tradición o de crear algo nuevo. Esos deseos se convierten en posiciones rígidas, incluso violentas, cuando se cristalizan y se convierten en sistemas cerrados. Eso es lo que hace considerar al que piensa de un modo diferente como un enemigo […] Solo se puede retomar la conversación si esta se sitúa en el mencionado nivel del deseo, no en la forma imaginada para que se cumpla”. ¿Desde dónde se puede construir una reconciliación? ¿Le parece que el modo de concebir el deseo del que hablaba nuestro editorial es un buen punto de partida?

Vivimos en una sociedad en la que todo es “flojo”, inconsistente. Lo son los adultos que educan, los que tienen responsabilidades, lo es la TV y la radio… También el deseo es flojo. Aparece como un destello y después se desvanece. Ciertamente la reconciliación solo es posible partiendo de un encuentro humano. Parte del hecho de que reconoces en el otro a alguien como tú. Con sus dudas, sus pretensiones, sus ilusiones y su deseos. Me parece que la fractura que hay en Catalunya es una fractura moderna. También de poca consistencia. En los años 80 estaríamos a bofetadas en la calle. En los 30 ya hubiera corrido la sangre. Ahora no sabemos qué pasará. Si un día se da cancha a la idea de la independencia aparece en muchos la ilusión de un estado nuevo en el que se puedan hacer cosas nuevas y se puedan hacer bien, como si se pudiera “construir” una “Tierra sin mal”. En otros tantos, la tristeza y la oposición a una separación que no entienden por qué se tiene que dar. A unos y a otros, mayoritariamente, les dura poco su posición emocional. El último resultado del Barça o la noticia de un nuevo escándalo de corrupción pueden arrastrarles a un nuevo estado emocional. Sea como fuere, lo que necesitamos urgentemente es tener delante hombres que sean serios con lo que viven. Cuando un hombre es serio con lo que vive, se ve empujado a reconocer lo que es razonable y lo que no, lo que es adecuado y justo para él y para los demás. Reconoce su deseo, lo comparte y lo parangona con otros. Un hombre así ayuda a todos.

El hispanista Stanley Payne en su libro “La guerra civil española” habla de “un incremento de las expectativas de carácter socio-psicológico” o de “un incremento de las expectativas populares” en los procesos revolucionarios en la Europa de principios del siglo pasado en los que todos sabemos que a posteriori se desencadenó una gran violencia. Obviamente teniendo en cuenta que las circunstancias en la Cataluña contemporánea son distintas pero ¿usted percibe que muchas personas han puesto sobre la independencia, más allá de que sea una postura errónea o acertada, unas perspectivas desmesuradas?

Ciertamente las perspectivas son desmesuradas. Ningún nuevo gobierno, ninguna nueva administración va a conseguir la solución a los problemas de la vida. Nadie puede crear un orden totalmente justo en el que equivocarse y hacer que el mal no sea posible. No va a desaparecer la corrupción, por ejemplo. Aun así, tanto entre los ilusos que creen en lo contrario a lo que he dicho como entre los que acarician con pasión la idea de una Catalunya independiente, me parecen que son pocos los que en estos momentos tienen alguna pulsión que les invite al sacrifico personal. ¿Queda alguien que dé la vida por sus ideas? Eso favorece un clima de calma pero es una calma producto de nuestro estar dormidos, no de un diálogo que invite a la construcción común.

¿Se podría potenciar el intercambio de estudiantes, profesionales de distintos sectores, investigadores… para poder ayudar a superar prejuicios mutuos?

Sin duda alguna. Este tipo de cosas es de gran ayuda para todos. Independentista, no independentistas, con razones o sin ellas. En el encuentro personal se reordenan, se matizan y se aman cosas que antes no considerábamos. Aunque no podemos dar por descontada la eficacia de este encuentro. Es paradójico que en la era de la globalización, en la que es posible comunicarse inmediatamente a con alguien que está en la otra punta del mundo, nos sean tan difíciles estas cosas. Tiene que ver con la “calidad” de nuestra comunicación. No en términos de perfección comunicadora. Me refiero a la implicación humana, personal, en aquello que comunicamos.

¿Pueden CiU y la CUP llegar a construir algo juntos sin llegar a autodestruirse mutuamente? Visto desde la distancia parece una unión contra natura.

Es muy difícil porque la CUP no se rige por ninguna lógica que no sea otra que la de la “revolución”. Para la CUP lo más importante es el cambio, la alteración del estado de las cosas. Para ellos la sociedad avanza hacia un cierto cumplimiento histórico en la medida en la que hay conflicto. Por eso hay que provocar que lo de abajo se ponga arriba y lo de arriba abajo. En mucha gente de la CUP el proceso independentista les es útil en cuanto introduce un cambio a “cómo son las cosas”, por su contenido de “revolución”. Junts Pel Sí quiere aprovechar esta inercia revolucionaria para conseguir sus objetivos y considera que en el nuevo estado ya no tendrá que seguir de la mano de la CUP. Parece que nadie piensa en lo difícil que sería un proceso constituyente realizado con el equilibrio de fuerzas actual.

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