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7 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Mikel Buesa

"Descarto que Ciudadanos forme un tripartito"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  32 votos
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Una de las realidades que ha resultado ser decisiva para poder afrontar la crisis es la familia. En muchas ocasiones, por ejemplo, han sido los abuelos los que han cuidado de los nietos o los que con sus casas y pensiones han colaborado al sostenimiento familiar. Otras realidades que nos han sostenido son las iniciativas de carácter caritativo. En estos ejemplos se ve cómo la gratuidad es un valor que permite construir un país. ¿Qué partido o partidos favorecen más las iniciativas que puedan surgir desde la sociedad civil? ¿Qué partido percibe más claramente que el Estado, siendo necesario, no lo es todo?

Me parece que, entre los partidos con mayores posibilidades electorales, hay poca reflexión sobre la familia y su papel en la sociedad. Es verdad que, en esta campaña, se han difundido algunas propuestas, más bien de contenido fiscal o económico, en especial por los partidos de centro o centro-derecha, pero con un carácter bastante limitado. Yo diría que necesitamos un compromiso mucho mayor con la idea de que la familia –o si se quiere, las familias, atendiendo a sus distintas formas– constituye un elemento esencial para la reproducción de la sociedad; y que, consecuentemente con ello, se requiere una política social comprometida con ese papel.

Ante un escenario, al menos según las encuestas, en el cual parece muy probable un gobierno en coalición, ¿qué partido o partidos pueden tener una mayor capacidad para poder construir un diálogo fructífero con otros?

El panorama de las encuestas señala que el PP será el partido ganador de las elecciones, el más votado, aunque con un retroceso imponente con respecto a los comicios anteriores. En todo caso, será el partido llamado a gobernar y tendrá que hacerlo con apoyos externos para poder convocar las mayorías necesarias en las tareas legislativas.

Pero la verdadera incógnita, en este momento previo a la elección, es si el PSOE va a ser sobrepasado o no por Ciudadanos. Ciudadanos, aunque los socialistas lo nieguen, es una opción de centro izquierda, bastante moderada en general, aunque con poca experiencia. No creo que esto último sea un inconveniente si se tienen ideas reformistas como es el caso.

Si Ciudadanos es finalmente el segundo partido, deberá liderar la oposición y, por tanto, será difícil que se embarque en un apoyo explícito al PP. Más bien cabe esperar que condicione la agenda legislativa obligando al PP a pactarla. Ello no impide que, en lo referente a la investidura, deje gobernar al PP absteniéndose en la votación correspondiente. Este mismo papel podría ejercerlo si es la tercera fuerza, detrás del PSOE, aunque con menos vigor y con menos compromiso. Y si tiene la llave de la gobernabilidad, descarto que Ciudadanos se embarque en un pacto a tres o a cuatro para desplazar al PP. Ello sería un error de gran magnitud debido a que el PSOE se ha auto-ubicado, en esta ocasión, muy a la izquierda, abandonando las posiciones de centro.

Afirmaba Nicolás Redondo Terreros en un artículo en El País: “Los intereses de los partidos se han confundido con la política”. Esta frase parece que expresa muy bien la necesidad de una regeneración democrática. ¿Estarán los partidos políticos dispuestos a autolimitarse en sus poderes y, por ejemplo, permitir una justa separación de poderes que otorgue una mayor independencia judicial?

Soy muy escéptico con respecto a las capacidades auto regenerativas de los partidos políticos. Mi idea es que son las instituciones las que modelan y condicionan el ejercicio del poder. Y por eso mismo creo que la tarea fundamental no está en al autolimitación de los partidos, sino en la reforma institucional. Si hay cambios en el sistema electoral, en la financiación pública de los partidos, en el estatus de los medios de comunicación públicos y en la separación de poderes, tendremos partidos más atentos hacia la sociedad que hacia sí mismos.

Es cierto que, para que cambien las instituciones, se requiere la iniciativa política. Me parece que el momento actual, precisamente por la fragmentación electoral que presenta, puede ser propicio para ello. Veo en la coyuntura presente una oportunidad para sanear nuestras instituciones políticas, aunque para ello se necesite mucha voluntad de consenso.

En otras ocasiones usted se ha mostrado crítico con el gobierno de Mariano Rajoy a la hora de afrontar el problema del secesionismo catalán. Últimamente se ha visto algún atisbo de unidad de los partidos constitucionalistas. ¿Cómo ve la evolución que están tomando los hechos?

Creo que, finalmente, Rajoy, al afrontar el hecho de la independencia, pues la declaración del Parlament fue un acto de independencia, acabó sacudiéndose la pachorra precedente para asumir el liderazgo político frente al independentismo. Lo hizo, además, con indudable éxito, de manera que los independentistas se han estancado, al menos de momento. Después de las elecciones, volveremos a ver cómo renacen las tensiones secesionistas, lo que obligará a tomar medidas disciplinarias, penales y políticas, con la debida proporcionalidad, para solventar el problema. Y pienso que, si es Rajoy quien preside el gobierno, puede hacerlo con solvencia.

¿Cuáles son, a su juicio, las cuestiones más urgentes que deberá afrontar el próximo gobierno que salga de las urnas el 20-D?

Me parece que lo relevante va a ser la agenda institucional. No digo que ello implique necesariamente cambios constitucionales, pues no veo de momento el consenso que se requiere para que puedan realizarse sin poner en riesgo el sistema político. Pero sí considero que hay que ir a una reforma del poder judicial, de la ley electoral, del Senado y del sistema de financiación autonómica. Además, para el caso de Cataluña, me parece que tenemos que ir a una regulación del procedimiento a través del cual un parlamento autonómico puede plantear la cuestión de la independencia a las Cortes Generales, inspirado en la política de la claridad canadiense.

No obstante, la agenda institucional no debe hacer que perdamos de vista el rigor en el manejo de los dineros públicos, siendo más estrictos en el cumplimiento del principio de estabilidad. Y a ello hay que añadir una agenda social que tenga sus prioridades en la mejora del sistema educativo, incluyendo la formación de adultos desempleados de larga duración, y en la atención a la familia.

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