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5 DICIEMBRE 2016
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Valkiria y la providencia

Víctor Alvarado

En líneas generales, se puede decir que Bryan Singer es un gran director, aunque los críticos coinciden en elogiar su ópera prima Sospechosos habituales (1994). El realizador americano cuenta la historia de un modo especial, capaz de atrapar a cualquier aficionado al cine por experimentado que sea. Aun conociendo cómo termina la historia, se llega a creer que el objetivo es posible. Sobre todo, por la maestría con la que está montada la película y por la gran banda sonora que la complementa.

Seguramente, algunos lectores se preguntarán qué se puede destacar de la cinta. Lo mejor es el planteamiento inicial, en el que un grupo de personas con buena posición social y de un buen nivel cultural, y detractores de las malas artes de la política nazi, debaten sobre la posibilidad de cometer un magnicidio. También resulta interesante el dilema moral que supuso, al grupo de cristianos católicos y luteranos practicantes, atentar contra la vida de cualquier ser humano. Esta parte de esta obra del celuloide  hubiese necesitado un mayor desarrollo. Probablemente, habrá sido recortada por Tom Cruise, coherente con su pertenencia a la secta de la Cienciología. Como dato curioso,    uno de los hijos  del coronel Stauffenberg pensaba que el actor no era la persona ideal para representar a su padre, un hombre de fuerte convicciones católicas, y por lo tanto opuestas a los valores propuestos por la Iglesia de la Cienciología. De todas formas, hay que reconocerle a este actor el interés por contar este episodio del siglo XX que, si se hubiese conseguido, hubiera salvado muchas vidas y hubiera cambiado el rumbo de la historia. Además, los buenos aficionados a los sucesos históricos le agradecemos que no haya eliminado ciertas escenas esenciales que nos permiten comprender los ideales de los personajes.

A lo largo del largometraje aparecen dos secuencias que resultan clave para comprender los pensamientos que rigen a los protagonistas. En la primera de las escenas descubrimos a un Tom Cruise con  el torso desnudo, mostrando una cadena de la que cuelga una alianza y un crucifijo. Por otra parte, la escena de la catedral desprovista de la cúpula por los bombardeos junto con la sencilla plegaria, mirando hacia el cielo, explica el profundo vínculo que une a ese grupo de valientes que se jugaron literalmente la vida. La narración deja entrever la lealtad de la secretaria del golpista y del teniente  Werner von Haeften que se contrapone a la ambigüedad del general Erich Fromm, excelentemente interpretada por Tom Wilkinson.

En contraposición con lo positivo, la prensa española ha sido muy dura con Valkiria porque perciben una gran carencia dramática y la consideran muy fría. No obstante, se divisa cierta humanidad del protagonista en el momento crucial de la película, donde el actor principal se preocupa por su familia con varias llamadas telefónicas en pleno golpe de Estado junto con algunas escenas iniciales en las que se plantean sin entrar demasiado en el vínculo entre el matrimonio protagonista.

Jordi Costa, en su crítica en la revista Fotogramas, dice lo siguiente: "Funciona como una exposición cristalina, despojada de emoción". Y en el correspondiente reportaje de dicha publicación no se explica expresamente la naturaleza del movimiento, aunque se menciona que era profundo en su planteamiento. Carlos Boyero en el diario El País dice: "El resultado no me provoca ni calor ni frío, lo consumo con la misma indiferencia que lo olvido. Como documento histórico no aporta nada, y como cine de acción es rutinario". Vemos que se niega la importancia del hecho histórico y el dilema moral que supuso para personas creyentes participar en la preparación del atentado. La pregunta planteada por Antonio Weinrichter  en el ABC resulta por lo menos interesante y debe ser tenida en cuenta para  hacernos reflexionar: "¿Eran buenos alemanes o sólo militares que querían salvar el orgullo y de paso el honor de su país?". Por otra parte, Fernando Alonso  Barahona en El Semanal  plantea lo siguiente: "Tal vez el director sacrifique los elementos reflexivos e históricos en aras de lograr un buen espectáculo". Este crítico destaca el concepto de componente reflexivo, aunque sin especificarlo, lo que es de agradecer y cualquier avezado espectador podrá, con esta aclaración, ponerse en alerta sobre esas comentadas cuestiones de fondo. El Confidencial.com y Butaca.net apuntan la necesidad de un mayor desarrollo de algunas tramas, pero nunca sabemos a qué se refieren.

Por último, dejamos lo mejor para el final, descubriendo en la crítica de Jerónimo J. Martín en diario económico La Gaceta algunas coincidencias con la crítica que proponemos: "Se echa en falta un análisis más nítido de las motivaciones profundas -también religiosas y familiares- de los conspiradores, que sólo se apuntan. En cualquier caso, el argumento tiene mucho interés histórico, dramático y ético. Además, está narrado con claridad y sentido de la intriga, y depara unas cuantas secuencias de gran intensidad emocional". La TAC (Teleespectadors Associats de Catalunya) resalta dos ideas antagónicas que nos parecen fundamentales para generar un debate: "Resuenan otros valores como el amor a la familia y cierto sentido de la trascendencia auténtica, que contrasta con el perverso uso que Hitler hace de la palabra Providencia.

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