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21 MARZO 2019
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>Entrevista a Pep Martorell (Demócrates de Catalunya)

'Querríamos un modelo como el escocés'

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  44 votos
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¿Por qué cree que Cataluña debe ser independiente?

La pregunta debería ser por qué cree que no. Mi visión, como la de mucha gente, es distinta. Para nosotros Cataluña es nuestro país y lo normal de los países es que tengan un Estado y que ese Estado sea independiente, entendiendo lo que significa independiente a día de hoy, porque cada vez los estados tienen menos competencias. Pero lo normal es que un país se articule con un estado. Sobre todo es una conciencia de que si llegamos a hacerlo nos va a dar muchísimas oportunidades para lo que realmente importa, que es mejorar la vida de la gente. Esto es muy genérico pero es lo que más mueve a la gente. El nacionalismo catalán hace 10, 15 ó 20 años era bastante minoritario porque se centraba en aspectos como la lengua, la cultura, la identidad, etc. El gran cambio que no sé si en el resto del Estado se ha comprendido es que el independentismo político ha saltado la barrera de la identidad y la mayoría de gente que deseamos la independencia política del país no la deseamos por nuestra lengua o nuestra cultura, sino porque hemos llegado al convencimiento de que las posibilidades para mejorar el bienestar de nuestra sociedad son mucho mayores que las que ofrece la política española.

La hoja de ruta planteada por el gobierno, ¿es la forma más adecuada de conseguir la independencia?

A mí me parece que no es la forma más adecuada y además creo que la mayoría está de acuerdo en que no es la forma más adecuada. Pero es la única que nos han dejado como posible. Yo creo que el 99% de los que creemos que la independencia es una buena solución querríamos un modelo como el escocés. Nos encantaría encontrarnos con un Estado español que dijera: “reconocemos vuestro derecho a decidir vuestro futuro, por tanto vamos a hacer un referéndum. Os pedimos que os quedéis, os pedimos que votéis no porque podemos organizarnos de otra manera”. Eso es lo que pasó en Escocia y es la mejor forma: que se expongan todos los elementos a favor y todos los elementos en contra y que los partidos políticos defiendan lo que quieran y expliquen los motivos de estar a favor o no de una y otra posición. Esto se ha pedido de muchas maneras, se ha intentado hacer de muchas maneras y nunca se ha conseguido una forma política para hacerlo. Vamos a votar y después según lo que salga iremos en una u otra dirección, pero vamos a votar de una vez. Una parte de la sociedad catalana se ha dado cuenta de que el poder o no poder hacer esto, para solucionar las cosas de alguna manera, no depende de quién mande en el gobierno del Estado, sino que es algo que nunca va a pasar porque ningún partido político español con capacidad para gobernar lo va a permitir.

Ante eso, y también ante la idea de que no nos vamos a parar –y no podemos parar porque estamos perdiendo muchísimas oportunidades– lo que se decide es una vía unilateral, que significa que en mínimo 18 meses vamos a empezar a montar todas las estructuras necesarias para cuando seamos un Estado, y al final de estos 18 meses vamos a ver si se dan las condiciones para llegar a esta circunstancia. Para mí esto no es lo óptimo pero es que no lo es para nadie. Y aparece esta posibilidad al final de no sé cuántos años en los que se ha pedido de muy diversas maneras y siempre, siempre, siempre ha habido la misma respuesta, que es no. Porque al final el elemento de discusión de fondo, que es el elemento fundamental y en el que parece que no hay posibilidad de acuerdo, es quién es el sujeto político de decisión. Todos nuestros argumentos en una dirección y todos los argumentos en dirección contraria de algunos partidos y el Gobierno de España son uno solo, que es dónde reside la soberanía. Los partidos españoles, la mayoría de ellos, consideran que la soberanía reside en el conjunto de España y nosotros creemos que la soberanía reside solo en el pueblo catalán. Este desacuerdo es un gran desacuerdo. Si se está de acuerdo en dónde reside la soberanía, como pasa en Escocia o como pasó en Quebec, luego cualquier discusión es casi una discusión de conocimiento, de por qué sí y por qué no, pero nosotros tenemos un problema fundamental de discrepancia en lo más importante que hay en un proceso político, que es el derecho a decidir.

¿Pero entonces el marco constitucional no sirve?

Nosotros creemos que no. Ha quedado desfasado, superado. Yo creo que la gran mayoría en Cataluña estaría de acuerdo en que la Constitución fue un buen intento, fue un buen instrumento. En el momento en que se escribió no solo fue aprobada por una mayoría muy importante, también de catalanes sino que el tiempo ha demostrado que ha sido un buen instrumento para la mejora de la sociedad española en su conjunto. Luego podemos discutir si se hizo con presión de algunos grupos en un sentido o en otro, si la gente votó a favor porque la alternativa todavía era mucho peor. Pero en general a mí no me preocupa reconocer que fue un instrumento muy útil en su tiempo. Cuarenta años después, la mayoría de catalanes tanto por razones demográficas, que no la votamos, y porque los tiempos han cambiado y la política ha evolucionado mucho, hay una gran mayoría que sigue considerando que es un buen marco para la convivencia en muchos sentidos: social, económico o lo que sea. Pero que en la cuestión territorial o nacional está totalmente desfasada, por lo que decía: el gran nudo gordiano que no sé cómo deshacer es la gran distancia entre que en el conjunto de España hay un gran consenso en que la decisión la tienen que tomar el conjunto de españoles y que en Cataluña hay un gran consenso en que la decisión la pueden tomar simplemente los ciudadanos de Cataluña. En ese aspecto no sé si decir que la Constitución está desfasada o que ya no sirve, o decir que la interpretación que se hace de ella no sirve. Hay juristas, yo no lo soy, que dicen que el problema no es la Constitución sino la interpretación cerrada que se ha hecho de ella. Da igual, no sé si el problema es la Constitución o la interpretación constitucional, pero en cualquier caso si la Constitución no admite, y parece que no lo hace, que una parte del territorio español pueda decidir libremente su futuro, para nosotros en este aspecto está desfasada.

Han creado un nuevo partido que quiere ser la democracia cristiana independiente.

Sí. En España pasa algo bastante curioso, que es que no existe la democracia cristiana como tal. Hubo partidos demócrata-cristianos al inicio que electoralmente les fue muy mal y al final la gente que se consideraba demócrata-cristiana se ha acabado integrando en plataformas o grupos que a su vez se han integrado en el Partido Popular español. Pero el Partido Popular, aunque esté en el Partido Popular Europeo, etc, no es un partido que se defina ni que sea demócrata-cristiano aunque tiene algunas ideas en común. En Cataluña y País Vasco, por cuestiones probablemente históricas, hay dos partidos demócrata-cristianos puros: Unió Democrática de Catalunya y el Partido Nacionalista Vasco de Euskadi. Ambos fueron hace muchos años, el PNV hace muchísimos, no sé exactamente cuándo y Unió en 1931; mucho antes de dictaduras, etc. Lo que ha pasado en Cataluña en los últimos tiempos es que el papel de Unió se ha desdibujado hasta el punto de que ahora mismo es un partido que no tiene representación parlamentaria ni en el Parlamento de Cataluña, ni en Cortes Generales, ni en la mayoría de ayuntamientos, etc. Y no lo tiene porque ha intentado mantener el elemento demócrata-cristiano, aunque yo soy crítico en cómo lo ha hecho, pero he estado militando ahí y sé que se ha intentado mantener. Pero en el aspecto estrictamente nacional creo que ha tomado el peor camino que se puede tomar en un camino como el nuestro, que es no pronunciarse. Lo que nos está demostrando la política actualmente, y me parece normal y saludable, es que aquellos partidos que ante problemas que afectan a la sociedad no se posicionan acaban tirando los votos. Unió intentó orgánicamente tener el papel de ni sí ni no ni todo lo contrario y al final ha terminado barrido del arco parlamentario.

Con el partido que hemos creado, Demócrates de Catalunya, hemos conseguido mantener representación demócrata-cristiana tanto en el parlamento de Cataluña como en el Congreso y el Senado, integrado en las distintas plataformas que han concurrido en estas elecciones. Nuestro primer objetivo, que era construir una fuerza política basada en la democracia cristiana y que fuera abiertamente independentista, está hecho. Y el segundo objetivo, que esta fuerza tuviera representación política en las distintas cámaras, y hoy tenemos tres diputados en el Parlamento de Cataluña, uno en el Congreso, un senador, 25 alcaldes, 150 concejales en Cataluña, en fin, un cierto grosor de gente que está alrededor de esta ideología. También es cierto que en los próximos tiempos nos van a pasar un par de cosas como partido. Una, que se van a reforzar muchos elementos que hemos añadido al crear un partido nuevo que son temas de nueva política: todo se escoge por primarias, hacemos votaciones electrónicas, hay voluntarios y no militantes, financiación transparente, no aceptamos créditos bancarios. Hay muchos elementos que además casan mucho con la doctrina estricta de la democracia cristiana; mucha humildad, mucha subsidiariedad, la cercanía a la gente, que los vamos a poder poner en valor en los próximos meses y que los estamos practicando. Otro elemento que nos va a pasar, pero que le pasa a todos los partidos demócrata-cristianos europeos, es acabar definiendo exactamente hasta qué punto eres más cerrado o más abierto ideológicamente. En toda Europa, si tú miras los distintos países, hay partidos demócrata-cristianos extremadamente puros en su ideario pero a la vez muy pequeñitos porque seguramente al centrarse mucho en un perfil ideológico muy concreto se reduce la capacidad de llegar a ciertas capas de la sociedad, y en el otro extremo hay otros que son un poco un catch-party, amplían tanto su espectro ideológico que tienen el apoyo de una gran parte de la sociedad, que es como el alemán que tiene el apoyo del 40% de los alemanes, que sí está centrado en la democracia cristiana tradicional pero su ideario es mucho más amplio para acoger a gente que está mucho más allá. Esto es un reto para la propia democracia cristiana. No sé hasta qué punto nos tenemos que centrar estrictamente en lo que dice la doctrina social cristiana de manual, que ideológicamente es lo más fácil pero a la vez te obliga a ir a un nicho más pequeño de electores porque hay poca gente que sepa lo que es el principio de subsidiariedad, o que haya leído a Maritain o a Mounier y a este tipo de ideólogos. O en cambio, ir poco a poco abriéndonos a gente que esté más cómoda en zonas de humanismo cristiano, de social-liberalismo, siempre alrededor de unos ciertos valores mínimos acordes con la tradición de la democracia cristiana, pero también un poco abiertos para conseguir ser un partido más amplio. En eso nos vamos a ocupar los próximos meses, una vez que hemos conseguido representación en las distintas cámaras.

¿No es contrario a la democracia cristiana un proceso contra la ley?

Hay mucha gente que ha teorizado que no solo no es contrario, sino que es lo que tenemos que hacer. Y en esto le puedo remitir a ciertos libros religiosos. El último es el del padre Hilari Raguer, un monje benedictino que ha hecho un libro muy divertido que se titula “Ser independentista no es pecado”. Está dicho con mucha ironía y mucha sorna pero lo hace desde el punto de la ética católica. Dice que para una persona católica, que probablemente estará cercana a la ideología demócrata-cristiana, principios como el bien común, la solidaridad con la comunidad, etc, pueden llevar a interpretaciones muy distintas sobre cuáles son los instrumentos para llevarlos a cabo. En algunos casos hay gente que creerá que la mejor forma de conseguir estos valores es a través de una determinada estructuración política y habrá gente que llegará a la conclusión de que lo mejor es luchar por un estado independiente. Y además hay una discusión muy profunda que alguna de estas personas ha tratado desde el punto de vista de la ética cristiana, que es la discusión entre legalidad y legitimidad. Yendo a un ejemplo muy extremo, que no admite comparación porque es otra historia de otra magnitud, pero sirve para explicarlo. Si alguien un día no hubiera decidido poner la legitimidad por encima de la ley, las mujeres no habrían votado nunca, porque la ley decía que las mujeres no votaban. Hasta que, por supuesto, la legitimidad del derecho a voto de cualquier persona se impuso como un valor superior y se pudo instaurar. En el discurso, para nosotros muy simple, de no se puede hacer algo que la ley impide, por supuesto aquí entra lo que decía al principio de quién es el sujeto político. No puedes utilizar como argumento que la ley impide que los catalanes manifiesten cuál es su futuro cuando esta ley está hecha por otro colectivo, del cual los catalanes formamos parte, pero en ningún caso tenemos la capacidad de tener mayoría. Dicho esto vuelvo al principio, la gran mayoría de nosotros, si pudiéramos escoger, nunca escogeríamos un camino de unilateralidad, ni un camino de este tipo. Preferiríamos algo mucho más simple, como una interpretación abierta de la Constitución que nos diera derecho a votar cuál queremos que sea nuestro futuro político y a partir de ahí actuar en consecuencia. Todo lo que ha venido después es consecuencia de tres o cuatro negativas explícitas a que podamos votar.

¿Cree que es posible recuperar la unidad entre los catalanes? ¿Cómo?

No es posible recuperar la unidad en el sentido que usted plantea porque la unidad nunca se ha perdido. Pongo un ejemplo, seguramente la mitad de los catalanes son del Barça y la otra mitad no. Y eso divide por la mitad a los catalanes y la pregunta lógica es si no sería posible recuperar la unidad. Y la respuesta sería que no tiene ningún sentido discutir la unidad de la sociedad en función de los gustos por el fútbol. Pues creo que aquí nos está pasando algo parecido, que quizás cuando se ve desde fuera de Cataluña se ve de una forma que no es acorde con la realidad. Hace 15 años el 80% de los catalanes consideraban que la independencia de Cataluña no sería un buen negocio y un 20% pensaban que era algo deseable. La gente discutía o no, estaba de acuerdo o no, y ya está. Hoy este 80-20 se ha transformado más o menos en un 50-50 y no ha cambiado nada. En Cataluña no está pasando nada, cuando la gente dice que los catalanes están divididos no sé muy bien qué se imaginan, que si nos pegamos o nos peleamos o que nos levantamos de la mesa. Pero aquí todo el mundo sigue haciendo exactamente su vida, simplemente si antes de esto se hablaba poco y era una concepción muy minoritaria, pues ahora se habla mucho porque son posiciones numéricamente muy igualadas. Pero aparte de que está mucho más presente en el debate político y en el debate social, no está pasando nada más. Cuando se habla de división y de voluntad de acabar con esta división se traslada una sensación como si esta división se notara en la calle, en las empresas y en las familias, y todos seguimos teniendo íntimos amigos, familiares y parejas que piensan igual o distinto que nosotros o que igual no sabemos ni lo que piensan, porque vete a saber. Yo creo que es importante difundir la idea de que lo único que ha cambiado es que hay una postura que ha ganado adeptos y otra que ha perdido adeptos, pero que no es más que una posición política, sobre algo muy importante, pero que tampoco implica nada en el día a día. Dicho esto, es verdad que es difícil avanzar claramente en una u otra dirección si no hay una posición que genere un mínimo consenso, eso es cierto. Pero desde un punto de vista estrictamente político, yo no sé cómo vamos a conseguir ser un estado independiente si no lo considera interesante bastante más que el 50% de la gente. Porque grandes retos de este tipo requieren apoyos sólidos. También una cosa es que tú consideres que no es bueno y otra cosa es que si pasara te opusieras directamente, creo que no tendría ningún sentido. Es cierto que hay posiciones muy igualadas y esto se tumba para un lado u otro claramente o difícilmente el proceso avanzará, porque se necesitan grandes consensos. Pero no significa que socialmente pase nada. La gente discute, habla en la tele y en la radio pero seguimos haciendo nuestra vida con una normalidad más que estupenda.

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'Querríamos un modelo como el escocés'

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  4 votos
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'Querríamos un modelo como el escocés'

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  13 votos
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'Querríamos un modelo como el escocés'

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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'Querríamos un modelo como el escocés'

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

'Querríamos un modelo como el escocés'

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

'Querríamos un modelo como el escocés'

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Querríamos un modelo como el escocés'

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

'Querríamos un modelo como el escocés'

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

'Querríamos un modelo como el escocés'

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

'Querríamos un modelo como el escocés'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

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Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

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