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3 DICIEMBRE 2016
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Chatarra política y caridad constituyente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  55 votos
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Caucus en Iowa este lunes. En marcha la campaña electoral para las presidenciales estadounidenses de 2016. Iowa, primer Estado en las primarias, marca tendencia, o marcaba. Porque Iowa es wasp, no tiene muchos votantes hispanos. Y los electores de lengua española son ahora decisivos.

Las asambleas de Iowa certifican, eso sí, que el arranque de las presidenciales es anómalo. Sobre todo, en el lado republicano. A pesar de su ausencia en el último debate, o quizás por eso, Donald Trump acababa el fin de semana con un apoyo del 28 por ciento. El otro candidato radical de las filas republicanas, el evangelista Ted Cruz, inspirado por los postulados extremistas de la Universidad de Liberty, contaba con un 23 por ciento. Marcos Rubio, el primer candidato más centrado, más en línea con los postulados clásicos de los republicanos, se encontraba a mucha distancia, con un 15 por ciento. Jeb Bush, también representante de la opción moderada, ha llegado a Iowa prácticamente fuera de la carrera.

El giro de los líderes del partido republicano en los últimos días ha sido muy significativo. Ya no quieren que Trump pierda fuerza: lo consideran el mejor freno para un Ted Cruz que no es un outsider, que maneja ciertos resortes de la organización, que tiene más capacidad de ser el candidato final que el estrafalario millonario. ¿Qué ha sucedido en Estados Unidos para que una parte importante de la derecha se identifique con las opciones que fomentan la animadversión hacia los inmigrantes? En el lado demócrata lo “antistablishment” también tiene fuerza (Sanders ha llegado casi empatado con Clinton). ¿Es un capítulo más de esa polarización que Obama reconoció como fracaso de su gestión en su último discurso de la Unión? La polarización atraviesa los últimos años de Bush, es alimentada por el propio Obama y por el Tea Party. Pero quizás aquí estamos ante un paso más. Porque Trump ha hecho carrera a base de cuestionar referentes constitucionales, lo ha hecho al apostar por la discriminación religiosa, la tortura y la calumnia al extranjero.

El éxito de Trump se basa en la explotación del descontento de una clase media blanca que, a pesar del crecimiento económico, se ha visto empobrecida y se siente defraudada por el sistema. Quizás se pueda concluir que el fantasma del desconcierto y del descontento se ha instalado a los dos lados del Atlántico. El Occidente desilusionado y atemorizado compra en Estados Unidos la chatarra política de Trump, en Francia la del Frente Nacional, en Alemania la de Pegida, en Grecia la de Syriza, en España la de Podemos… La chatarra es de izquierdas y de derechas, los ingredientes son diferentes en casa caso, pero coinciden en su carácter anarquizante, milenarista, utópico y esencialista (la regla de la mayoría es absoluta y no tiene que someterse a cauce constitucional o institucional alguno).

Es, en el fondo, como explicaba Teo Uriarte en este periódico, un problema de educación. Ha habido “una mala educación política ejercitada por los todopoderosos partidos tradicionales que han monopolizado la política, degradando al ciudadano a mero consumidor de los beneficios de la democracia”. Lo que dice Uriarte de los partidos es aplicable a las instituciones europeas, en los dos casos el poder se ejercer des-responsabilizando al ciudadano que se queda sin su “producto” democrático cuando llega la crisis.

La fidelidad a los referentes constitucionales se podía mantener en pie cuando los valores y los principios que los sustentaban eran evidentes para todos. El humanismo integral, compartido en los años 40 del pasado siglo, permitía a Maritain no exigir acuerdo en su fundamento. Eso es precisamente lo que ha desaparecido.

Es inútil enfadarse con la situación. Es más práctico mirar a la cara el desconcierto y el miedo de algunos, la frustración de muchos, intentar entender las razones que llevan a abrazar falsas soluciones como la discriminación o la revolución. Como hacía el Papa Francisco en su discurso al cuerpo diplomático de hace unos días: “han surgido muchos interrogantes ante las posibilidades reales de acogida, son igualmente relevantes los temores sobre la seguridad (…) pero Europa tiene los instrumentos para defender la centralidad de la persona humana”. La chatarra política debe ser combatida, como deben ser comprendidos los motivos que llevan a comprarla como un material preciado.

¿Cuáles son esos instrumentos al alcance de Estados Unidos y de Europa de los que hablaba Francisco? Desde luego no lo es la cadena de tradición que proporcionaba cierta educación política, es decir humana. Esa cadena se ha roto.

La cantidad de ideología compartida ya no es útil. Solo es útil volver a empezar. O lo que es lo mismo, afirmar, señalar y dilatar aquellos espacios donde esté presente lo que funda la democracia: el amor a la persona, la caridad. Estén donde estén. Como lo fueron seguramente en su origen los caucus de Iowa. Por supuesto, con todas sus implicaciones, institucionales y legislativas.

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