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5 DICIEMBRE 2016
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El compromiso de las naciones islámicas con los cristianos perseguidos

Andrea Gagliarducci | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
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Se llama “Declaración de Marrakech” y se firmó el pasado 27 de enero por parte de casi 250 líderes musulmanes y evangélicos reunidos en Marruecos. Es una declaración que tiene un alcance histórico. Pide a las naciones islámicas que defiendan a los cristianos perseguidos.

En esta declaración puede leerse: “Pedimos a los diversos grupos religiosos unidos por el mismo tejido nacional que afronten su estado mutuo de armonía selectiva que bloquea la memoria de siglos de convivencia en la misma tierra. Les pedimos que reconstruyan el pasado reavivando esta tradición de convivencia y restauren nuestra confianza común, erosionada por los extremismos que han utilizado actos de terror y agresión”.

La declaración se redactó durante una conferencia en Marrakech, en presencia no solo de musulmanes sino también de representantes de todas las comunidades religiosas perseguidas, incluidos los católicos caldeos. La idea era dar una respuesta a las persecuciones de las minorías religiosas por parte del autoproclamado Estado Islámico, provocando víctimas mortales y éxodos de refugiados especialmente entre los yazidíes y los cristianos en Iraq.

El texto base fue la Carta de Medina, una declaración de Mahoma que sirvió para poner fin a un conflicto tribal y que incluía una serie de responsabilidades para el mundo islámico, entre ellas la protección de las minorías religiosas.

Este encuentro lo organizó un pastor protestante de Texas, que visita Marruecos a menudo y que puso en marcha un grupo de trabajo con varios líderes musulmanes, que culminó en la conferencia de Marrakesch, que promovió junto a su amigo el imán Muhammad Magid. Una conferencia musulmana a todos los efectos, que ha llevado a la primera declaración de protección de las minorías cristianas.

Más de un paso adelante en el diálogo interreligioso, se podría definir como un puente teológico-diplomático que sirve para proteger a los cristianos que quedan allí. La idea de la diplomacia vaticana es más bien la de ofrecer una protección internacional a los cristianos y a todas las minorías perseguidas. En marzo de 2015, el observador permanente en Ginebra hizo firmar una declaración al Consejo de Derechos Humanos para “Defender los derechos humanos de los cristianos y de otras comunidades, especialmente en Oriente Medio”. Era la primera vez que la persecución de los cristianos se reconocía formalmente, y por parte de tantos Estados, en una sesión de la ONU.

Por otro lado, está el ámbito del diálogo interreligioso. Guiado por un diplomático de profesión y sensibilidad como el cardenal Jean Louis Tauran, el Pontificio Consejo ha emitido dos declaraciones con motivo de la crisis del Isis. La primera en agosto de 2014, pidiendo a sus socios en el diálogo que tomaran una posición firme frente a la violencia perpetuada por el llamado Estado Islámico. La segunda en marzo de 2015, subrayando que todavía se podía y debía dialogar con el islam y con el mundo islámico.

De este modo, la declaración de Marrakech puede situarse más en el ámbito del trabajo de diálogo que en el de las relaciones diplomáticas. Sin olvidar que hay aún una mesa de diálogo islámico-cristiano que se abrió después de que 139 musulmanes escribieran a Benedicto XVI tras su lección de Ratisbona y la errada recepción que tuvo en el mundo secular.

Sobre este tejido –diplomático, teológico, de diálogo– se construyen las relaciones de la Santa Sede con el islam. El Papa Francisco le ha dedicado una atención especial y probablemente, tal vez en abril, visitará la mezquita de Roma, será el primer Papa que lo haga.

Sobre esta declaración, vale la pena señalar lo que el padre Elias Mallon ha afirmado en el blog CNEWA, que esta declaración pide a los estudiantes musulmanes que “desarrollen un concepto de jurisprudencia sobre el concepto de ciudadanía” que incluye a varios grupos. Un dato “significativo, dado que los líderes cristianos en Oriente Medio, desde los tiempos de la llamada Primavera Árabe, han destacado la importancia de la ciudadanía, un concepto relativamente nuevo en la ley islámica”.

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