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5 DICIEMBRE 2016
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Años 70, un peso más para Mauricio Macri

Arturo Illia | 0 comentarios valoración: 2  24 votos
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Los inicios del nuevo gobierno argentino de Mauricio Macri no se pueden calificar precisamente de fáciles, sobre todo calculando la pesada herencia de 13 años de kirchnerismo. Que incluye una herida aún abierta, desde la dictadura militar de los años 70, una historia de la que el kirchnerismo se apropió por mera conveniencia, no solo comprando parte de las organizaciones de derechos humanos para implicarlas en su política, sino también reescribiendo la historia de aquellos años para su propio uso y consumo, transformando la violencia generalizada de una guerra civil en una epopeya romántica de una generación de idealistas de la que, obviamente, formaban parte Néstor y Cristina Kirchner. Nada más alejado de la realidad, pues ambos se refugiaron en la quietud de la Patagonia, donde se enriquecieron gracias a un decreto militar sobre las propiedades inmobiliarias que ellos supieron aprovechar muy bien.

El cuento de hadas está servido para cubrir la inmensa corrupción de estos años, creando un escudo ideológico a su alrededor y útil para adoctrinar a muchos jóvenes sobre la romántica “guerra buena” de aquel periodo, digna de replicar contra los “enemigos” de hoy, empezando por el gobierno actual, contra el que habría que organizar una resistencia y una revolución en nombre del pueblo para el retorno del kirchnerismo al poder.

El pasado 23 de noviembre, un editorial de uno de los principales diarios del país, La Nación, con 140 años de historia, titulado “No más venganza”, provocó una rápida difusión, sobre todo a través de las redes sociales. Una montaña de críticas pero sobre todo, dentro del propio diario, una protesta y la firme oposición de gran parte del personal contra su contenido, algo nunca visto en el país. A muchos les ha parecido una petición de amnistía para los antiguos miembros aún en vida de la genocida dictadura militar, aunque hay que decir que en el texto no había referencia alguna al respecto.

Según Héctor d'Amico, director de Comunicación de este diario, “lo que el texto quería dar a entender reside en el principio democrático de igualdad ante la ley, y cuando digo esto me refiero al hecho de que hay una curiosa interpretación del Tratado de Roma sobre los crímenes de lesa humanidad, distinguiendo entre las atrocidades cometidas por la Junta Miliar y las igualmente violentas de los grupos terroristas que en cambio han gozado de una amnistía que nunca se ha puesto en discusión, sobre todo por parte del kirchnerismo, que se ha apropiado de la bandera de los derechos humanos para obtener rédito electoral, sin haber participado nunca en su defensa en el pasado. Además, nunca hemos hablado de abolición de penas. Muchos han visto en el momento de la publicación, en pleno cambio político, una sugerencia al nuevo presidente, algo que ni siquiera hemos pensado ni de lejos”.

En el artículo se cita dos veces a la senadora Norma Morandini, periodista y activista pro derechos humanos, uno de los emblemas de esta causa, apoyando las tesis referidas, que incluyen el fin de los retrasos judiciales contra magistrados y abogados de aquella triste década. “Siempre he sido, tanto en mi papel de periodista como de abogada, una opositora honesta, contra la utilización de los derechos humanos con fines políticos”, decía. “He seguido el proceso del Nunca Más y he participado activamente en la reconstrucción de ese macabro rompecabezas en el que perdí a un hermano y una hermana que, vaya coincidencia, se llamaban Néstor y Cristina”.

“En 2001 escribí un libro titulado ‘De la culpa al perdón’, donde me preguntaba qué hacer con el pasado. Hablo mucho de reconciliación, pero no con los represores sino con nosotros mismos. Los años de la dictadura para mí no significaron la lucha entre dos demonios (militares y grupos terroristas). Para mí, el demonio era uno solo, la violencia, nunca distinguí entre muertos buenos y malos, un hecho que me atrajo las críticas de parte de las organizaciones de derechos humanos. Por esta razón, en el editorial se me asocia a algo que nunca he pensado ni de lejos. Este daño no lo reparan solo las excusas del periódico y de su propietario, sino sobre todo la protesta realizada por sus periodistas y colaboradores. Una manifestación de independencia inédita en Argentina, sobre todo en estos últimos 12 años en que se ha perseguido la actividad periodística con el concepto de periodismo militante, obediente al poder. Algo que solo existe en un régimen. El repudio general ocasionado por este artículo es síntoma de hasta qué punto los derechos humanos ya se han incorporado en la sociedad argentina. Los derechos humanos son universales. Los procesos a la Junta se sitúan en un acto de justicia donde los derechos humanos deben estar garantizados para todos, incluso para los represores”.

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