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4 DICIEMBRE 2016
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"No se puede opinar del islam, así que lo dejo"

Stefano Montefiori | 0 comentarios valoración: 2  28 votos
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Hace apenas unos días Kamel Daoud recibió el premio Jean-Luc Lagardère al mejor periodista del año. Ahora el escritor argelino, agotado por las polémicas y especialmente por un ataque colectivo contra él publicado en el periódico francés Le Monde y firmado por 19 expertos, ha anunciado: “Estoy cansado, abandono el periodismo”.

“Seguiré escribiendo algún que otro artículo hasta que acabe el mes y en marzo cierro”, ha declarado en el diario italiano Corriere della Sera. “He dado mucho en estos años, he escrito mucho, he intentado comprometerme, pero las presiones son demasiado fuertes. En Argelia los islamistas me lanzan la fatwa, y ahora en Occidente hay quien me acusa de islamofobia. Es un insulto inmoral, una inquisición. En Francia se ha hecho demasiado difícil expresar las propias opiniones”.

Kamel Daoud entró en el diario argelino Quotidien d’Oran hace más de veinte años, donde llegó a ser redactor jefe del periódico de la segunda ciudad de Argelia. En 2014 su novela “Meursault, caso revisado”, inspirada en El Extranjero de Camus, llegó a la final del premio Goncourt. Desde entonces, Daoud siguió escribiendo para el Quotidien d’Oran pero también empezaron a contar con él los grandes periódicos extranjeros, como Le Monde o el New York Times.

Su voz es única. Expresa críticas feroces y al mismo tiempo amor hacia la cultura a la que pertenece, la del mundo árabe-musulmán. Después de los atentados de París el pasado 13 de noviembre, Daoud escribió para el New York Times un memorable artículo de denuncia a Arabia Saudí, “Un ISIS que funciona”, y sobre los estrechos vínculos que Francia y Occidente todavía mantienen con el oscurantista régimen wahabita. Después, el 31 de enero el escritor argelino publicó un largo artículo en Le Monde a propósito de los hechos de Colonia, donde muchos inmigrantes norteafricanos y mediorientales atacaron a decenas de mujeres la noche de año nuevo. Daoud osó hablar de la miseria sexual de los hombres y de la condición de la mujer en el mundo árabe. “Occidente olvida que el refugiado proviene de una trampa cultural que se resume sobre todo en su relación con Dios y la mujer. (…) No basta con acogerlo dándole documentación y un dormitorio. Hay que ofrecer asilo al cuerpo pero también convencer al alma de que debe cambiar. El otro llega de ese vasto universo doloroso y horrible que son la miseria sexual en el mundo árabe-musulmán, una relación enferma con la mujer, el cuerpo y el deseo. Acoger al otro no significa curarlo».

Daoud tuvo el coraje de denunciar una realidad que conoce bien, pues procede de ese mundo y todavía vive en Orán, Argelia. Pocos días después en el diario Le Monde un grupo de 19 expertos, sociólogos, historiadores y antropólogos, firmaron un texto donde acusaban a Daoud de “reciclar los clichés orientalistas más trillados”, de contraponer un “mundo de la liberación y de la educación” (Occidente) a un “mundo de la sumisión y de la alienación”, y de “generar la imagen de una riada humana de potenciales depredadores sexuales, afectados todos por los mismos males psicológicos. Pegida no pedía tanto”. El artículo termina tachando a Daoud de islamofobia, la palabra definitiva que vale como pena de aislamiento.

“Me parece inmoral e insoportable que vengan a darme lecciones desde los cafés parisinos”: así se ha desahogado Daoud en una “Carta a un amigo extranjero” publicada en el Quotidien d’Oran, donde anuncia su adiós al periodismo después de más de veinte años. “Vivimos en la época de los mandatos: o estás de un lado o estás del otro. Cada vez que escribo algo genero reacciones excesivas, recibo toneladas de insultos y amenazas, y afortunadamente también manifestaciones de apoyo. Pero no estoy a gusto, pues no soy un provocador, solo soy un hombre libre que quiere expresar su opinión, y eso ya no es posible”. Especial dolor le ha provocado a Daoud la mención a Pegida, el movimiento xenófobo. “La diferencia fundamental entre la extrema derecha y yo es que ellos critican el islamismo para rechazar al otro, yo lo hago para acogerlo. Su objetivo es la exclusión, el mío es la convivencia. No soy islamófobo en absoluto, digo que la religión debe ser una opción, no una imposición. Pero Francia es un país con muchos tabúes y yo ahora estoy pagando las consecuencias”.

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