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3 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a J. A. González Sainz

"El trabajo es pensar, como quería la Ilustración"

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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González Sainz es uno de los escritores más lúcidos de la narrativa española. Ensayista, profesor y traductor, amigo de Claudio Magris, es una voz libre en el panorama del pensamiento. Ojos que no ven, quizás la más incisiva de sus novelas, retrata las mentiras generadas por el mundo de los violentos en el País Vasco. Su protagonista, en el vértice entre el ser y la nada, quizás sea el personaje que mejor refleje en la reciente literatura española la paradoja en la que vivimos, nosotros los postmodernos.

En un artículo publicado en Páginas Digital sobre la relación de los cristianos con las leyes, José Luis Restán afirmaba que "muchas de las certezas compartidas en las sociedades occidentales han caído o se han erosionado, en muchos casos como consecuencia de batallas ideológicas orquestadas desde el poder político o cultural (...). En este período se ha hecho evidente (para los cristianos) que la cuestión de fondo se juega en el ámbito de la cultura". ¿Cuál es la importancia de la cultura en la vida pública?, ¿qué papel juega en una situación como la actual?

No sé si valdrán de algo mis respuestas, seguramente no y por lo tanto las puede usted tirar a la papelera. Cada vez me vienen más grandes muchas palabras gordas, las más empleadas. Por ejemplo “cultura”. Oyes a muchos, por ejemplo políticos, y parece que se están enjuagando la boca con esa y otras palabras. Cultura veo que es muchas veces como un colutorio. Te enjuagas, hacer gárgaras con ella y luego la tiras y por el desagüe se va. De alguna definición hay que partir para entendernos algo, aunque no sea mucho: Si cultura es un conjunto determinado de relaciones (con el lenguaje, con el parentesco, con la representación, con la técnica, con la naturaleza…) es verdad que podríamos ponernos de acuerdo en que todo ha cambiado mucho. Pero si por cultura entendemos un grado más alto (y una tensión por alcanzar un grado más alto) de civilización y convivencia entre los hombres, ahí no sólo habría mucho que hablar sino que para mí lo importante es la vigilancia, el estar atentos, porque todo avance digamos entonces cultural puede no sólo venirse abajo sino dar lugar en el momento menos pensado a catástrofes. Yo el miedo que tengo es ése. El momento menos pensado no sólo depende del azar sino de pensar poco, de momentos en los que no se piensa lo suficiente o no se piensa a secas o no se piensa bien. Cuando no se piensa bien en general surgen siempre ideólogos de postín, de esos que nos instan a embestir por una idea, como decía Machado. Me temo que mucha gente ha embestido, sobre todo en algunas tierras como el País Vasco, y que se puede ver por ahí cada vez a más gente embistiendo o con ganas de embestir, que desde luego es una forma también de usar la cabeza. ¡Hombre! (esto es una interjección y por lo tanto de alguna forma asexuada, como decir jolín o vaya), también es verdad que vivimos toreados por un capitalismo financiero que dan ganas de embestir, pero ya se sabe quién tendría las de ganar, que de eso es de lo que saben. Pero es más fácil atreverse a embestir que atreverse a pensar, como quería la Ilustración, y le llamaba cultura. El desafío es siempre trabajar por lo segundo, qué remedio, como Sísifo a veces, pero seguir ahí, y mucho más ahora, porque si cejamos en el esfuerzo y se llevan el gato al agua los que cornean, vamos buenos.

En otro artículo publicado en este periódico, Eugenio Nasarre afirmaba que "lo que España está jugando ahora es una batalla cultural centrada en los valores sobre los que se asienta la democracia liberal y la sociedad abierta". ¿Estamos en condiciones -políticos y sociedad- de asumir este reto?

Quienes pensamos que eso es mejor para todos no tenemos más remedio que trabajar por ello, estemos o no en condiciones, como me dice usted. Yo acabo de ver la película “1980” de Iñaki Arteta. Allí, por ejemplo, se recuerda cómo, no hace tanto, la gente, eso que ahora se ha subido a los altares, en un pueblo del País Vasco, ante un hombre al que acababan de pegar unos tiros y estaba tirado en el suelo, en lugar de llamar a una ambulancia o mostrar algo de piedad, llamó a los asesinos para que lo remataran. La “gente normal” a veces hace eso y la historia de nuestra Europa está llena de esos ejemplos y mucho peores. No hay más medio que pugnar por una sociedad abierta y por que en ella haya más de quienes se apiadan y quienes piensan mejor.

Usted es profesor universitario en Italia, ¿qué importancia tiene la educación a la hora de transmitir a las nuevas generaciones los valores y nuestra historia más reciente?

He sido, y trasmitir también se puede trasmitir, y de hecho se hace cada vez más, desinformación y deformación en los datos y en los modos de pensar y sentir. Educación es otra de esas palabras y realidades colutorias.

En una entrevista a ABC sobre su libro "El viento en las hojas" usted decía que "mi intento es llevar la prosa y la historia hacia lugares lo más lejanos posibles en el camino de búsqueda de significado. Pero hay momentos en que podríamos decir que esa prosa o esa búsqueda se dan por vencidas". ¿Hemos dado por vencida en España esta búsqueda de significado?

Supongo que hay para muchos una necesidad de buscar, de intentar dar algún sentido a los vértigos de nuestra existencia mortal. Como si esa búsqueda nos acercara algo a sentirnos algo más dignos por lo menos. Y a eso puede ayudar la herencia cultural y sapiencial de la humanidad, de nuestra lengua. Pero no sólo en España, aunque aquí mucho, parece que eso es una antigualla. Valores y significado también pueden ser y dar para muchos el enredar, el odiar y el embestir, el amorcar, déjeme decir esa hermosa palabra. El valer de un valor tiene que ser para mejor, para mejor en general. Pero ahí, como en casi todo, es muy fácil hacer y hacerse trampas. Disfruta mucha gente siempre haciendo trampas.

Ha dicho usted en alguna ocasión que "la escritura tiene un primer momento de escucha". ¿Y la política? ¿Les falta ese momento de escucha a nuestros políticos?

Escuchar siempre hace mucha falta. Se les llena a los políticos la boca con la palabra diálogo y la invocación al diálogo (otro colutorio) y no saben, como sabía también Machado, que para dialogar lo primero que hay que hacer es preguntar y luego escuchar. Claro que hay que ver la cantidad de sandez y de malevolencia que también se escucha.

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