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8 DICIEMBRE 2016
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Algo está cambiando en Europa

Robi Ronza | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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En virtud de nuevos acuerdos (secretos o en todo caso no escritos) entre las principales potencias, algo está cambiando en la escena internacional. Lo que los jefes de gobierno y sus portavoces no dicen abiertamente emerge en todo caso de la nueva “línea” que están adoptando los medios más influyentes, las grandes cadenas televisivas internacionales y las principales agencias de noticias, todas bajo control gubernamental. Los focos se han apagado sobre la situación en Siria e Iraq, se ha reducido considerablemente la cantidad de imágenes conmovedoras sobre las vicisitudes de los refugiados de camino a la Unión Europea. Y el vacío que dejan se llena con dosis masivas de crónica negra.

También son interesantes los comentarios sobre el resultado de las elecciones regionales en Alemania. Alternative für Deutschland, AfD, el partido contrario a la política migratoria de Angela Merkel, ha obtenido un gran resultado, pero en ninguno de los tres länder donde se votaba el partido de la canciller ha sufrido un colapso notable. Mucho peor le ha ido a sus aliados socialdemócratas. Sin embargo, los titulares de los periódicos decían cosas como “Bofetada de los alemanes a Merkel” o “Triunfa la derecha anti-inmigrantes”. Eso significa que en la cima del poder real, que cada vez coincide menos con la esfera del poder formal, el juicio sobre el fenómeno de las migraciones incontroladas hacia Europa está cambiando. Antes los inmigrantes siempre tenían razón y los que querían detenerlos o tan solo hacer un filtro eran siempre y en cualquier caso personas sin corazón (al premier húngaro Orban le acusaron por esto de ser casi un nuevo Hitler). Ahora, en cambio, los buenos también se están volviendo un poco malos, y los malos un poco buenos.

Puesto que ya todos los grandes medios están bajo control directo o indirecto de los gobiernos de las grandes potencias, los cambios de escena en la palestra mediática son un anuncio seguro de giros similares en la política internacional. En esa perspectiva, merece atención el encuentro la semana pasada entre el secretario de Estado norteamericano John Kerry y los ministros de Exteriores de los principales países europeos. Allí no solo se habló de Siria sino también de la crisis palestino-israelí, de la situación en Libia, de la guerra civil en Yemen y de la crisis ucraniana. En un momento en que las cumbres de gobierno se han convertido en acontecimientos donde las exigencias mediáticas suelen ser más importantes que las cuestiones del orden del día, el hecho de que dicho encuentro concluyera sin grandes declaraciones a la prensa puede ser un signo positivo. Por otro lado, la tregua en Siria parece que se va manteniendo. Además, la noticia de que Rusia retirará “el grueso de sus fuerzas” desplegadas en Siria también parece confirmar que a algún secreto acuerdo se ha debido llegar. Aunque se ha matizado que no se trata de un desarme ni del cierre de la base naval ni aérea de las que Rusia dispone en territorio sirio. Por tanto, más que una retirada podría tratarse de una suspensión de los bombardeos.

Promovidas bajo la égida de Naciones Unidas, las conversaciones de Ginebra son el primer intento serio de dar una solución a la crisis desde que en septiembre los bombarderos rusos entraron en escena para apoyar el régimen de Assad. Una vía de salida de la crisis siria, y del problema constituido por el control del Isis o Daesh al noroeste de Iraq, que no solo tiene valor en sí misma sino también respecto a las migraciones no controladas hacia la UE. Guste o no, muchas de las claves de ambos problemas están en manos de Turquía. Las regiones turcas en la frontera con Siria e Iraq suponen una gran reserva de refugiados e inmigrantes irregulares dispuestos a entrar en Europa, que el gobierno de Ankara abre o cierra en función de sus intereses y su proyecto político. La triste situación de esta gente y las graves circunstancias que les obligan a un éxodo desesperado y penoso no deben hacernos cerrar los ojos ante el hecho de que al refugiarse en Turquía se ponen en manos del gobierno de Ankara, que cínicamente los usa como instrumentos de su política.

Con solo sus medios y aparte de una red logística organizada, en la situación moderna nadie puede alejarse con ancianos y niños del lugar en que vive más de 30-50 kilómetros, ni alimentarse durante más de 5-6 días. Cualquier movimiento o aprovisionamiento depende de la voluntad o no de quien gobierne el territorio. En este caso, del gobierno turco. Por tanto, si actualmente el flujo migratorio se está frenando, eso no depende de los propios migrantes sino de los gobiernos que gestionan los desplazamientos, empezando por el turco. ¿Qué se le ha prometido al gobierno de Ankara a cambio de la interrupción de este flujo? ¿Solo unos miles de millones de euros, o algo más? ¿Qué se le ha prometido a Putin a cambio de la suspensión de los bombardeos aéreos rusos en Siria? Ante una Unión Europea incapaz de tomar en el Mediterráneo todo el sitio que están dejando los Estados Unidos, ¿hay que prepararse para la idea de que haya que dar espacio no solo a Rusia sino también a Turquía? El futuro no tardará en decirnos si los líderes europeos actuales están dispuestos a hacer este regalo.

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