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9 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Pierbattista Pizzaballa

"Cristo perdonó a sus asesinos, es nuestro turno"

Federico Ferraù | 0 comentarios valoración: 2  29 votos
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El custodio de Tierra Santa nos atiende a primerísima hora de la mañana porque su jornada empieza muy temprano, y nos pide perdón. “Lo siento pero tengo realmente poco tiempo, y sinceramente estos días tengo la cabeza en otra parte”. Cuando hablamos con él son los días más intensos del año, en plena Semana Santa.

Últimamente hay muerte por todas partes, en Oriente pero también en Europa. Sin embargo, el Papa y la Iglesia siguen hablando de misericordia. Pero eso requiere coraje, ¿de dónde sacarlo?

Fuera de un contexto y un recorrido de fe, no se puede comprender la insistencia del Papa en la misericordia, sobre todo en circunstancias tan dramáticas. La misericordia cristiana no es una técnica de sublimación interior o de ascesis, sino la modalidad mediante la cual Dios se nos manifiesta. Y por nuestra parte, nosotros solo podemos experimentar a Dios mediante su misericordia. Encuentro a Dios en la experiencia del perdón que Él me dona continuamente, porque cuando me pongo ante Él veo sobre todo mi pecado y mi infidelidad. Y entonces, veo también su amor misericordioso. Pero la misericordia no es solo una actitud reservada al Dios-con-nosotros. También es el modelo de nuestro estar en el mundo.

¿Qué quiere decir?

Si experimento la misericordia de Dios, por mi parte no puedo hacer otra cosa que anunciar esa misma misericordia. Un mundo sin Dios es un mundo que no puede conocer la misericordia. La historia, y por desgracia también el presente, nos muestra testimonios atroces de cómo organizaciones y movimientos, queriendo eliminar la presencia de Dios o, peor aún, manipulando e instrumentalizando la fe en Dios, y por tanto negándolo, se han manchado con crímenes horribles.

El hombre se cree Dios.

Cuando el hombre pierde el sentido de Dios y por tanto el sentido de Su misericordia, cuando el hombre se erige él mismo en Dios, en realidad se convierte en enemigo de sí mismo. Es la historia de Caín, que se repite continuamente. Después de rechazar la paternidad de Dios, el hombre rechaza también su sentido de fraternidad, la conciencia de ser hermanos. La misericordia se convierte así también en el criterio de discernimiento de la verdad de la propia experiencia de Dios. Un creyente sin misericordia en realidad nunca ha experimentado a Dios. Además hay que añadir que la misericordia lleva consigo también justicia y verdad. El pecado cometido, para ser perdonado, necesita ante todo ser reconocido en su verdad y frenado. El mal cometido necesita ser sanado.

Europa se ve golpeada por hijos suyos que se vuelven en su contra y quieren matar a sus padres y madres porque obedecen a otro credo. ¿En qué nos hemos equivocado?

Sin duda nos hemos equivocado, y mucho, en las políticas de integración y me temo que nos seguiremos equivocando. Pero eso en absoluto justifica el terrorismo, las persecuciones en función de la etnia o la religión, la violencia, que hay que condenar firmemente.

Usted vive en una tierra sin paz, ¿y si su destino fuera vivir sin paz? ¿Qué le permite esperar la reconciliación, esperar que las cosas sean distintas, que algo cambie?

Lo primero que siento que debe cambiar soy yo. La paz la debo tener yo, en mi corazón. Soy yo quien debo ser capaz de leer y mirar el mundo con los ojos de alguien redimido, tocado por la experiencia de la salvación. Ante una paz así, el mal nada puede. La paz en el mundo nunca la tendremos completamente. Junto al deseo de bien, de hecho, en el corazón del hombre hay también una raíz de mal que por desgracia seguirá golpeando. Pero este no es un pretexto para no trabajar por la paz. El creyente cristiano no se rinde ante el mal, sino que construye el bien que ha experimentado. Ese es el sentido del testimonio cristiano.

Estamos ante una oleada de refugiados sin precedentes. ¿Cómo ve Europa desde su lugar de observación?

Veo mucha confusión y miedo, y eso no ayuda. Este fenómeno aún durará mucho, se quiera o no. Hay que tomar conciencia de eso para organizarse. Hay que definir los criterios para las políticas de integración, que todavía no existen, donde se aclaren los derechos y los deberes, los límites y las oportunidades.

Mientras tanto, la guerra en Siria continúa, ¿qué cree que pasará?

Espero que 2016 sea el año del cambio, y que la voz de las armas dé paso a la política y a la diplomacia. Pero la reconstrucción social y religiosa de ese país aún queda lejos. Las heridas causadas por esta guerra tardarán generaciones en curarse.

Solo si el corazón se abre puede acoger la misericordia de Dios, ha dicho el Papa Francisco, ¿pero quién podrá abrir un corazón enfermo de escepticismo y desconfiado?

Su pregunta me hace recordar un texto de Milosz: “Soy solo un hombre, tengo necesidad de signos sensibles; construir escaleras de abstracción me cansa pronto (…) Despierta pues a un hombre, dondequiera que sea en la tierra (no a mí, puesto que al menos sé qué es la decencia) y permite que, al mirarlo, pueda admirarte a Ti”. Debemos pedir en nuestras oraciones que alguien nos dé un testimonio así y nos abra el corazón. Debemos pedir este don continuamente

¿No cree que “amar a nuestros enemigos” es un ideal irrealizable?

Si así fuera, ¿qué sería de Cristo, que en la cruz perdona a sus asesinos? ¿Qué habríamos hecho del testimonio cristiano? ¿Sería solo un conjunto de reglas éticas y buenos sentimientos? No. La historia de la Iglesia, el ejemplo de tantos santos, conocidos y desconocidos, nos dice que es posible. Que el Evangelio de Cristo no es una utopía sino una vida verdadera, real. Y que queremos seguir dando este testimonio con alegría también hoy.

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