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4 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a José María Fidalgo

'Lo ideal sería no tener que llegar a nuevas elecciones pero con un gobierno estable'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
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José María Fidalgo, ex secretario general del sindicato Comisiones Obreras, analiza para Páginas Digital la crisis institucional y reflexiona sobre la tesitura histórica actual.

Llevamos varios meses de crisis institucional con un Gobierno en funciones y sin perspectiva de que sea posible un gobierno próximamente. ¿Cuál es su valoración de la situación actual?

Esto es una crisis porque no se ponen de acuerdo los partidos políticos ni los representantes de sus partidos en el Parlamento para organizar un Gobierno. Es una cosa insólita que no ha pasado a lo largo de la historia democrática en España y tiene algunos inconvenientes, entre otras cosas porque un gobierno en funciones durante mucho tiempo no puede resolver determinadas cosas porque lógicamente tiene una limitación jurídico-legal. Esa es una manera de verlo. Luego otro modo de verlo es que creo que las nuevas fuerzas que han emergido como consecuencia de la decisión de los ciudadanos de elegirles, no los partidos clásicos sino las nuevas fuerzas que han irrumpido esta vez, legítimamente, en el Parlamento son la expresión de la soberanía nacional pero tampoco están dando un ejemplo digamos positivo de anteponer intereses generales a intereses personales, o por lo menos creo que así lo recibe la gente. Es una situación que a mí no me gusta y creo que a la mayoría de la gente tampoco. Ojalá se resuelva pronto.

¿Cómo salir de la situación actual de bloqueo? Porque unas nuevas elecciones pueden dar una aritmética muy parecida.

Vamos a ver, yo no soy profeta, pero lo ideal sería que no hubiera que llegar a unas nuevas elecciones porque se consiguiera formar un gobierno estable no para seis meses ni para un año y además capaz de afrontar retos que tenemos como sociedad, nosotros y la Unión Europea y todo el mundo. Hay una serie de retos encima de la mesa que abordar para mejorar la situación de la gente sobre todos de aquella que está más dependiente de decisiones políticas porque tiene menos autonomía personal, cantidad de gente que depende de lo que se haga como consecuencia de leyes, etc. Lo ideal sería que no hubiera elecciones. Ahora, entre que no haya elecciones o que se forme un gobierno de trampantojo… pues creo que lo mejor es que vuelva a haber elecciones. ¿Qué va ocurrir en unas nuevas elecciones? Pues ya lo veremos. Yo de todas formas creo que no va a repetirse un resultado matemáticamente igual.

Esta incapacidad de diálogo en nuestra historia otras veces no se ha dado, por ejemplo, en la Transición o usted mismo en su época como secretario del sindicato CCOO ha tenido que dialogar y llegar a pactos con gente que a lo mejor no era de una gran afinidad ideológica pero fue posible llegar a acuerdos.

Los acuerdos tienen que ser con gente con intereses contrapuestos a los tuyos y muchas veces intereses defendidos desde una perspectiva vital e ideológica que no sean los tuyos. El interlocutor tiene que ser una persona así porque con los tuyos no tienes que negociar, por decirlo de alguna manera. A mí no me gustan las comparaciones, por algunas cosas, pero puede ser un ejemplo que ahora está todo el mundo poniendo de cómo se comportaron las elites políticas en la transición. Y eso está ahí encima de la mesa, yo creo que hicieron un trabajo fenomenal porque consiguieron una Constitución y un ordenamiento jurídico democrático que por primera vez en toda la historia de España, que tenemos una historia larga, asumió todo el mundo. Desde la izquierda hasta la derecha todos dijeron que sí, eso no ha pasado nunca en la historia de España y fue muy valorable.

Segunda cosa, yo creo que las circunstancias cambian porque cambia la gente, digamos que la gente que está ahora al frente de estas instituciones, al frente de las fuerzas políticas… pues son gente de otra generación y tiene otras percepciones que entonces. Lo digo porque yo era de la generación de la transición, había una gran percepción de vulnerabilidad porque nosotros sí sabíamos la diferencia entre vivir en un país atrasado y un país sin libertades y cómo vivían nuestros coetáneos y vecinos europeos. Entonces había una cosa clara en la cabeza de todo el mundo, que nosotros no queríamos seguir en un régimen sin libertades y en un país aislado. Desde el punto cultural, económico, social… esa percepción ha desaparecido afortunadamente, ¡afortunadamente! Digamos que la obra de aquellos señores ha culminado con una sociedad muy abierta y donde la mayoría de la gente no tiene una percepción de vulnerabilidad tan acusada como la que había entonces, eso conforma la cabeza de mucha gente de otra manera. Las comparaciones sirven para que la gente diga: pues hemos cosas y se pueden volver a hacer pero siempre con un asterisco debajo, suponiendo que las circunstancias y, por lo tanto, la conciencia de la gente fueran la misma.

Y ¿qué nos enseña para nuestra época actual?

Yo creo que ahora mismo hay una falsa sensación de que no pasa nada y aunque tiremos un poco de la cuerda, la cuerda no se rompe y creo que es una sensación falsa porque, sin correr los mismos riesgos que corríamos entonces de perder la libertad y perder la opción de mejorar, ahora corremos otros peligros porque está el mundo en una situación que no es precisamente cómoda. No me refiero solo al terrorismo yihadista, que es grave, sino al nivel económico mundial como consecuencia también de otros cambios que se han producido, pues están surgiendo muchas ideologías extremas muy populistas. Y lo puedes ver no solo en elecciones de ámbito europeo, qué partidos están subiendo a tocar poder. Por ejemplo en las elecciones en Sajonia o las que ha tenido Holanda o en otros sitios… pero es que en Estados Unidos un candidato a presidente es un señor con unas ideas peligrosas, me refiero a Donald Trump. Entonces, ¿qué es lo que ha ocurrido aquí? No sé, posiblemente igual que como te ponía en el ejemplo de la transición ha cambiado la conciencia de la gente. Durante la época de la Guerra Fría las sociedades occidentales, que eran sociedades libres, se cuidaban mucho por miedo a que se traspasara una ideología que pudiera convertir aquellas sociedades libres en sociedades no libres. Y en el momento en que desapareció la Guerra Fría digamos que esa presión que había sobre el centro que construyó el estado del bienestar dio estabilidad, la Unión Europea, que era fundamentalmente el centro izquierda y el centro derecha, parece que se ha volado y esa situación es muy peligrosa. Yo creo que esto debería de estar en la conciencia de la gente si hay que volver a votar.

Hace poco en Páginas Digital hemos hablado con uno de los protagonistas de la transición, Fernando Álvarez de Miranda. Él mostraba su preocupación por la situación actual, donde percibía mucha gente decepcionada por el deterioro de nuestra democracia.

Yo creo que hay un riesgo de que la gente crea que las instituciones democráticas no le defienden, no le dan seguridad, no le amparan como tiene que amparar a la gente una perspectiva vital medianamente segura. Por estas grietas que se abren es por donde se mete el populismo y se meten unas ideologías que son enemigas de la libertad y del progreso. Entonces es lógico que un señor como Fernández Miranda, que tuvo mucho que ver con la transición y una persona que puede contar su propia vida, que es muy interesante, pues tenga este miedo. Yo también tengo ese miedo, lo que pasa es que digamos contra el miedo no hay más vacuna que la acción. O sea, que desde el ámbito que tengamos cada uno podamos transmitir determinadas ideas para que la gente sea un poco reflexiva.

Fernández Miranda observaba también la necesidad de controles para que el sistema no se corrompa. ¿Hemos llegado a un momento donde los partidos se han convertido en un fin en sí mismo, como ha afirmado Nicolás Redondo Terreros?

Los partidos políticos han evolucionado porque la sociedad ha evolucionado y yo creo que los partidos políticos como representación mayoritaria de los intereses generales, que por eso son mayoritarios en Congreso de los Diputados y en el Senado, son los que deciden mediante normas votadas por todos los sistemas de control y muchas veces los sistemas de control se quedan viejos pronto porque la delincuencia avanza bastante más rápido que la policía. Eso es una cosa que tiene que estar encima de la mesa. Pero únicamente se puede hacer si desde dentro de la estructura de los partidos políticos se toman medidas para que allí no entre gente a decidir y a mandar que únicamente tenga como manera de vivir el tener un cargo político. Lo digo con toda claridad. Yo no creo que pueda ponerse en una lista para ser representante de la soberanía popular una persona que por muy brillante que sea no tenga al menos… seis u ocho años cotizados a la seguridad social para que no convierta esa actividad en una actividad…

En un “modus vivendi”.

Exactamente, eso sería una cosa muy importante en los partidos y eso no se arregla con una ley. Tú no puedes hacer una ley diciendo eso porque una ley de ese estilo de alguna manera chocaría hasta con libertades básicas como el derecho a ser elegido y elegible y es lógico que lo haya y hay que cuidarlo también, sin embargo, como norma interna por ejemplo de los dos o tres partidos más importantes del arco parlamentario… eso educa. Creo que ese tipo de cosas, lo digo al hilo del comentario de Nicolás, tiene que ver mucho con esas cosas. No se puede ser honrado porque lo diga la ley, porque la condición humana es la condición humana y entonces tienes que cuidarte de que la condición humana no haga de las suyas. Yo leí una frase de Indalecio Prieto, que fue una persona importante aunque luego tuvo algunos errores, hizo muchas cosas, algunas muy buenas y otras no tanto. Una vez que le preguntaron esto mismo cuando llego el Partido Socialista al gobierno en la Segunda República, le preguntaron cómo había que elegir a la gente más importante, la que tenía que tomar decisiones. Dijo: “yo creo que hay que elegir a las personas que veamos que son más honestas, más trabajadoras y más inteligentes y ponerles a trabajar, y el día siguiente mirarles como si fueran presuntos delincuentes”. Yo esa frase la leí hace años, y demostraba que al menos Indalecio Prieto era sabio porque la condición humana es la condición humana y tiene lo bueno y lo malo mezclado. Aquí tiene que haber normas evidentemente que impidan que no se gaste lo que no es de uno, que no se meta la mano en la caja pero sobre todo hay que convencer a las fuerzas políticas de que la regeneración tiene que cambiar desde dentro y eso no significa cambiar gente. Dicen ¡hay que cambiar gente, hay que poner caras nuevas! Yo creo que la edad tampoco es una enfermedad y no significa que se vaya a hacer de mejor o peor manera.

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