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10 DICIEMBRE 2018
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Abrahán o la irrupción de Dios en la historia

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Ignacio Carbajosa, catedrático de Sagrada Escritura de la Universidad Eclesiástica San Dámaso; Pedro G. Cuartango, periodista de El Mundo, y Daniel Sada, rector de la Universidad Francisco de Vitoria, dialogan sobre la importancia de la figura del personaje bíblico en la presentación de la exposición “Abrahá. El nacimiento del yo”.

La primera jornada de EncuentroMadrid 2016 se cerró con la presentación de la exposición central de la edición de este año, “Abrahán. El nacimiento del yo”. Una muestra que tiene como comisarios a Giorgio Buccelatti, arqueólogo y profesor de Historia y Arqueología del Antiguo Oriente Próximo en la Universidad de California en Los Ángeles, e Ignacio Carbajosa, biblista especializado en Antiguo Testamento, que ha destacado que “con Abrahán se acaba el politeísmo, termina la fragmentación y apropiación racionalista de la realidad. Dios llama a Abrahán, y esto cambia la dinámica humana: comienza una relación personal entre el Destino y el hombre”.

En un diálogo guiado por Rafael Gerez, presidente de EncuentroMadrid, Carbajosa y Pedro Cuartango, periodista de amplio recorrido y columnista de El Mundo, han dialogado sobre la contemporaneidad de la figura de Abrahán: “Yo no soy un católico, si bien la religiosidad tiene una gran importancia en mi vida. Pero reconozco la inmensa fe de Abrahán y su relevancia última: con él comienza el monoteísmo y, por tanto, la conciencia individual, y con su salida de Ur se produce un cambio en la historia”.

“¿Por qué hablar de un personaje que vivió hace 4.000 años? ¿Qué tiene que enseñarnos un pastor nómada? ¿Y qué tiene que ver con Europa?”, preguntaba Gerez a los ponentes. “La exposición se titula ‘el nacimiento del yo’ porque para volver a construir (también en Europa) tenemos que renacer”, ha explicado Carbajosa. “Todos tenemos la experiencia de un yo fragmentado, que tiene libertad para todo menos para hacerse las preguntas últimas sobre su existencia”. Un punto dramático en el que también ha coincidido Cuartango, cuya sed de respuestas le ha llevado a plantearse, una y otra vez a lo largo de su vida, este grito: “Me sorprende que vivamos en un mundo donde se acalla la pregunta por el sentido. Las grandes cuestiones de la vida, como la muerte, el dolor o la soledad, son temas tabú. Es difícil plantear unas cuestiones así en una sociedad en la que prima el espectáculo y la representación, y esa es la causa última de nuestra frustración”. Para el periodista, este vivir de espaldas a las exigencias ha provocado “una especie de nihilismo” que ha derivado en un “materialismo y una frivolidad que recuerda a las grandes ideologías del siglo XX”.

¿Pero cómo un acontecimiento histórico puede marcar la naturaleza humana? Contesta Carbajosa: “Lo divino, entrando en la historia, cambia lo humano”. Responde también Luigi Giussani en leves pero grandiosos mensajes a lo largo de la exposición: “Sólo un acontecimiento, no un análisis, no un razonamiento, puede fundar el yo“. El Destino ya no es un ente opaco que hay que intentar traducir, sino que Dios se comunica con el hombre, y lo hace comunicándole su voluntad, encargándole una tarea: “El Señor dijo a Abrahán: «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra” (Gen 12, 1-3).

En la exposición se delinean los factores característicos de este nuevo yo que rompe los esquemas mesopotámicos: es un yo en relación, un yo que se constituye por una llamada, de forma que si alguien le hubiera preguntado a Abrahán quién era, habría dicho: “Yo soy tuyo, yo soy de ti”; es un yo que tiene una responsabilidad, un trabajo, un objetivo, y por ello nada es inútil, sino que todo está salvado porque el único trabajo del hombre es responder a Dios; es un yo protagonista del tiempo y de la historia, que ya no puede concebirse como cíclica, pues hay una novedad: hay una promesa y una serie de acontecimientos que verifican esa promesa a lo largo del tiempo; y, por último, es un yo que se concibe dentro de un pueblo. En ese sentido, Cristo es el verdadero descendiente de Abrahán: en él convergen todos los factores del yo.

La presentación de la exposición ha contado con la introducción de Daniel Sada, rector de la Universidad Francisco de Vitoria, patrocinadora de la muestra. “Somos una universidad católica que quiere entender qué significa eso: queremos saber qué antropología subyace a las disciplinas que impartimos en las aulas. En ese sentido nos sentimos vinculados a la exposición de Abrahán: somos buscadores de la verdad, una verdad poliédrica y sinfónica que sólo podemos reconocer porque se nos ha revelado. Somos fruto de ese encuentro de Abrahán con el Dios de la Alianza”.

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