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7 DICIEMBRE 2016
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El voto menos útil para el constitucionalismo, el voto a Rosa Díez

Fernando de Haro

En Galicia el cambio de Gobierno es una cuestión de libertad. Y una de las libertades más decisivas es la libertad educativa. Con el Gobierno del bipartito,  Galicia es una de las Comunidades Autónomas que menos dinero dedica a la financiación de la enseñanza concertada. Según datos del Ministerio de Educación de 2006, con el Gobierno de Touriño y Quintana se dedicó un 13 por ciento del presupuesto a la educación de iniciativa social cuando la media está en el 17 por ciento y hay Comunidades Autónomas que llegan al 30 por ciento. Este mismo año el Gobierno de los socialistas y del BNG ha decidido suprimir las ayudas a aquellos colegios que separan niños y niñas, les quitan así a los padres la posibilidad de elegir la enseñaza que quieren para sus hijos.

Esa tendencia a sofocar la libertad se ha expresado, por ejemplo, en el decreto que ha fijado en Galicia el contenido de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Publicado en el Diario Oficial de Galicia el 13 de julio de 2007, establece como criterio de evaluación la comprobación de "si las alumnas y los alumnos entienden y aceptan la propia identidad como algo construido y no dado, que es posible redefinir". Pura ideología de género. De la libertad educativa a la lingüística. El tristemente famoso decreto 124/2007 para la promoción del gallego en el sistema educativo ha supuesto, como viene denunciado Galicia Bilingüe, una imposición. Establece que el 50 por ciento de la enseñanza se imparta como mínimo en gallego y el 50 por ciento como máximo en castellano, lo que en la práctica reduce también la capacidad de elección.

Y de la libertad lingüística a la económica. Según el estudio de Libertad Económica en las Comunidades Autónomas, dirigido por el profesor Francisco Cabrillo, Galicia está en estos momentos en el furgón de cola, sólo hay menos libertad en Extremadura y en Andalucía. La Comunidad gobernada por Touriño tiene un alto nivel de intervención en el sector público. Las encuestas reflejan una situación de empate; si se quiere propiciar un cambio de Gobierno, no se puede perder un solo voto en opciones testimoniales. Una victoria del PP en Galicia tendría además la virtualidad de hacer retroceder la alianza entre socialistas y nacionalistas que tan perniciosa ha sido en los últimos seis años.

En el País Vasco esa alianza entre nacionalistas y socialistas después del 1 de marzo, a pesar de lo que muchos pronostican, no es algo inevitable. Todas las encuestas apuntan a que el tripartito de Ibarretxe no va a contar con mayoría absoluta. Paxti López se ha pasado la campaña y la precampaña diciendo que un acuerdo entre el PSE y el PNV es cosa del pasado. Eso no le va a impedir desdecirse. El PNV es el principal aliado de Zapatero en el Congreso de los Diputados y va a hacer valer ese apoyo en Madrid para no abandonar Ajuria Enea. Va depender mucho de si el PSE obtiene más escaños o al menos más votos que el PNV (27 diputados sería un excelente resultado) y de si el PP se mantiene en los 15 diputados. En las últimas elecciones generales el PSE consiguió subir más de 110.000 votos y muchos de ellos le llegan del PNV.

Con un PSE ganador y un PP fuerte, la alianza entre nacionalistas y socialistas se haría moral y políticamente más difícil. Para los votantes socialistas de otras partes de España, por ejemplo Andalucía y Castilla La-Mancha, sería difícil asumir que en el País Vasco se opta por la fórmula catalana. Si el resultado es bueno para los socialistas podrían gobernar con el apoyo de un PP que no entrara en el Gobierno. En cualquier caso, para que una fórmula de este tipo o similar sea posible, es necesario que el resultado para el PP sea bueno. Y el gran inconveniente para que el resultado del PP sea bueno es un avance de UPD. En el partido de Rosa Díez piensan que pueden obtener entre un escaño y  tres. Es impensable, por la historia de la líder de UPD, que ya ha sido consejera con un lehendakari nacionalista, un tripartito "constitucionalista". La fragmentación del constitucionalismo empujaría  aún más a Paxti López hacia los brazos del PNV.

España cambiaría bastante si el acuerdo entre socialistas y nacionalistas fuera una excepcionalidad catalana. Para que no se repita en Galicia y en el País Vasco, para frenar el avance del nacionalismo, el voto menos útil es el voto a Rosa Díez.

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