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7 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Alejandro Llano

"La situación se explica porque no se toleran los grupos pre-políticos"

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
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Alejandro Llano, el que fuera rector de la Universidad de Navarra, está convencido de que la situación política que vivimos es consecuencia de la situación cultural. El discurso es pobre, la sociedad civil no se vertebra.

Llevamos varios meses con el Gobierno en funciones, saltan nuevos casos de corrupción a diario... ¿Cómo valora la situación que atraviesa España?

La situación política de España es penosa. Después de tantos años, no ha cuajado en nuestro país una cultura democrática que permita, además de la gestión justa y eficaz de los asuntos públicos, una capacidad de diálogo que permita resolver estas situaciones de estancamiento. La causa de fondo no es económica ni estrictamente política: es cultural. Por estos pagos, se sigue despreciando la cultura, lo cual empobrece el discurso público hasta límites increíbles, y no facilita un diálogo riguroso y sosegado que abra camino a actitudes de cooperación.

¿Por qué existe ahora esta incapacidad de diálogo entre las fuerzas políticas, cuando en otras épocas se ha superado? ¿Cómo cree que se podría superar?

En otras épocas, el reparto de las fuerzas políticas en presencia facilitaba el diálogo, porque había casi siempre dos sectores principales que prácticamente no necesitaban dialogar, porque gobernaba el grupo mayoritario y el segundo hacía una oposición que pretendía que no fuera excesivamente radical, para que no sufriera otro tanto cuando el resultado de las votaciones se invirtiera. Nuestros políticos, mal que bien, han aprendido a gestionar el bipartidismo, pero un pluripartidismo les viene grande. Se ha despreciado la cultura política, porque nuestros representantes públicos no están suficientemente formados en ciencia y filosofía política. El discurso político de nuestro país es pobre y rígido. De él no va a salir nada mejor de lo que estamos viendo (y sufriendo).

En una entrevista a este periódico, Alberto Galiana decía que la política es más que los partidos, pero que “en España no se ha desarrollado una potente sociedad civil que complemente el sistema de partidos”. ¿Qué papel juega la sociedad civil en este momento, más allá de votar en el caso de que haya nuevas elecciones?

La sociedad civil no se refuerza, ni siquiera llega plenamente a constituirse, porque ha de tener una índole cultural y social que en la Piel de Toro se desprecia, no se valora, ni siquiera se entiende. No basta con querer tener una sociedad civil potente. Los que lo han intentado sufrieron el ataque de los políticos profesionales y de las fuerzas económicas. En España hay una política pobre y una economía con pocas ideas. Estas son las dos grandes fuerzas que conducen al país. Si aparece otra instancia, como es la sociedad civil, ambos bastiones hacen todo lo posible por disolverla. Quien haya vivido los primeros lustros de la Transición y haya intentado crear esos núcleos pre-políticos y pre-económicos, que son la infraestructura de la democracia, habrá experimentado que las fuerzas en presencia (casi siempre incultas y egocéntricas) no toleran la existencia de grupos de pensamiento y acción pre-política. Mientras eso no se consiga, la situación política española será precaria y nos llevará a tesituras peligrosas.

En otra entrevista de Páginas Digital, Fernando Álvarez de Miranda afirmaba que "habría que recuperar el espíritu de concordia suficiente para poder vivir en la democracia parlamentaria", pero que las nuevas generaciones no creen en el sistema parlamentario. ¿Cuáles son los desafíos de las nuevas generaciones? Es decir, sin haber vivido una dictadura ni haber experimentado la falta de libertades, ¿cómo pueden recuperar el deseo de concordia?

Que yo sepa, en la España contemporánea nunca ha florecido el espíritu parlamentario. Los mismos parlamentos están manipulados por grupos de presión y grupos económicos. Pero, ¿quién enseña lo que es un parlamento y cómo ha de funcionar? Por estos pagos, menospreciamos la educación, y especialmente la educación política. La expresión "vocación política" provoca sonrisas y hasta risas. Cuando no se trata de la pura y simple corrupción. Un parlamento con ribetes y elementos corruptos no puede educar en el diálogo a sus componentes. Los que lo han intentado saben bien que un intento de esta índole suscita sonrisas escépticas, cuando no críticas airadas, y hasta ajustes de cuentas. Muchos nos extrañamos de que se extrañen. ¿No conocen las fuerzas dominantes? ¿No colaboran con ellas o, al menos, tratan de no enfrentarse con quienes llevan la voz cantante? Entonces...

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