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8 DICIEMBRE 2016
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Si no es Trump, ¿qué?

David Brooks | 0 comentarios valoración: 3  85 votos
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Todo apunta a que Donald Trump va a conseguir la nominación republicana para las elecciones presidenciales. Así que, ¿qué se supone que tenemos que hacer aquellos a los que nos horroriza esta perspectiva?

Por supuesto no lo que los líderes del Partido Republicano están haciendo. Ellos están esperando dócilmente a que llegue una tranquila convención. Parecen inconscientes de que este es un momento al estilo Joe McCarthy. La gente será juzgada por dónde están en este tiempo. Aquellos que han ido con Trump estarán contaminados para siempre por la degradación de los estándares y la masacre de las elecciones generales.

El mejor camino para todos nosotros -republicanos, demócratas e independientes- es dar un paso atrás y mirar más a largo plazo, y a partir de ahí empezar a construir. Estas elecciones -no solo por el fenómeno Trump, también por el ascenso de Bernie Sanders, nos han recordado cuánto dolor hay en el país. Según Pew Research Poll, el 75% de los votantes de Trump creen que la vida ha empeorado para la gente como ellos en el último medio siglo.

Este declive se suma a otra terrible estadística social. La ratio de suicidios ha aumentado en 30 más cada año, un signo indudable del generalizado aislamiento social. Una cifra récord de americanos cree que el sueño americano está fuera de su alcance. Y para los milenials, la confianza social está en mínimos históricos.

El éxito de Trump ha surgido de este dolor, aunque él no es el responsable de eso. El trabajo para el resto de nosotros es averiguar la respuesta adecuada.

Esto significa, primero, que es necesario atender este dolor. Me ha sorprendido el éxito de Trump porque había caído en un mal modelo, gastando gran parte de mi vida en aburguesarme en círculos profesionales de gente con similar estatus que yo. Esto conlleva un acto de voluntad para reemplazarse a sí mismo e ir donde te sientes más cómodo. Pero esta columna es un intento de hacer eso sobre los próximos meses y años. Todos tenemos alguna responsabilidad a la hora de hacer cualquier actividad que se eleve por encima del abismo de segmentación que aflige a este país.

Probablemente necesitemos una nueva historia nacional. Hasta ahora, la historia de América ha tenido la versión del pobre que se hace rico, el individuo solitario que crece desde el fondo con coraje y trabajo. Pero esa historia ya no funciona, sobre todo para la gente que piensa que el sistema está amañado.

Yo no sé cómo será la nueva historia nacional, pero quizá es menos individualista y más redentora. Quizá es una historia sobre comunidades que curan a aquellos que sufren adicción, hogares rotos, traumas, prisión y pérdida. Una historia de aquellos que triunfan sobre la soledad, la inestabilidad social, tan comunes hoy en día.

Probablemente necesitemos también una nueva definición de masculinidad. Hay muchos grupos en la sociedad que han perdido un imperio pero no han encontrado todavía su función. Los hombres son los más numerosos en estos grupos. El tradicional ideal masculino ya no funciona. Lidera las tasas de abandono, las de encarcelamiento, y tiene los índices más bajos de participación en el mercado laboral. Esta es una economía que recompensa la conexión emocional y la expresividad verbal. En todas partes se ven hombres impresionados por el viejo, reticente y estoico ideal.

Necesitaremos reconstruir el significado de que estamos todos juntos en esto. El autor R.R. Reno ha argumentado que lo que estamos viviendo en este tiempo es una "crisis de solidaridad". Mucha gente, como señalan los escritores David y Amber Lapp, se siente traicionada por los fines lucrativos de una formación laboral que les dejó repletos de deudas, por sus cónyuges y padrastros, por la gente que consigue beneficios federales sin trabajar. Estos dejaron de esperar lealtad por parte de sus propios empleadores. Las grandes luces intermitentes dicen: NO FIARSE. Esto conduce a una mentalidad de "todos fuera de sí mismos" auspiciada por las políticas de Trump. Necesitaremos construir sentimiento comunitario.

Quizá la tarea es construir una escala de esperanza. La gente de toda América se ha caído por las grietas. Sus hijos están sin rumbo. Trump, para su orgullo, les hizo visibles. Podemos empezar por el nivel personal solo escuchándoles hablar.

Después, a nivel de la comunidad, podemos escuchar a los que ayudan. James Fallows hizo historia reciente en el Atlántico, donde puso de manifiesto que, mientras nosotros tenemos deficiencias a nivel nacional, se pueden ver renaceres locales salpicados por todo el país. Fallows se preguntaba: "Qué hace que este pueblo funcione?". Y encontró locales patriotas creando escuelas, festivales de arte, colaboraciones públicas y privadas para enseñar, dicen, informática a los que abandonan los estudios.

Así que la solidaridad puede ser reavivada a nivel nacional. En el transcurso de la historia de América, proyectos nacionales como la legislación ferroviaria o el proyecto de la NASA han amarrado esta nación tan diversa. Por supuesto, estos proyectos pueden hacerse otra vez, quizá a través de un programa de servicio nacional, o algo así.

Trump tendrá su espantoso momento. El tiempo está mejor gastado en cualquier otro sitio, encontrando a los vecinos que se han convertido en extraños, y escuchando lo que ellos tienen que decir.

New York Times

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