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3 DICIEMBRE 2016
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Continúa el martirio del pueblo sirio

Robi Ronza | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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Una sarta de hipocresía en la cara de los directamente interesados, manipulando la buena voluntad y los buenos sentimientos de mucha gente. Este sería en síntesis el juicio que se puede dar, llegados a este punto, sobre la gestión de la emergencia de los refugiados. Por un lado, los países de la Unión Europea no afrontan, sino que más bien exasperan la situación y la crisis que ha dado origen a estos éxodos; y por otro, con la política del traslado preestablecido de los inmigrantes en mar abierto de las barcazas a las naves “de socorro”, dan un apoyo estable a un sistema criminal de tráfico de seres humanos que por su naturaleza provoca masacres de inocentes.

Sigue ahí toda la competencia y dedicación de los equipos de las naves enviadas “de socorro” y el traslado en mar abierto con embarcaciones sobrecargadas de gente agotada y desesperada, que tiende a acabar en tragedia. No en vano a veces es precisamente la nave “de socorro” al acercarse la que provoca la catástrofe. De hecho, al verla, nadie puede impedir que los refugiados que se amontonan en su barca corran a colocarse todos en un mismo lado hasta provocar el vuelco o casi el hundimiento.

Entonces hay quien se salva y quien perece, pero un cierto número de víctimas resulta siempre inevitable. Luego se encienden las cámaras y quizás se suscite cierta conmoción por la pequeña huérfana lactante que toma el biberón en brazos de una mujer vestida de uniforme. Una conmoción natural y obligada, pero que no debería impedirnos exigir las razones de un sistema a causa del cual la muerte en el mar de la madre y de la niña no es un incidente imprevisible sino más bien la consecuencia inevitable de decisiones erróneas. Sin quitarle nada a los méritos de los que se acercan a hacer estos rescates, queda intacta la responsabilidad de los gobiernos que con esta política no solo no hacen frente al tráfico de seres humanos sino que más bien les aseguran un desarrollo constante. Del mismo modo que queda intacta la responsabilidad de los directores de los telediarios que convierten en espectáculo la historia de estos náufragos sin ayudar nunca a su público a entender qué se podría hacer para evitarlo.

Luego está la responsabilidad específica respecto al caso de Siria. “La retórica sobre los refugiados que huyen de la guerra siria resulta hipócrita si al mismo tiempo se sigue provocando el hambre, impidiendo la asistencia sanitaria, negando el agua potable, el trabajo, la seguridad, la dignidad a los que se quedan en Siria”, afirman los obispos sirios de Alepo y el Custodio emérito de Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa, en un llamamiento que por desgracia ha pasado bastante inadvertido contra la renovación de las sanciones de la UE en contra de Siria. Sanciones que no sufre ni el gobierno de Assad ni sus opositores armados, sino más bien la población civil. El “no” de un solo estado miembro habría bastado para evitar su renovación durante otro año más, hasta el 1 de junio de 2017. En cambio, de manera callada, el Consejo europeo así lo ha votado por unanimidad, mientras la atención de los medios estaba totalmente dedicada al G-7 reunido en Japón y al discurso de Obama en Hiroshima.

Sin que eso baste para justificar la duplicidad y las censuras que caracterizan su política en esta materia, ahí queda sin embargo el hecho de que con el “Migration Compact” que el gobierno italiano de Renzi ha propuesto a Bruselas, este país ha adoptado al menos una iniciativa que merece atención en lo que se refiere al problema de los refugiados. Aunque solo se refiera al África subsahariana, este documento toma por fin en consideración el fenómeno en su conjunto, sin reducirlo a la cuestión del pronto socorro y de la acogida a quienquiera que llegue a pisar territorio de la UE. En este papel se dice algo nuevo, a pesar de que solo se circunscriba a la región subsahariana, si bien es cierto que es desde esa parte del mundo desde donde llegan ya hoy, y así seguirá siendo en el futuro más inmediato, la mayoría de los inmigrantes.

De todas formas, las propuestas aquí contenidas hay que agarrarlas con pinzas, en primer lugar porque asignan un papel clave a los gobiernos de los países de origen de los inmigrantes, que ya se sabe son poco de fiar, pero en todo caso se vislumbra una novedad positiva. A la guerra como causa del éxodo sirio, el “Migration Compact” solo hace una mención, casi como si fuera un fenómeno meteorológico, y tampoco se aborda de manera adecuada el caso de los inmigrantes que proceden del Cuerno de África, huyendo de países donde el gobierno no existe o no merece ningún crédito. Los límites de esta iniciativa son por tanto evidentes, pero aun así hay que reconocer que nos encontramos ante algo nuevo que podría suponer un punto de inflexión.

Aunque este documento hace aún más absurda la decisión de Renzi de apoyar a los que han querido renovar las sanciones contra Siria, dando así un nuevo impulso al terrible éxodo que en el África subsahariana parece querer frenar. En cualquier caso, el “Migration Compact” puede ser un punto de partida para un debate serio en la sede europea, al menos eso sería lo deseable.

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