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7 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a José María Marco

"Los partidos deben asumir la nueva situación; se abre una gran oportunidad"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  13 votos
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José María Marco reflexiona para Páginas Digital sobre lo acontecido el pasado 26-J. Marco insiste en la necesidad de que los partidos lleguen a acuerdos, interioricen la dimensión nacional de la política y consoliden las reformas que necesita el país.

¿Qué valoración hace de los resultados de las pasadas elecciones del 26-J?

Muy buena. Lo más importante es que España ha sido el primer país europeo que ha parado en seco la ola nacional populista que se ha llevado por delante, por ejemplo, la integración de Gran Bretaña en la Unión Europea. España ha dado un ejemplo extraordinario: a los nacional populistas se les para democráticamente, sin necesidad de alzar el tono, sin histerias, sin irse a ningún extremo. Y también ha sido muy importante el respaldo al PP y la reafirmación del bipartidismo. Ha salido reforzado el sistema, la Monarquía parlamentaria, las instituciones surgidas a partir de la Constitución. Por lo mismo, también se ha empezado a cerrar el nuevo capítulo “regeneracionista” de la historia reciente de España, aquel que preconizaba volver a rehacerlo todo de nuevo, una nueva Transición, un nuevo país, una refundación de España. Nada de eso quiere decir que no sigan existiendo otros problemas, muy graves.

Ante este escenario todos los partidos constitucionalistas deben ceder en parte, obviamente más los que han perdido las elecciones, pero ¿qué sacrificio razonable se le puede pedir al PP, PSOE y a C´s?

No me gusta la palabra sacrificio en ningún orden de la vida, y menos en política. Entre otras cosas, porque nunca se sabe a quién se sacrificará. Los pactos –imprescindibles– van a requerir una evaluación de los problemas: la cuestión territorial, la financiación autonómica, el déficit del Estado, la educación, la defensa y la seguridad, etc. Los partidos deben dejar atrás posiciones maximalistas y encontrar posiciones que contribuyan al bien de todos, al bien común, y también al refuerzo de las instituciones y la consolidación del sistema. Es lo que se les ha invitado a hacer. Y no debería ser tan difícil. La verdad es que no entiendo por qué piensan que esto es menos interesante y beneficioso para ellos que la guerra de desgaste permanente. Quizás porque eso les evita (particularmente al PSOE) afrontar las reformas internas necesarias.

Al mismo tiempo, la situación actual es ocasión para que estos partidos construyan algo juntos y se supere la insoportable dialéctica que ha dominado la vida política española en los últimos años. ¿Qué podemos construir juntos? ¿Será posible hacerlo?

Lo que se les debe –y se les puede– pedir es que asuman la nueva situación: la necesidad de pactar ante los nacional populistas y los nacionalistas independentistas; la necesidad de interiorizar la dimensión nacional de la política; la necesidad de consolidar reformas que han sido provechosas para todos y continuar otras que son imprescindibles… En realidad, el escenario abre una gran oportunidad que los españoles han ofrecido a sus políticos.

A corto plazo el peligro de un gobierno con Podemos parece alejarse pero es probable que a largo plazo no sea definitivo. ¿Por qué ha caído Podemos, con sus confluencias? ¿Qué pasos se deben dar para evitar que crezca el populismo?

Porque los españoles los han visto actuar en algunos Ayuntamientos y en algunas Comunidades. Por el desastre del Brexit. Porque los españoles han recuperado la prudencia que parecían haber perdido en los últimos tiempos. Y porque no están a la altura de la sociedad española, mucho más compleja, rica y diversa. Para acabar con ellos hay que seguir con las reformas, no detener el crecimiento y articular un marco inteligible para la vida política.

¿Es casualidad que donde gana Podemos sea Cataluña y País Vasco? ¿Podría tener algo que ver con la educación?

Podemos es el resultado de una pulsión nacional populista (como Trump, Le Pen, Farage y tutti quanti) que exalta el cierre de fronteras, odia la globalización y la libertad, detesta la autonomía de las personas, las empresas y los grupos sociales y quiere acabar con cualquier rastro de expresión y de riqueza social: medios de comunicación, asociaciones, creencias religiosas… Ahora bien, en España, el nacionalismo, tal como lo expresan estos movimientos, no puede existir. Aquí no tenemos movimientos de ultraderecha, que es lo que la pulsión nacional populista en versión Podemos traduce con su proyecto de infantilización izquierdista de la sociedad española. En cambio, sí se da allí donde existen movimientos nacionalistas. Esos territorios están preparados para recibir a Podemos: son su lenguaje natural. Y es allí donde van a seguir triunfando.

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