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11 DICIEMBRE 2016
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De qué hablamos cuando hablamos de libertad religiosa

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En el espacio del Meeting dedicado a “Mapas: pedazos de guerra y vías de paz”, a cargo de Monica Maggioni, presidenta de la RAI, la periodista italiana entabló un diálogo con Brian Grim, presidente de la asociación americana Religious Freedom & Business Foundation. El punto de partida de la conversación con el sociólogo americano se situó en los estereotipos más difundidos sobre esta cuestión: ¿la religión es factor de desarrollo o fuente de conflictos?, ¿qué relación tiene la religión con el terrorismo?, ¿hacen falta medidas restrictivas o permisivas?

«El mayor desafío actualmente ante la cuestión religiosa es el terrorismo que lleva a la gente a decir que el problema es la religión y no los que eligen el mal». A partir de esta aseveración, Grim, considerado el principal sociólogo de las religiones contemporáneo, señaló que a nivel global está creciendo una población laica que no posee ninguna cultura religiosa y que nunca podrá conocer los aspectos positivos de los diversos credos, lo que hace que muchos piensen que la religión es el problema y no la solución.

Al conocer de cerca el contexto del mundo islámico, emerge un escenario muy distinto, que Grim abordó refiriéndose a sus estudios de veinte años en ámbitos de cultura musulmana. «La población de religión islámica presenta la tasa de crecimiento más rápida del mundo, es una población joven y numerosa que en 2050 alcanzará la cifra de cristianos en el mundo. Solo el 20% vive en Oriente Medio, el resto de fieles está muy repartido».

El sociólogo también hizo referencia a la China, donde la mitad de la población ya ha vuelto a las religiones del periodo anterior al comunismo. «Si China hubiera siguiendo reprimiendo el factor religioso, no habría dado todos estos pasos adelante». La religión acompaña por tanto en más de una ocasión el crecimiento, también económico, no es pues un factor de ralentización del desarrollo.

«El profesor Grim nos ha dibujado un cuadro muy diferente al que estamos acostumbrados a oír aquí, en Occidente. Por ejemplo, ¿cuántos de los presentes en la sala ha oído hablar de la Declaración de Marrakech?». Esta pregunta sirvió para introducir el video-mensaje enviado al Meeting por el jeque Abdallah Bin Bayyah, al no poder viajar a Italia por motivos de edad y de salud. En el video, el jeque ilustra la Declaración de Marrakech de enero de 2016, de la que ha sido el principal promotor, un documento con el que el mundo árabe ha querido, después de años de trabajo, estudio e investigación, señalar las verdades ya declaradas por el mismo Mahoma en la Carta de Medina sobre los contenidos del Corán.

Se trata de «una serie de principios conformes a la ciudadanía contractual constitucional, como la libertad de movimiento, la propiedad, la solidaridad mutua y la defensa, así como la justicia y la igualdad ante la ley. Creemos haber puesto <b>bases sólidas para el desarrollo pacífico de nuestros países</b>», afirmó Bin Bayyah. Sin duda se trata de un documento que, no sin una buena dosis de coraje, afirma que los miembros de una misma nación gozan todos de igualdad jurídica, y tienen los mismos derechos y deberes, independientemente de su pertenencia religiosa.

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