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6 DICIEMBRE 2016
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En medio del genocidio, el canto

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  30 votos
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“Es un genocidio, lo que están sufriendo los cristianos en Oriente Próximo es un genocidio en el sentido técnico de la palabra, tal y como se usa en el derecho internacional. Un millón de cristianos han tenido que abandonar sus casas en Siria y otro millón en Iraq”. Jan Figel, enviado especial de la Comisión Europea para la promoción de la libertad de religión  fuera de la Unión Europea, no se exalta en el Meeting de Rimini  al hacer una afirmación tan fuerte pero es contundente. Figel, de origen eslovaco, ocupa un puesto de reciente creación en Bruselas. Un puesto que refleja hasta qué punto las cosas han cambiado en la Comisión, cómo hay una nueva sensibilidad sobre la necesidad de proteger la libertad religiosa. El enviado especial invita al parlamento italiano (suponemos que también al español) a declarar genocidio la persecución de los bautizados de Oriente Medio,  como ya han hecho el parlamento europeo, el parlamento británico, el de Australia y la secretaria de Estado de Estados Unidos. Es un genocidio que repite lo sucedido hace un siglo en Armenia. Figel está impresionado por lo que ha visto en los dos últimos días en el Meeting de Rimini. Destaca algunos de los testimonios, especialmente la experiencia APAC en las cárceles brasileñas, y hace suyo el lema del encuentro de Comunión y Liberación: tú eres un bien para mi. “El lema de este Meeting expresa lo que asegura la Carta de las Naciones Unidas de 1948, donde hay muchos derechos y el deber de fraternidad”, señala Figel. La libertad de religión y la libertad de cambiar de religión son de los primeros derechos. “Hay tres zonas en el mundo en las que son especialmente atacados: Oriente Medio, el Sudeste Asiático y  África Septentrional”, añade. Las formas de conculcación de esta libertad fundamental varían: sistema de castas, leyes antiblasfemia y un largo etcétera. Figel, que asumió su responsabilidad al tiempo que se le concedía el premio Carlomagno a  Francisco, cree que el papa encarna el espíritu de fraternidad de la Unión Europea.

Junto a Figel ha hablado uno de los testigos del genocidio. El padre Fieras Lufti, de la parroquia y del convento de los franciscanos en Alepo. Sorteando no pocos  riesgos,  el fraile francisco ha podio salir de la ciudad siria martirizada. “Alepo –señala el padre Fieras- es en este momento una ciudad arrasada. Falta de todo, agua, comida, electricidad. Vivimos bajo las bombas”. El fraile acompaña sus afirmaciones con fotos que ha tomado desde la ventana de su estudio. En una de esas imágenes aparece reconstruyendo el marco de una ventana. La ventana da uno de los patios del convento. Hace un mes   estalló en el alfeizar un alfeizar. Unos pocos centímetros más y se hubiese colado en una gran habitación en la que se encontraban refugiados decenas de vecinos de Alepo. “Mi tarea es reconstruir, nosotros somos reconstructores   en medio de las bombas”, señala Lufti. Los franciscanos mantienen el único colegio de sordomudos abierto de Alepo. Y este verano han organizado un campamento de verano en el convento. Mientras las bombas siguen cayendo, en el patio atacado  días antes, un grupo de chichos y chicas cantaban en un escenario adornado con globos, quién sabe de dónde los han sacado. “Quiero oir la campana de mi colegio, quiero cantar, quiero vivir en paz”, dice la la letra de la canción. “Para los niños es muy importante una actividad como el campamento de verano, porque son niños, necesitan jugar”. Necesitan algo más que esas bombas que se oyen mientras juegan. En medio del genocidio la vida sigue, la vida se afirma con tenacidad. Los padres franciscanos han creado un oasis en medio del infierno. Y el padre Fierras recurre a la encíclica Spe Salvi para explicar lo que sucede en su convento: “el mensaje cristiano no es solo informativo sino performativo. El evangelio no es, sobre todo, una comunicación de cosas que se pueden saber sino una comunicación que produce hechos que cambian la vida”. En medio del Genocidio, el canto. Así nace la pequeña esperanza.

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