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23 JUNIO 2018
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Viene de Venezuela el nuevo "Papa negro"

Luis Badilla | 0 comentarios valoración: 3  277 votos
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Fue una verdadera sorpresa la elección del jesuita Arturo Sosa Abascal como 30º sucesor de san Ignacio de Loyola. Lo primero que llama la atención es que sea latinoamericano, un venezolano, y que en varios momentos su biografía es muy semejante a la de Jorge Mario Bergoglio. Muchos esperaban un italiano o un asiático y casi nadie había pensado en un jesuita de América Latina. El nuevo responsable es el primer latinoamericano desde la fundación de la Compañía en 1540, y todos le reconocen dos cualidades fundamentales: gran capacidad de escucha y gran capacidad de discernimiento.

A primera vista también resulta sorprendente que se haya elegido a un sacerdote cuya formación intelectual y política es muy sólida, profunda y extensa. Sus hermanos han dicho siempre que él “sabe leer el mundo”. Eso hace pensar que los jesuitas han elegido un nuevo Superior General no solo para gobernar la Compañía sino también para leer el mundo, su presente incierto, insidioso y turbulento, y sobre todo para leer los signos de los tiempos y de la esperanza.

El padre Sosa, fundado en una reconocida espiritualidad, ha dedicado gran parte de su vida a estudiar el poder y sus mecanismos, no solo porque considera que es la forma más alta y noble de servicio, como a menudo recuerda el Papa Francisco, sino también porque el poder es precisamente el embudo que puede facilitar u obstaculizar las aspiraciones humanas a la libertad, la dignidad y la realización de las personas y de los pueblos. Muchas de sus reflexiones se acercan notablemente a la visión de pueblo que tiene Francisco y como hijo de América Latina su sensibilidad en el ámbito de los derechos es particularmente aguda, a flor de piel.

La elección del padre Sosa, el primer responsable no europeo en cuatro siglos, con toda probabilidad marca también un cambio de rumbo en la Compañía de Jesús. Por una parte, parece implicar que los jesuitas se encaminan hacia una fidelidad sólida con el destino del papado pero conservando al mismo tiempo una autonomía afable, capaz de marcar también desacuerdos o visiones alternativas. El Papa Francisco tendrá en el padre Sosa un apoyo sólido y leal, como siempre hicieron los jesuitas con los Papas (a los que, como es sabido, están unidos de una manera especial), y al mismo tiempo una voz autorizada de referencia.

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