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19 NOVIEMBRE 2017
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>Entrevista a Valentí Puig

'Con política de calidad, rigor e imaginación, la demagogia de Podemos tal vez vaya perdiendo fuelle'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  280 votos
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Hablamos con Valentí Puig sobre el debate de investidura y la próxima legislatura. El escritor valora positivamente el rol arbitral de Javier Fernández.

¿Qué podemos esperar del debate de investidura?

Supongo que es una cuestión de acentos y simulaciones más que de contenidos. En la primera sesión, el candidato no puede arremeter contra el PSOE y el PSOE tiene que ir justificando como pueda su abstención en la segunda sesión. Previsiblemente, Podemos va a dirigir toda su artillería contra la “entente” para la investidura. Es decir, la abstención socialista en segunda vuelta. Por parte del PSOE tiene interés ver cómo se expresará su portavoz, Antonio Hernando, para prologar la abstención de su grupo parlamentario después de haber sido portavoz del “no” en tiempos de Pedro Sánchez. En fin, habrá un bloque central complementado con Ciudadanos y todos los populismos –nacionalismo hirsuto e izquierda radical– conjurados contra la investidura. Lo tienen fácil pero a veces los excesos salen caros y las formas parlamentarias están ahí por razones obvias. Al haberse producido la investidura tiene lógica que inmediatamente el PSOE corte amarras con la “entente”. Queda por ver qué hará el PSC, con Miquel Iceta al frente. Lleva demasiado tiempo perdiendo votos de modo imparable y su estrategia postinvestidura es por ahora una incógnita.

El grupo parlamentario socialista va a optar por la abstención, lo cual ha provocado malestar entre ciertos sectores del partido. ¿Qué debe hacer el PSOE para rearmarse y ser un partido con un proyecto nacional? ¿Le parece adecuada la gestión de Javier Fernández?

Creo que para muchos ciudadanos –partidarios de la moderación, el consenso y la estabilidad– el buen rol arbitral de Javier Fernández ha sido una revelación positiva. Eso hace pensar, aunque con el PSOE nunca se sabe, que Javier Fernández pueda acabar siendo presidente del partido para inyectarle serenidad y cohesión. En cuanto al rearme socialista, hay un problema añadido y es la crisis de la socialdemocracia. De todos modos, hay espacio para un centro-izquierda que busque anclarse en la renovación de ideas para el siglo XXI mientras va achicando el agua que Podemos le bombea, con viejos métodos demagógicos. En el peor de los casos, tanto PSOE como Podemos pueden enzarzarse en luchas internas. Para el PSOE es capital acertar en el nuevo candidato y, dicha sea la verdad, pensar más en sus votantes que en su militancia, que es una terminología del siglo XIX y no para el mundo de las redes y la sociedad del conocimiento.

Inevitablemente vamos a tener una legislatura donde cada nueva ley debe ser pactada. Estamos ante una oportunidad para que los partidos puedan construir juntos. ¿Serán capaces?

Ahí está parte del problema porque el PSOE no puede abrazar al PP como en “La rendición de Breda”. Por tanto, sí, puede ser una legislatura azarosa y con muchos baches. Es una mala noticia, por ejemplo, para la tan urgente reforma educativa. Al mismo tiempo, si el PP accede a más gasto social, el grave riesgo es el déficit. En las políticas sociales estará la clave. En el mejor de los casos, de una parte pactando y de otra escenificando por parte del PSOE una oposición drástica. A lo mejor no debieran haberse alegrado tanto quienes dieron por sentado el fin del bipartidismo. Andará torcido por un tiempo pero si se hace política de calidad, con rigor e imaginación, la gran demagogia de Podemos tal vez vaya perdiendo fuelle, en beneficio de la cordura nacional. Para Rajoy, ese es el momento en el que se juega su legado político. Al PP le iría bien algo más de ideas y menos chulería.

Podemos ha anunciado una vuelta “a la calle”. Seguramente entre muchos jóvenes es más atrayente el discurso de Podemos que el de los partidos constitucionalistas. ¿Qué deben hacer estos para que su mensaje pueda llegar a las nuevas generaciones?

Bueno. Las huestes de Maduro han invadido el parlamento venezolano, y poco después Iglesias nos informa de que –como dijo Fraga hace tanto tiempo– la calle es suya. Veremos en qué queda el antagonismo Iglesias/Errejón. Por parte de los partidos constitucionalistas la corrupción –y más en el PP por el simple hecho de estar en el gobierno– requiere una cirugía a fondo en el partido. Es algo que a Rajoy nunca le ha atraído. Por eso digo que es su hora de la verdad. Existe un cierto horror a las ideas en el marianismo. Pero ahora es hora de renovar, y ahí las reflexiones del Partido Popular Europeo van siendo fructíferas. Hay donde inspirarse. Y sigue ahí la cuestión catalana. Los secesionistas esperan como agua de abril una chispa que reavive lo que se les está cayendo por los suelos. Ahí también hacen falta imaginación y rigor, sin confundir el todo de la ciudadanía de Cataluña con la parte del independentismo que, en su decaimiento, supera cada día los límites de lo grotesco.

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