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17 DICIEMBRE 2017
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No solo mayoría y leyes

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  294 votos
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En el segundo debate de investidura de este jueves ha quedado claro, después de diez meses, que este domingo habrá Gobierno no porque se haya producido un cambio de la cultura política española sino por agotamiento. El protagonismo fue para el cara a cara entre Rajoy y Pablo Iglesias. El PSOE bastante tuvo con lo suyo. Antonio Hernando, el portavoz de los socialistas, tenía que justificar la abstención y, a la par, mantenerse como oposición. Estuvo aseado sobre el alambre. Rivera se envolvió en la memoria de Suárez y tuvo el acierto de no repetir la agresividad de otras veces con el aspirante al que va a votar.

Iglesias sabía que tenía una oportunidad de oro para convertirse, de facto, en el líder de la oposición y la aprovechó. Pero el problema de Iglesias es que acaba devorándose a sí mismo (un millón de votos menos que hace un año). Subió a la tribuna con su uniforme de revolucionario 2.0 -camisa blanca remangada- y difamó y le tocó las narices a todo el mundo. Su discurso fue un ejercicio de esa pedantería-progre-llena-de-citas-de-autores-que-nadie-conoce tan habitual en él. Su “campanazo” fue sostener que había más delincuentes potenciales dentro del hemiciclo que fuera. Iglesias parece no haberse dado cuenta de que el 15-M se ha disuelto y que él forma parte del hemiciclo.

Rajoy estuvo brillante en la forma, pero pobre en el fondo. El aspirante tiró con mucha habilidad de ironía para desenmascarar la soberbia de Iglesias. Desnudó su pose engolada y faltona. Y tuvo a bien recordarle que de su lado hay más diputados que los que hay en el lado de Podemos. Mariano supo ganar el lance sin alterarse, con gracia. Iglesias a la postre fue poco adversario. Una vez más se vio que al líder de Podemos (no así a su compañero catalán Domenech) la tribuna del Congreso se le queda grande. Su tremendismo y su radicalismo chirrían en la Carrera de San Jerónimo (dentro).

El presidente del Gobierno en funciones que va a dejar de serlo apeló a la mayoría frente a Iglesias y a la ley frente a Tardá. El portavoz de ERC repitió la frase que el independentismo ha hecho célebre: referéndum o referéndum. Ley y mayoría son las grandes debilidades de Rajoy. Necesarias pero insuficientes. La mayoría de la investidura es circunstancial y la ley es insuficiente para gobernar. El primer arranque de Iglesias se puede frenar con ironía pero sus críticas a Santiago Carillo por encarnar una izquierda mansa, su voluntad de declarar terminado lo que llama el “régimen del 78”, su denuncia con fundamentos de una sociedad mucho más desigual, su voluntad de descalificar para siempre a los partidos constitucionalistas (“le recomiendo a sus señorías del PP que cuando se pronuncie en este hemiciclo la palabra 'delincuentes' ustedes se callen”, llegó a asegurar) y a las instituciones requería y requiere mucha política de la buena. La política inteligente es la que sabe recoger del adversario lo que hay de justo por muy negativa y parcial que sea su posición (y en Podemos y ERC hay mucha parcialidad) y crear algo nuevo. Eso todavía no ha llegado.

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