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18 SEPTIEMBRE 2018
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La belleza desarmada en España, un diálogo que rompe muros

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  383 votos
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El lunes por la noche Julián Carrón, presidente de la fraternidad de Comunión y Liberación, presentó su libro “La belleza desarmada” en Madrid. Le acompañaban en la mesa Mikel Azurmendi, antropólogo y filósofo, y Juan José Gómez Cadenas, físico y escritor. Moderaba Ignacio Carbajosa, que introdujo el acto explicando el porqué del libro: "este libro nace de la preocupación de este principio de siglo". Se refiere a la crisis, violencia, falta de diálogo, cuestión educativa, afecto, política... y también al papel de la Iglesia en el mundo. ¿Puede un hombre moderno creer en Jesucristo?

"Este es un libro muy serio –comentó Azurmendi al inicio de su intervención– que responde a tres grandes preguntas". Estas son: ¿por qué los cristianos abandonan el cristianismo?, ¿por qué estas evidencias, este prolijo pensamiento y libertad, parece que están agotados?, ¿estamos en un cambio de época o en una época de cambios? Las tres están respondidas, explicó el filósofo. Dijo también que todo el libro gira en torno a un doble eje, el de la teología y la teleología. Todos los pueblos tienen un carácter, una manera de vivir y de ver el mundo que tiene que ser coherente con su estilo de vida. Pero nuestra sorpresa ante el mundo es inexplicable: el mal, el sufrimiento... ¿por qué? "Este libro –añadió Mikel– ancla la teleología (la vida tiene un fin) en una teología nueva. Nueva porque nace de un encuentro, de un acontecimiento que sucedió". Lo explicó citando a Aristóteles: "lo maravilloso es el infinito como el deseo de la esposa que está esperando al esposo", y añadía él: "para los que estamos enamorados creemos que Carrón ha dado en el clavo".

Azurmendi concluyó su intervención diciendo: "me doy cuenta de que lo que propone Carrón es un cambio de paradigma en el sentido etimológico de la palabra. Yo estoy muy alejado de la Iglesia, pero veo que aquí hay una religión primitiva, en el sentido originario que es el asombro de estos tíos (se refiere a los discípulos de Jesús). Esto ha sucedido, y de esto que ha sucedido ha venido esta Europa. Este libro presenta un modelo nuevo, un cambio de lo que yo vivía en la Iglesia a una posibilidad de vivir la fe de una forma razonable. Yo lo definiría así: del sentido de la ley a la ley del sentido. En este libro el sentido religioso es el sentido común".

Por su parte, Gómez Cadenas se sirvió de un artículo publicado en la revista Jot Down, en el que el autor examina los conceptos de belleza y verdad referidos al ajedrez. "Más allá de la lógica y la razón se encuentra el bosque oscuro, el misterio", citó de dicho artículo. ¿Es la belleza el camino de la verdad?, reflexionó Cadenas. "Existe el riesgo de que el arte sea engaño y la belleza una ilusión". Utilizó también la Divina Comedia de Dante para su explicación. "La belleza solo aparece cuando en el paraíso se encuentra a Beatriz, ella es su pasaporte hacia la eternidad, es una belleza que emana de la divinidad". Puede que la belleza no sea más que la ilusión, y la verdad no es siempre halagüeña. Explicó esta tesis con un ejemplo: el universo, que es bello, va a tener un final trágico, y no deja de ser verdad. Continuó citando a Rilke, su poeta favorito y una de las razones por las que aceptó presentar el libro (Carrón lo cita en el libro): "¿Quién si yo llorara me escucharía?", y añadió él: "Rilke dice que la belleza es terror, el terror de no encontrar nada a lo que agarrarse". El libro dice que no hay que confiar en la doctrina cristiana sino en un hombre que es hijo de Dios.

Concluía Cadenas: "Este es el catecismo que me habría gustado que me enseñaran de niño. Tiene mucho que decir y es interesante incluso cuando uno no lo suscribe. La osadía que tenéis me atrae mucho. La verdad que busca Carrón y que buscamos todos es como Ítaca, el lugar donde nos espera la felicidad y la redención, pero quizá no está allí Penélope o no lleguemos nunca. Pero en el viaje hacia allí necesitamos la belleza".

Tras escuchar a los dos invitados, Carrón trató de responderles: "Mikel ha entendido bien que estamos en este bosque oscuro, las evidencias cada vez son menos compartidas". Como ya dijo el Papa Benedicto XVI, explicó el autor del libro, la Ilustración intentó salvar las cosas buenas que el cristianismo había aportado y salvar su evidencia independientemente de su vínculo con lo religioso. Se pensó en aquel momento que las grandes convicciones –los grandes valores– resistirían porque son innegables. Pero este intento ha fracasado. Estos grandes valores –el valor de la persona, la libertad, la justicia, la fraternidad, la verdad...– se han convertido en irreales. Ya no tienen consistencia y por eso tenemos dificultades para entendernos.

Habló también del papel de la Iglesia ante este derrumbamiento de las evidencias, "es evidente que algo no ha funcionado en la transmisión de la fe". El desafío es el mismo para todos. ¿El cristianismo tiene algo que ofrecer en esta situación? Y en este punto aprovechó para contestar a Cadenas "ante la pregunta de si es una autoconvicción y nos lo estamos inventando o es justamente lo contrario, la respuesta es obvia: en nuestra vida ha sucedido, habéis encontrado personas que os llenan de curiosidad, de asombro. El cristianismo ha comenzado por este asombro delante de alguien que hacía la vida más interesante y que tenía que ver con todo (...) Solo quien acepta que el nexo con la realidad se genera así, desarmado, puede comprobar si la vida se llena de sentido y de plenitud".

Llegados a este punto Carbajosa preguntó a Azurmendi por el valor de “La belleza desarmada” para la sociedad española. Lo más urgente, contestó el vasco, es desterrar el odio. ¿Cómo? Con un diálogo desarmado, sin ideología. Los valores se han disuelto –coincidió Azurmendi con Carrón– pero en realidad todos los valores son el tú. Y el cristianismo presenta esta modalidad: es la religión del tú. La única obligación es la búsqueda de sentido (según el libro). E insistía: "por encima de la ideología y de la democracia, que son necesarias, está el tú".

Carbajosa aprovechó también para preguntar a Cadenas: ¿en qué medida la razón puede abrazar toda la realidad? La respuesta del científico fue contundente: "simpatizo con la idea de que las evidencias fuertes son las que proporciona la ciencia empírica, las matemáticas. Pero el sentimiento más trascendente de mi vida es el amor por mis hijos, y eso no lo puedo explicar con el método científico".

Para concluir, Julián Carrón rescató la idea del tú. "Es la clave del libro, la evidencia del tú, que tiene un rostro que ha despertado el enamoramiento. El tú es la única energía capaz de poder ensanchar la razón, no crear muros. Podemos seguir construyendo muros, pero el muro ya está derrotado por el reconocimiento del rostro del tú. La belleza de encontrar un testigo, un amigo, no necesita de ningún arma que no sea la belleza para romper muros. Un diálogo como este es ya la victoria sobre la ideología". Lo confirmaba Carbajosa: "que un sociólogo, un físico y un sacerdote puedan encontrarse con esta simpatía es una esperanza para nuestro país".

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