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6 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Giovanni Vian, director del Osservatore

"Gracias a los judíos el Papa sale de una polémica que dentro de la Iglesia se ha vivido con odio"

¿Qué impresión ha tenido al leer la carta? 

Se trata de una carta extraordinaria, que alguno ha llamado -con toda razón-  una "pequeña encíclica". Es un texto que el Papa ha meditado mucho, y que ha sido escrito enteramente a mano, desde la primera hasta la última letra. La revocación de la excomunión de los obispos lefebvrianos había provocado una   reacción inaudita. Y la carta no tiene precedentes inmediatos: por el tono apasionado, por su contenido profundamente arraigado en la tradición de la Iglesia, recuerda las cartas de los antiguos obispos cristianos y a las cartas de San Pablo. 

No por  casualidad hay una referencia explícita a la carta a los Gálatas.

Es de hecho el antecedente de todo el texto de Benedicto XVI. La carta a los Gálatas se escribió con gran pasión del Apóstol. Se dirigía a una comunidad tan dividida que lleva a Pablo a exclamar lo que ha recogido el Papa: "si os mordéis y devoráis unos a otros, al menos no os destruyáis completamente los unos a los otros". Otro paralelismo entre los dos textos es que fueron escritos directamente por los autores. San Pablo concluye su carta diciendo: "mirad con qué letras grandes escribo de mi puño". Un documento excepcional y verdaderamente conmovedor.

Llegamos al fondo de la controversia que ha generado esta carta. ¿Por qué se ha producido una reacción excesiva con un gesto de misericordia?

El Papa mismo se ha visto dolorosamente sorprendido por lo sucedido: se  ha transformado un gesto de misericordia con pleno espíritu conciliar en lo opuesto. Y lo que es peor, se ha querido transformar este gesto en un acto de hostilidad contra el judaísmo. La amistad con los judíos es uno de los puntos en los que Josef Ratzinger, como teólogo, obispo, cardenal y Papa, siempre ha sostenido de manera particular. Hay textos que lo prueban y hay, sobre todo,  una vida entera de intelectual y cuatro primeros años de pontificado que lo ponen de manifiesto. Ha sido una polémica, se debe recordar, que se ha producido también dentro de la Iglesia Católica. Y con  odio.

¿Esto explica el tono de sufrimiento que se desprende de la carta?

Tal vez el sufrimiento no es el término apropiado. Ciertamente en algunos puntos es expresión de dolor. El tono general es calmado y conciliador, sin formular juicios muy severos.

Se ha hablado mucho en los últimos días también de una relación difícil entre el Papa y la Curia.

Éste es un estribillo que se repite, y que creo que no tiene ninguna base. Tampoco lo tiene la imagen de un Papa solo. Los mismos periódicos que han creado esta imagen se han contradicho: primero han dicho que el Papa está solo y a continuación dicen que está en buena compañía porque está rodeado por un círculo de leales: nada menos que el secretario de Estado y los jefes de los más importantes dicasterios. ¿Dónde está la soledad? Son esquemas que se repiten cíclicamente. Si se mira la historia del pontificado del siglo pasado, también se ha dicho que Pío XI estaba aislado en la Curia. Son todas interpretaciones que no resisten la prueba de los hechos.

Pero hay algunas disensiones, de lo contrario no se justificaría la carta del Papa...

Ciertamente, la Curia no es monolítica, como el papado, a diferencia de lo que se dice a menudo, no es una monarquía absoluta sino una realidad colegial. La Curia en particular es muy compleja y para la mayoría ha crecido  enormemente en los últimos treinta años. Por lo tanto, es evidente que puede contener varias sensibilidades diferentes unas de otras.

Esta carta de Benedicto XVI, ¿qué frutos dará?

Principalmente va a provocar una relación más fuerte entre la Iglesia dirigida por Benedicto XVI y el judaísmo. Esta semana, a propósito de las inaceptables declaraciones negacionistas de la Shoah, pensé en la frase del Evangelio sobre la necesidad de los escándalos que generan algo bueno. El Papa ha salido de esta difícil situación gracias, entre otras cosas, a los amigos judíos, como él mismo dice en la carta -éste es un impresionante gesto que va mucho más allá de la simple cortesía. Por último, creo que esta historia dará lugar a que muchos piensen en esa caricatura que presenta al Papa como un Gran Inquisidor, un hombre cerrado y oscurantista. Su historia, sus escritos y sus acciones están mostrando exactamente lo contrario. 

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