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20 JULIO 2018
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Contra los coptos, contra Egipto

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  274 votos
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“Señor ten misericordia de nosotros”, cantaba un grupo de coptos todavía aturdidos después de que 25 de sus hermanos hubieran sido asesinados junto a la catedral de San Marcos en El Cairo este domingo. Otro grupo entonaba los himnos de la liturgia: “Ofrecemos nuestra sangre y nuestra alma por la cruz”. A pocos metros, el caos. La policía recogía entre gritos y llantos los cascotes y los restos humanos.

La sangre copta vuelve a correr en Egipto, la Iglesia de los mártires, perseguida desde su fundación, vuelve a ser golpeada, en plena misa dominical. El atentado ha sido aún más sangriento que el de Alquidisim, en Alejandría, en la Navidad de 2011. Fue aquel atentado de hace seis años, nunca esclarecido, el que provocó en gran mediada la caída de Mubarak. La Catedral de San Marcos está protegida desde hace años por estrictas medidas de seguridad. A los controles del ejército se añaden los de los propios coptos ortodoxos que no permiten acceder a las celebraciones a nadie que no enseñe la cruz que todos los fieles llevan tatuada. La Catedral es en realidad un amplio complejo. Frente a la iglesia principal, en uno de los laterales, se encuentra la capilla de San Pedro y San Pablo, residencia del Patriarca, que es la que ha sido golpeada. La masacre seguramente hubiera sido mayor si la explosión hubiese tenido lugar algunas horas después. Es habitual que después de la misa del domingo, en la Catedral, las familias se reúnan en un pequeño jardín cercano para almorzar en un restaurante popular que regentan los propios coptos.

¿Por qué los coptos, la mayoría cristiana más significativa y más numerosa de Oriente Próximo, vuelven a ser golpeados? Los últimos seis años han sido especialmente difíciles para los hijos de San Marcos. Mubarak siempre restringió severamente su libertad. Cuando se quiso desestabilizar al rais se les golpeó. Las primeras semanas de la primavera egipcia de 2011, cuando la plaza de Tharir estaba tomada por la revolución, fueron unas semanas de esperanza. El Corán y la cruz volvían a levantarse juntos, como en los tiempos del Wafd, como a principios del siglo XX cuando se luchó por la independencia. Pero los Hermanos Musulmanes pronto robaron la revolución. En el breve período de tiempo en el que Morsi y el islamismo estuvieron en el poder (un año escaso) la persecución se recrudeció. Y cuando en 2013 el pueblo echó a Morsi del poder, los coptos se convirtieron en objetivo del islamismo y de los Hermanos Musulmanes. No hay nada más fácil para desestabilizar la presidencia de Al Sisi que atacar a algún cristiano o alguna iglesia. Solo en agosto de 2013, tras la salida de Morsi, fueron atacadas 200 propiedades cristianas.

La presidencia del general Al Sisi está siendo, con todas sus limitaciones, buena para los coptos. Personalmente les mostró su apoyo la pasada Navidad. La Constitución de 2014 reconoce como nunca los derechos civiles y la libertad de los cristianos. Se hace mención a María, al patrimonio de los coptos, se tutela la libertad religiosa, se les reserva una cuota de representación política en los consejos locales y en el Parlamento. Durante 2016 se ha aprobado una ley que regula un asunto pendiente desde hace décadas: la autorización para construir iglesias. Hasta el momento seguía vigente un decreto otomano de 1856 que exigía la autorización presidencial. Lo que en la práctica suponía una discrecionalidad absoluta. La nueva norma no es la panacea pero puede servir para desbloquear la situación: sigue siendo necesaria la autorización pero ahora es del gobernador local.

¿A quién le molesta esta relativa libertad de los coptos bajo Al Sisi? Desde su llegada al poder se ha producido un ataque al mes. La masacre de este domingo es un salto en la escalada que se viene produciendo desde hace un tiempo. Se suceden los incidentes de acoso y ataques, aparentemente espontáneos. Resurge el proyecto de una limpieza étnica que quiere eliminar a la minoría cristiana del país. Y en momentos de debilidad de Al Sisi, un atentado como este sirve para cuestionar su liderazgo.

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