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18 OCTUBRE 2018
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Repensar el islam en Europa

Tareq Oubrou | 0 comentarios valoración: 3  443 votos
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Soy teólogo, un imán con responsabilidades religiosas, un pastor. Pero también soy un doctor que piensa en su religión dentro de la civilización occidental. Este es el primer y más importante terreno que los musulmanes deben afrontar. Antes de gestionar la presencia musulmana en Europa, hace falta pensarla. El aspecto teológico precede a la práctica, prepara la integración de los musulmanes en una civilización que para ellos es nueva.

El hecho musulmán en Occidente comprende tres realidades:

- una realidad social ligada el fenómeno de la migración;

- una realidad étnico-cultural ligada a los orígenes étnicos y culturales de esta población plural (árabe, bereber, turca, subsahariana);

- una realidad religiosa en el sentido más literal del término.

La presencia musulmana tiene su origen en el momento en que el profeta del islam constituye la ciudad de Medina y la proto-Constitución, sancionando así el nacimiento de una única comunidad formada por los judíos de la Banu Awf (que entonces eran casi la mitad de la población de Medina) y los musulmanes. Por eso, desde el principio hay una especie de secularización, una separación de dos planos: la comunidad espiritual es una cosa, la comunidad política nacional es otra. El profeta no era un presidente, él mismo dijo que no era un rey, cuando gestionaba políticamente la comunidad de Medina rechazó ser coronado rey.

Pero con el tiempo el islam se convirtió en una civilización y asumió una lógica política. Todo el pensamiento teológico y canónigo se forjó en un contexto califal de dominio, donde la comunidad espiritual fue confundiéndose con la comunidad política y la ciudadanía musulmana unió dos elementos, el político y el espiritual. Tras la caída del califato otomano, los musulmanes se encontraron con una nueva configuración, formada por estados-nación con fronteras. En aquel momento, la noción de ciudadanía se desvinculó de la de comunidad espiritual. Los musulmanes que hoy viven en Occidente llevan a sus espaldas esta historia donde lo político y lo espiritual se confunden y amalgaman con lo cultural y antropológico. ¿Es posible hoy ser tanto ciudadanos occidentales como musulmanes a todos los efectos?

Aquí intervienen la teología y el derecho canónico musulmán, que deberían repensarse a la luz de la secularización. No se trata solamente de gestionar la mezquita y la comunidad, sino de pensar una religión en un mundo global y en la civilización occidental, recuperar el nivel espiritual del islam. El musulmán en Occidente es musulmán espiritualmente, en el sentido de que su religión es el islam, pero su civilización es la occidental. Nos encontramos ante lo que yo llamo teología de aculturación. Adaptar el islam al derecho positivo en vigor en el país, o al repertorio jurídico que regula el pluralismo y federa a la nación en un destino común, es necesario pero no suficiente. Las prácticas religiosas deben obviamente tener en cuenta el derecho la Constitución del país, pero también hay que aculturar el islam. Es lo que nuestro hermano católico llama la “teología de la inculturación”, o cómo introducir una religión en la civilización. No se trata de transformar la civilización, sino de adaptarse a esta última, pues de lo contrario la religión terminará desapareciendo. De hecho, sin aculturación no hay recepción ni transmisión de la religión a las nuevas generaciones.

Las religiones se expresan en un contexto jurídico y político. Los musulmanes deben desarrollar una teología de la alteridad. Se parte de una epistemología de la realidad y se interroga a los textos fundantes, es decir, al Corán y a la tradición. Si la exégesis consiste en comprender el texto sagrado en el contexto de su revelación, la hermenéutica aplicada consiste en comprender el texto aquí y ahora.

El islam debe afrontar ciertas cuestiones urgentes como el lugar del otro en términos teológicos y el estatuto de los no musulmanes, deben repensar la doctrina de la salvación. ¿Quién es el kafir? ¿El no creyente es un infiel? El islam nació en una lógica de dominio, pero ahora tiene que integrar al otro.

En calidad de pastor, me dedico a aculturar los sermones del viernes, a enseñar el islam a los niños y a difundir la teología de la alteridad y la teología preventiva, para prevenir la radicalización de los jóvenes que se ven tentados por la presión de la exclusión social. Para esta misión, hay que integrar una serie de instrumentos. Por eso el imán debe ser ante todo un teólogo capaz de forjar un discurso adaptado a la realidad y a su comunidad. Hoy hemos pasado de la configuración de una comunidad espiritual colectiva y física a una comunidad espiritual conectada a las redes sociales. Cuando el imán habla en su mezquita, compite con otros imanes cuyo discurso virtual circula por la red.

Conferencia pronunciada durante el encuentro “Islam en Europa: el desafío de la ciudadanía”, dentro del ciclo “No una época de cambio, sino un cambio de época”.

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