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20 SEPTIEMBRE 2018
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>Entrevista a Miguel Otero, director de El Nacional

Venezuela, cada vez más cerca de la revuelta

Arturo Illia | 0 comentarios valoración: 3  340 votos
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La MUD (Mesa de Unidad Democrática), organización que reúne a los partidos de la oposición en Venezuela, se ha retirado de la mesa de diálogo, lo que supone un dato importante y por desgracia muy grave para el futuro de un país que, a causa de la táctica de la espera (inconstitucional por cierto) del presidente Maduro, corre el riesgo de alejar una posible solución pacífica para la inevitable alternancia en el poder. Al mismo tiempo, debido a esta decisión, se pone punto final a la protesta de tres mujeres (la madre di Leopoldo López, su esposa, y la de Antonio Ledesma) que se habían encadenado en la plaza de San Pedro para invocar la liberación del alcalde de Caracas, el líder de Voluntad Popular, partido opositor, y todos los presos políticos. Hablamos con Miguel Otero, miembro de la oposición, director y propietario de El Nacional, el principal periódico de Venezuela, actualmente en el exilio.

A pesar de los últimos reveses, de la recogida de más firmas de las necesarias y de la Constitución, Maduro no dimite y se niega a celebrar un referéndum.

Chávez ganó las elecciones imponiendo sucesivamente un modelo basado en discursos que tenían una relación directa con que todos pudieran compartir la enorme riqueza del país. El problema es que se ha destruido completamente el aparato productivo, convirtiendo a Venezuela en un país importador, y el sistema se ha hecho altamente represivo, con una estructura estatal inmensa. Maduro ha instaurado un sistema muy controlado y con una represión gigantesca que lo mantiene dentro de su enorme inestabilidad, gracias al comando militar y a un poder judicial a su servicio. Los dos grandes sentimientos de Venezuela son el miedo y la tristeza, factores que mantienen una dictadura en su fase final.

¿Cuál puede ser en esta situación la solución que permita una alternativa de poder?

Existen medios para una solución pacífica, incluso constitucionalmente, pero el poder los rechaza y la gente ha empezado a perder la esperanza. La Constitución en estos casos autoriza la rebelión. Lo cierto es que sería de esperar una presión internacional enorme, pero si eso no tiene efecto porque Maduro no quiere dejar el poder, violando así abiertamente la Constitución, la única solución sería una revuelta venezolana.

¿Qué papel ha tenido hasta ahora la Iglesia en el proceso de democratización del país?

La Iglesia es muy importante en Venezuela y la Conferencia Episcopal, donde hay obispos favorables y contrarios al chavismo, hoy está íntegramente unida en la oposición. La gran maniobra del Papa actual, con la elección de Baltazar Porras como segundo cardenal, ha ofrecido un signo muy importante para la democracia venezolana, y quién sabe si este hecho podrá tener consecuencias cuando se retome el diálogo, ahora interrumpido. La Iglesia ya ha hecho saber que su presencia no debe considerarse como excusa para aplazar y temporizar, aunque sea para evitar un choque inevitable, ya que más del 80% de la población está en contra de Maduro y la situación es realmente catastrófica. Está claro que hay que evitar llegar a soluciones violentas, pero esto es algo que solo Maduro puede decidir.

¿Pero qué proyectos tiene la oposición, que ahora tiene mayoría en el Parlamento, para cuando esté en el poder?

El nivel de destrucción es tan grande que la solución se concretaría en un modelo socialdemócrata, en esto todos están de acuerdo. Mediante estímulos al sector productivo privado, programas sociales que tengan una contrapartida productiva, reglas adaptadas a la necesidad de inversiones. En pocas palabras, reconstruir una nación prácticamente en ruinas, dotándola de medios.

¿Y cómo hacer frente a la enorme corrupción y al narcotráfico?

El narcotráfico hay que perseguirlo, pero eso es fruto de las alianzas del chavismo con los movimientos colombianos de las FARC y el ELN, lo que ha provocado que altos cargos del ejército y de la política participen en este negocio, en primer lugar permitiéndolo, para luego beneficiarse. El problema es que Venezuela debe desenmascarar a estos personajes, mediante colaboración internacional si es necesario, pero eso no lo puede hacer un gobierno cómplice, sino solo uno que quiera combatir este fenómeno retomando por ejemplo su relación con la DEA (Administración para el Control de Drogas) estadounidense, que se interrumpió durante el chavismo, y sobre todo con una justicia realmente independiente.

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