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26 FEBRERO 2018
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Los cristianos de Egipto ya no se siente protegidos por Al Sisi

Chiara Pellegrino | 0 comentarios valoración: 3  363 votos
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El atentado contra una iglesia de El Cairo el pasado 11 de diciembre, reivindicado por el Estado Islámico, aparte de querer atacar a los cristianos y castigar a los coptos por su postura política en Egipto, también es un ataque al presidente Abdel Fattah Al-Sisi. En la explosión, que se produjo en una sala de oración adyacente a la catedral de Abassiya, en el corazón popular de la capital, murieron 25 personas.

Desde su elección para la cátedra de san Marcos, en noviembre de 2012, poco después de la revolución, el papa Tawadros II, patriarca de los coptos ortodoxos egipcios, llamó a los fieles a salir de las iglesias y participar en la actividad política, con el deseo de ser “la sal de la tierra y la luz del mundo” (Mt. 5,13). Si hasta la primavera de 2013 las autoridades coptas se mantuvieron distantes del gobierno del presidente islamista Mohammed Morsi, después no dudaron en apoyar a su sucesor, el general Al-Sisi. El atentado terrorista “pretende minar la (ya escasa) credibilidad del presidente sacando a la luz su incapacidad para proteger a las minorías religiosas”, afirma Georges Fahmi, investigador egipcio en el Instituto Universitario Europeo de Fiesole (Italia). Según él, el gobierno egipcio se encuentra desde hace tiempo ante dos graves amenazas. Por un lado, la acción del Estado Islámico, que con este atentado ha demostrado que es capaz de ampliar su radio de acción más allá de la península del Sinaí y llegar al corazón del país. Por otro, los Hermanos Musulmanes, una parte de los cuales ha empezado a radicalizarse por las políticas de represión adoptadas por el presidente hacia ellos: “La hermandad se divide entre los que están contra la violencia y los que dicen que la pasividad no ha logrado resultados y por tanto hay que actuar con fuerza”.

En este caso, “los Hermanos han negado cualquier responsabilidad, diciendo que los coptos no tienen nada que ver con su lucha contra el régimen”, y el atentado ha sido reivindicado por el Estado Islámico. Para Fahmi, esto no hace más que confirmar la ineficacia de la campaña contra el fundamentalismo llevada a cabo en el Sinaí por parte del gobierno. De hecho, el joven que cometió el atentado estuvo en prisión hace dos años. Reclutando en las cárceles a individuos que salen en pocos años y vuelven a formar parte de la vida civil, el Isis consigue atacar más fácilmente en el corazón de las sociedades de los diversos países.

Si bien es cierto que el tema de la seguridad es prioritario, las medidas de represión y las leyes por sí solas no son suficientes para poner freno al terrorismo, como ha señalado el periodista Amr Al-Shubaki. Es más, a veces, la solución militar y de seguridad puede surtir el efecto contrario y ser un factor de difusión del terrorismo en vez de contención. El presidente Al-Sisi está llamado a actuar también y sobre todo en otros frentes, como el económico y social. Egipto lleva meses atravesando una profunda crisis económica. “En estos días, el Parlamento está trabajando en la promulgación de nuevas leyes para prevenir atentados e incrementar el nivel de seguridad del país –explica George Fahmi–. La cuestión es que las leyes son necesarias pero no suficientes para prevenir la amenaza terrorista. Desde hace varios meses Egipto vive de hecho una grave crisis económica que empeora los problemas que ya había, como por ejemplo la marginación en ciertos grupos sociales. Las reservas de divisas extranjeras se están agotando y por eso se reduce la importación de productos, las inversiones exteriores en Egipto han caído, igual por otro lado que el turismo”.

Al-Sisi tiene que enfrentarse también al hecho de haber basado la relación con los coptos en una relación exclusiva con la jerarquía. De hecho, los interlocutores del presidente son las autoridades, sin reunirse nunca con intelectuales, políticos, jóvenes. “Que la jerarquía se haya convertido en el representante político de toda la comunidad es un grave problema que no hace más que agravar la sensación de que son una minoría. Actuando así, no se trata a los coptos como ciudadanos ni se les considera actores políticos. Este problema –afirma Fahmi– se ha puesto de manifiesto claramente durante las negociaciones entre el Parlamento y la Iglesia copta para la ley de construcción de lugares de culto. Los ciudadanos, entre ellos la diputada Nadia Henry, que han contestado ante ciertos puntos de la ley no han sido escuchados en absoluto”.

“Los mártires de la catedral son mártires de un tipo particular, son víctimas del pensamiento oscurantista que odia a los transgresores de la religión y del credo, y son víctimas del discurso de venganza y odio difundido por muchos miembros takfiristas, es decir, por aquellos que lanzan la acusación de descreídos. Estos últimos siguen precisamente el discurso de la injusticia política y sostienen que los cristianos son los únicos que apoyan el régimen”, dijo Amr Shubaky al día siguiente de la masacre en la catedral. Pero la verdad, añade el periodista, es que los cristianos tuvieron un papel muy importante tanto en la revolución del 25 de enero de 2011, que acabó con la destitución del ex presidente Hosni Mubarak, como durante las protestas del 30 de junio de 2013, cuando millones de manifestantes salieron a la calle contra Muhammad Morsi, poniendo fin al intento (fallido) de gobierno de los Hermanos Musulmanes y favoreciendo el ascenso a la presidencia de Al-Sisi. Que los mártires coptos son víctimas del pensamiento takfirista es indudable. La reivindicación del atentado habla de hecho de una operación suicida que golpeó a “80 cruzados entre muertos y heridos” y advierte a “los no creyentes y apóstatas egipcios de cualquier lugar que nuestra (del Isis) guerra contra la idolatría (shirk) continúa”.

Como dice Al-Shubaki, decir que todos los árabes, musulmanes y no musulmanes, se han convertido en objetivo del terrorismo no es suficiente. Además de afrontar los desafíos ligados a la seguridad, los musulmanes están llamados a hacer frente al discurso que predica el dio, e identificar y combatir las causas y factores del terrorismo mediante el discurso político.

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