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17 OCTUBRE 2018
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Así llegamos a Navidad

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  233 votos
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Esta semana un nuevo atentado ha conmocionado a Europa. Esta vez en Berlín, en un mercadillo navideño. Tras el impacto inicial, en seguida buscamos la seguridad, atentos a si capturan a los responsables, cuestionando ciertas políticas, etc. "En esta tormenta perfecta, los fanáticos consiguen su objetivo: rompernos y llevarnos a las formas más primarias de organización, la pura supervivencia, la muralla perpetua. Todo lo que amamos -la libertad, la solidaridad, la justicia, el bienestar- pierde sentido y sólo vemos la trinchera. Todo lo que ellos odian desaparece de facto, y nosotros dejamos de ser lo que pensábamos ser", escribía Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia.

El atentado nos ha sorprendido en los frenéticos días previos a la Navidad, una fiesta que cada vez menos gente quiere celebrar. Son muchos los artículos que critican estas fiestas en las que nadie entiende por qué hay que hacer regalos y reunirse con la familia (para algunos una gran desconocida). Un ejemplo de esto es lo que afirma Inma Monsó en La Vanguardia: "tarde o temprano, casi todos acabamos rebelándonos en algún momento contra las obligaciones familiares navideñas, aunque sea poquito, aunque sea sólo una vez en la vida, aunque no lo hagamos abiertamente sino mediante subterfugios (...) alguna vez, la transgresión es fatal: ‘Este año no estaremos’. Ah, ¿quién no ha deseado alguna vez decir esta frase? ¿Quién no ha soñado irse de crucero a Tahití? O, más barato: ¿Quién no ha soñado hacer coincidir una intervención quirúrgica para pasar una Navidad exenta de obligaciones, medio anestesiado en un tranquilo hospital?".

En estas fechas emergen con más facilidad la soledad y la nostalgia. En un artículo publicado en El Español, Ángel F. Fermoselle decía que "la mayoría de las personas intenta que el resto del mundo ignore sus debilidades; y, con todo el esfuerzo necesario, las disimula, las disfraza, las esconde (...) El coraje de mostrarte ante el mundo como verdaderamente eres apaga el incendio que se propaga, incansable, mientras intentas ser otro, ése que los demás quieren que seas, o ése que crees que los demás prefieren que seas (...) Con frecuencia, el intento de ser otro, o de mostrarte como otro, surge de la necesidad de batallar la soledad, posiblemente, el gran mal de estos tiempos en los que prevalece la relación tecnológica, vía pantallas y auriculares, entre los humanos".

Sirva de conclusión este extracto del artículo de Antonio Lucas en El Mundo: "Hay un exceso de confianza en el móvil, en Google, en cualquier soporte que dispense una memoria inducida. Como si hubiésemos abdicado de ese don. De esa inquietud tan íntima. De esa lumbre prodigiosa. La memoria duele igual que alegra. Recordar no es echarse a vivir en lo de atrás, sino encontrar aquí y ahora claves necesarias de lo que tenemos, de lo que somos, de lo que nunca llegará o de lo que ya está aquí y aún no lo estamos viendo".

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