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23 OCTUBRE 2018
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>Entrevista a Flavia Chevallard

"Ante el drama de los refugiados no podemos encerrarnos en un pequeño mundo seguro"

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  261 votos
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Flavia Chevallard es cooperante de CESAL en Líbano, está en España presentando la campaña impulsada por CESAL: "#Refugiadosmigrantes. Manos a la obra para cambiar el rumbo".

¿En qué situación viven los refugiados en Líbano?

Muchos de ellos viven en asentamientos informales que han surgido por todo el país. Estos asentamientos son precarios, las familias viven en tiendas que no reparan del frío del invierno o del calor en verano. Otros viven en los pueblos y ciudades, entre la población libanesa. Es importante entender que Líbano no es signatario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, que establece los derechos y garantías mínimas de protección y asistencia para los refugiados. Por otro lado, el gobierno no ha querido que se establecieran campos de refugiados formales para evitar que los refugiados se establecieran indeterminadamente en el país, visto el precedente de los refugiados palestinos que llevan décadas en Líbano. Esto, junto con la prohibición de trabajar, hace que la situación de los refugiados sea realmente precaria. No se trata sólo de la necesidad material, sino de la inestabilidad de su situación, que para algunos se alarga desde hace ya cinco años. Muchos trabajan informalmente, en la agricultura o en la construcción, pero los sueldos son verdaderamente bajos y el precio de la vida en Líbano es alto, de forma que no pueden afrontar los gastos básicos de la familia. Lo positivo es que un país que fue invadido por Siria hoy acoge a más de un millón y medio de personas procedentes de allí.

¿Cómo es tu vida allí?

Trabajo en la oficina cerca de Beirut y visito los asentamientos en los que trabajamos, en el sur del país, regularmente. Líbano es un país de contrastes, e incluso allí, tan cerca de la guerra y con el drama de los refugiados tan presente, uno podría decidir mirar hacia otro lado y llevar una vida tranquila. En cualquier caso hay una tensión evidente, Líbano tiene una historia compleja de conflictos en las últimas décadas. Son cosas que incluso un extranjero recién llegado, aunque no comprenda hasta el fondo, puede percibir. Pero tomando precauciones lógicas (que tomarías en cualquier lugar), puedes viajar por casi todo el país y la gente en general es amable y acogedora, creo que es algo que sorprende y alecciona cuando estás acostumbrado a mirar estos lugares con desconfianza y miedo.

¿Qué tarea hacen allí organizaciones como CESAL?

Hay mucho por hacer. Nosotros trabajamos coordinadamente con la ONG AVSI, que se encuentra presente en el país desde varios años antes de que estallara la guerra en Siria y llegaran los refugiados a Líbano. Hasta ahora habíamos apoyado las necesidades básicas de la población refugiada en los asentamientos informales en la región de Marjayoun, al sur del país: mantas y combustible para el invierno, medicinas, alimentos, productos de higiene… Es algo que no debe dejar de hacerse porque existe la necesidad, pero este año queremos apoyar también los proyectos educativos, que tratan de integrar a los niños sirios en las escuelas libanesas para evitar que se conviertan en una generación perdida a través de la educación básica y la integración. Este es el proyecto del que he hablado en diferentes conferencias a lo largo de dos semanas (Mallorca, Murcia, Sevilla, Madrid, Barcelona…) en la campaña Manos a la Obra que impulsa CESAL a lo largo de estos meses y cuyo lema es “#Rerfugiadosmigrantes. Manos a la Obra para cambiar el rumbo”.

Tras los atentados de los últimos meses muchos perciben a los refugiados como una amenaza para Europa. ¿Cómo se ve la situación a pie de campo?

También en Líbano está presente esta problemática, hay casos tanto de sirios como de libaneses que simpatizan o pertenecen a algún grupo terrorista. De hecho, la tensión desde que estallara la guerra en Siria ha ido en aumento, no sólo por la cercanía física y la cuestión de la seguridad en las fronteras, sino por la composición de la sociedad libanesa, en la que conviven chiíes, suníes, cristianos de varias iglesias y drusos, entre otros. El enfrentamiento y la oposición de carácter religioso en Siria tiene su reflejo en Líbano, y en los últimos años la tensión ha generado en ocasiones episodios de conflicto. Creo que no puede negarse que el radicalismo religioso existe y que es un riesgo, en primer lugar para las sociedades donde surge, pero es injusto identificarlo con los refugiados en bloque. Puede que haya terroristas entre los refugiados, del mismo modo que puede que haya santos, ladrones o artistas. Es decir, si vas más allá de la etiqueta de refugiado, estamos hablando de personas de todo tipo. No se puede obviar que vienen –huyen– de un escenario de conflicto en el que muchos han vivido situaciones límite, y que la mayoría han perdido a alguien o han perdido todo lo que poseían. Esto, así como el verse rechazados o discriminados, puede también condicionar lo que algunas de estas personas serán el día de mañana. Personalmente creo que es algo que pasaría en cualquier otro lugar. Pero no me refiero sólo a terrorismo, estoy pensando en todos los niños y jóvenes a los que la guerra y la situación de refugiados ha despojado de planes, perspectivas o esperanzas de futuro, que tal vez estén condenados a subsistir al límite de la pobreza toda su vida, sus vidas dejadas al margen del mundo. Esto en sí mismo es un drama, creo que es injusto prestar atención a esta realidad sólo cuando surge el riesgo de ataque terrorista. No quiero que se me malinterprete, no digo que sea el único motivo ni la causa primera, pero estas situaciones funcionan como un caldo de cultivo, alguien con otras perspectivas no sigue el camino de la radicalización y el fanatismo. Por eso, es importante moverse hacia la verdadera integración, tanto en Líbano como en España como en cualquier lugar del mundo, para que estas personas tengan las mismas oportunidades que podemos tener nosotros y su vida no quede herida de muerte por una guerra.

¿Qué ganas tú personalmente con esta experiencia?

Para mí es una oportunidad de vivir de cerca, conocer y entender cada vez mejor este drama que se vive, en este caso en Líbano, pero también en muchos otros países, el de las personas despojadas de todo que se ven obligadas a ponerse en camino. Conocer y dedicar mi energía a tratar de hacer algo constructivo. Entre todos los problemas que existen en el mundo, desde el cambio climático hasta la pobreza y la desigualdad creciente en los países teóricamente desarrollados, el drama de los refugiados me atrae poderosamente porque creo que está en juego de modo especialmente evidente algo esencial del ser humano, la capacidad y voluntad de doblegarse o no ante el odio y la injusticia. Estamos hablando de personas que escapan de una guerra feroz y se encuentran abandonadas a su suerte y por desgracia casi siempre rechazadas de un modo u otro. Cuando se trata de algo de una escala tan grande sinceramente las fronteras me parecen ridículas. Personalmente creo que no se puede evadir la responsabilidad y abstraerse encerrándose en un pequeño mundo seguro. Sobre todo cuando tanto las causas como las consecuencias son mundiales. Claro que no todo el mundo puede ni debe dejar su casa e ir en persona, yo tengo la suerte de poder hacerlo, pero quizá esta responsabilidad se traduce en otras cosas, como estar informado y ser consciente de lo que sucede, acoger verdaderamente –no como una carga ni como una concesión– al otro, al emigrante, al extranjero, y no contribuir en la medida de lo posible a las dinámicas que hacen del mundo algo tan peligroso e injusto para una parte de los que lo habitan. También el apoyo económico a una ONG como CESAL para que sostengan proyectos de desarrollo y personas que, como yo, puedan transmitir y conocer lo que ocurre allí.

CESAL tiene abierto actualmente un proceso de selección para enviar a otra persona cooperante. Sus labores serían las de apoyar en la coordinación de los proyectos de acción humanitaria junto al equipo de CESAL y AVSI en El Líbano. Se requiere conocimiento de inglés o francés, se valora el conocimiento del italiano. Se requiere titulación universitaria, preferiblemente relacionada con la cooperación al desarrollo, acción humanitaria y/o las relaciones internacionales. Más información: secretaria_arroba_cesal.org o 900 242 902 (teléfono gratuito).

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