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10 DICIEMBRE 2018
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>Entrevista a Wael Farouq

Quiénes son los estados árabes que miman al Isis

Andrea Mainardi | 0 comentarios valoración: 3  508 votos
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“El problema no es el islam, sino el islam político: el islamismo. Es decir, una ideología. Favoreciendo una ideología religiosa moderada no es como Europa vencerá a esa ideología extremista que es el terrorismo. En el mundo de la ideología vence el más fanático y organizado, el que arma la cultura de la violencia”. Son palabras de Wael Farouq, egipcio y musulmán, profesor de Ciencias lingüísticas en la Universidad Católica de Milán.

¿Eso es lo que está pasando en Turquía?

El atentado de Estambul fue consecuencia del apoyo de Erdogan a los grupos combatientes islámicos en Siria, como Al-Nusra. Potencias regionales como el régimen de Erdogan creen poder controlar a grupos como Al-Nusra y utilizarlos para conseguir sus propios objetivos. Quizás puedan controlar el destino del grupo interno, pero no a los miles de individuos que pertenecen a este grupo, a los que se les ha hecho un lavado de cerebro y que están dispuestos a hacerse explotar en nombre de Dios. Algunos autores occidentales han publicitado a Erdogan como símbolo de un islamismo moderado, pero este último año ha mostrado su rostro autoritario.

¿Debemos preocuparnos de lo que sucederá a partir de ahora?

En Siria, Occidente ha cometido el grave error de apoyar, en los primeros años del conflicto, a los grupos islamistas armados, presentándolos como combatientes por la libertad. Ahora, miles de jóvenes europeos que se han enrolado en estos grupos con un papel importante en esta guerra, ¿qué harán si el acuerdo de paz tiene éxito? No creo que vuelvan a Europa para descansar, sino para continuar su lucha y vengar la caída del Califato. Ya pasó en los años 90, cuando, al acabar la guerra de Afganistán contra los soviéticos, los combatientes islámicos apoyados por Occidente volvieron a Argelia, Egipto y Túnez, y tuvimos una década de terrorismo. Aunque espero equivocarme.

¿Recibir buenos deseos para el nuevo año ofende su sensibilidad religiosa?

Eso es una estupidez. Solo quien vive encerrado en su mundo de miedo e indiferencia es incapaz de ver las celebraciones en los países musulmanes. En Bagdad está el árbol de Navidad más alto del mundo. Millones de cristianos y musulmanes lo festejan juntos. Los coptos y el presidente del gobierno han celebrado la Navidad ortodoxa en Egipto. En El Cairo, las mujeres musulmanas compran muñecos de Papá Noel. Tratemos de mirar la realidad entera. Yo vivo en Milán y mis tres hijos, vestidos de ángeles, han participado con decenas de otros niños, musulmanes y cristianos, en un belén viviente organizado por las monjas de Via Martinengo. ¿Queremos contar estas cosas?

En Turquía se han oído sermones en contra de las fiestas navideñas. Hace unos días, el imán Hocine Drouiche denunció que la mayoría de los imanes de Francia y Bélgica habían prohibido a sus fieles celebrar Navidad y año nuevo.

Eso son tonterías de algún estúpido que quiere encerrar a los musulmanes en un estereotipo. Las fatwā del seij de Al-Azhar, la mayor autoridad religiosa islámica, y el Gran Muftí de Egipto han dicho muy claro que no hay contradicción alguna en el islam al celebrar la Navidad. No podemos ocultar que hay imanes y musulmanes que son presa de la ideología, pero hacemos mucho daño a todos si secundamos ese estereotipo. El mundo es mucho más grande que los imanes de Qatar o Turquía.

Europa vive bajo presión, ¿cómo evitar sospechas contra los musulmanes?

También se vive bajo presión en Siria, en Bagdad y en Egipto, que está sufriendo el terrorismo contra musulmanes y cristianos desde hace años. ¿Y quién reacciona contra el Isis? Los jóvenes musulmanes iraquíes, kurdos, egipcios, que han liberado pueblos cristianos en Siria y devuelto la cruz a algunas iglesias de Iraq. El problema de Occidente es otro.

¿Cuál?

Todos saben que en Arabia Saudí la oración del viernes concluye pidiendo a Dios que destruya a los cristianos y judíos. Sabemos quién financia al Isis, quién celebra estas liturgias del mal. Lo saben los gobiernos occidentales, pero no mueven un dedo. Todos saben que la fuente del terrorismo es la ideología wahabita adoptada de Arabia Saudí. Pero al contrario que en el caso de Irán, Sudán o Corea del Norte, a Arabia Saudí no se le imponen sanciones, ni siquiera se la critica. Al contrario, ha sido elegida miembro del Consejo de derechos humanos de la ONU.

¿No cree que el extremismo es sobre todo un problema interno del islam, que el islam debe resolver?

El conflicto teológico dentro del islam (entre musulmanes e islamistas, sunitas y chiítas, etc.) existe y Occidente no debería estar implicado. Pero en realidad Occidente está profundamente implicado en el conflicto político y económico que aprovecha estas diferencias teológicas dentro del islam. El problema es que no hay voluntad de hacer frente a los famosísimos financiadores de la ideología que alimenta el terrorismo. Para evitar afrontar este problema, se prefiere hablar del islam en general de manera abstracta. Así evitamos identificar al culpable y, en consecuencia, se culpabiliza a todos los musulmanes, también a los que luchan contra esta ideología y el terrorismo.

Los terroristas hablan de cristianos infieles y los matan, ¿cómo no interpretarlo como una guerra de religión?

Porque es una falsedad, contraria a la ciencia y a la historia. No debemos mirar la religión sino la religiosidad, que no se puede entender si no se contextualiza. El islam egipcio, por cómo se vive y se celebra, está mucho más cerca del catolicismo italiano que éste del protestantismo sueco. Obviamente, las religiones son distintas, pero el sentido religioso nos acerca. Pienso en el hecho de que en Egipto el Corán se entona, como los salmos en las iglesias; pienso en las tradiciones alimenticias, en el sentido de la belleza. Si miramos el sentido religioso de la gente, Egipto está muy lejos de Arabia Saudí y mucho más cerca de Italia; e Italia está mucho más alejada de Suecia que de Egipto.

Citando a Benedicto XVI, usted suele recordar que nihilismo y fundamentalismo tienen en común el deprecio a Dios y al hombre. El primero porque niega la verdad, el segundo porque quiere imponer su verdad. Eso me recuerda al protagonista del libro Sumisión de Houellebecq, aburrido e impermeable a cuanto sucede, que al final, como occidental, piensa que la felicidad es someterse a un islam radical.

Dejemos a un lado esa novela, que es ejemplo de la homologación de los musulmanes llevada a cabo en Occidente. Es cierto. Hoy en Europa hay más radicalización que en los años noventa. Y han crecido elementos que no tienen nada que ver con el islam. Pero Occidente también tiene su parte de responsabilidad. Por un lado, por la propaganda islamista moderada que no molesta en los estados laicos y de izquierdas; y por otro, por la propaganda de la derecha extremista contra los musulmanes.

¿Qué se puede hacer para cambiar la hoja de ruta?

Dicen: hay que integrar a los inmigrantes. Sí, ¿pero en qué? Un hombre puede integrarse en una sociedad, en una comunidad. No se integra en leyes y reglas. Esa es la sumisión. Cuando una sociedad pierde su dimensión cultural y espiritual, ya no pone en el centro a la persona, se convierte en una sociedad sometida. Respecto a los inmigrantes, todos necesitamos encontrarnos con otras personas, hombres que hagan una propuesta. Eso marca el cambio. Cada uno de nosotros puede ser en Europa el cambio para un inmigrante que por diversas razones ha tenido que venir hasta aquí. La integración no es un trabajo del gobierno, sino de todos, de quien cree en su ideal y entonces se convierte en testimonio continuo de ese ideal. Si no hay testigos de bien y de vida, la integración no sucederá. De modo que la radicalización de ciertos musulmanes resulta más probable. La alternativa al vacío que se les ofrece puede ser la ideología mortal para el Isis.

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