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22 FEBRERO 2017
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Los retos de la ciencia en la Universidad española

Nicolás Jouve | 0 comentarios valoración: 3  45 votos
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En 1930 ya señaló Ortega y Gasset que la “Misión de la Universidad” es enseñar las profesiones intelectuales y hacer investigación científica y preparar futuros investigadores.

El principal destinatario de lo que se hace en la Universidad es la sociedad, por la repercusión en el nivel cultural y bienestar a través de la formación de profesionales en todos los campos y por la repercusión de los avances científicos en la salud, alimentación, comunicaciones, transporte, etc.

Si nos fijamos en el fomento de la investigación, el principal problema de los responsables de la política científica es el de dar prioridad a los campos que más y mejor vayan a repercutir en beneficio de la sociedad. Pero cuando hablamos de beneficio no necesariamente estamos hablando de economía. Hay otros déficits que afectan al nivel cultural y social. Aunque a veces no lo parezca, no solo de tecnología vive el hombre, y no hay que volcar todos los esfuerzos en ciencia y tecnología. Hay un desequilibrio patente entre lo que hacemos o podemos hacer y lo que afecta al pensamiento, y la moral… por lo que habrá que dedicar más atención a otras áreas del conocimiento, como las humanidades, el arte, la literatura o la música, por ejemplo. No nos quejemos después del desmoronamiento de la sociedad en las costumbres y el comportamiento. A esto se refiere el filósofo alemán Hans Jonas, que echa en falta un análisis de los fines de las investigaciones y denuncia el hecho de sus consecuencias: “El ser humano –dice Jonas– ha aumentado su poder dominador de la naturaleza, pero no se ha preocupado por crecer con la misma intensidad en el conocimiento de las consecuencias de ese poder”.

Es preciso tener en cuenta todo esto y ampliar el horizonte respecto a la idea de algún partido político en las elecciones del 20 de diciembre de 2015 de crear un “Comité de Ciencia y Tecnología” para asesorar al Gobierno de la nación en temas de investigación y desarrollo en el que intervinieran investigadores y especialistas de reconocido prestigio españoles y extranjeros.

Un segundo frente en la expectativa de la ciencia afecta a la propia Universidad. La positiva evolución económica de las últimas décadas y la descentralización de las competencias educativas tras la aprobación de la Constitución de 1978 ha llevado a la existencia de una excesiva dotación que según datos oficiales actuales se traduce en 85 universidades, con 1.828 centros entre públicas y privadas, y una oferta de unas 13.500 titulaciones diferentes. Lo mucho no es equivalente a lo bueno, y así ocurre que en el Ranking Web de las Universidades, donde se comparan los resultados académicos de 12.000 universidades de todo el mundo –en base a su producción científica y el número de citaciones en revistas de investigación de todas las ramas–, las universidades españolas no están muy bien colocadas. Los primeros puestos los acaparan las universidades americanas (Harvard, Stanford, Massachusetts, Berkeley…), y hay que descender a la posición 141 para encontrar la primera de entre las españolas, la de Barcelona (que ocupa el puesto 36 entre las europeas)… y aún más allá de los 200 primeros lugares encontraremos las siguientes, en el 205 la Complutense de Madrid, en el 209 la de Granada y en el 210 la de Valencia (72, 74 y 75 entre las europeas, respectivamente).

Con respecto a esto, el pasado 21 de diciembre, la Comisión de Educación y Deportes presentó en la Secretaría General del Congreso de los Diputados un documento de aprobación con modificaciones de una Estrategia Española para la Educación Superior del Grupo Popular, en la que se señala la necesidad de potenciar los esfuerzos de los departamentos ministeriales, las comunidades autónomas, las universidades y todas las instituciones y agentes partícipes para la consecución de los objetivos de formación, generación y transferencia de conocimientos en beneficio de la ciudadanía y del desarrollo y mejora económica de nuestro país. Buenas intenciones que veremos en qué quedan en los próximos años si, como dice a renglón seguido el documento, requieren del consenso social, académico y político en sus objetivos básicos que, siendo de interés común, se nos antoja difícil de conseguir en este país y en este momento en que los políticos miran más a decir no, al distanciamiento y al vapuleo del adversario que a lo que le interesa a España y los españoles.

Entre las medidas a tomar, todas ellas necesarias y urgentes, se indica la necesidad de ubicar a los alumnos en el centro de la estrategia para favorecer su salida al mercado laboral, garantizar la suficiencia financiera mediante su flexibilidad y sostenibilidad, promover en las universidades la internacionalización y especialización, establecer una carrera académica previsible, reconociendo los méritos y capacidades de los profesores mediante un Estatuto del Personal Docente. Se añaden además objetivos relacionados con la modernización de las instituciones, el aumento de becas, la intensificación de la movilidad así como favorecer la presencia en la sociedad en las instituciones de educación superior.

Todo muy sensato, lógico y necesario, pero nada nuevo por otra parte. Esto ha sido una constante de los programas electorales de las dos formaciones políticas que desde la ley de Reforma Universitaria de 1983 han tenido competencias de gobierno hasta ahora, el PSOE y el PP. A estos buenos propósitos se unió Ciudadanos con una detallada y realista crítica sobre la situación de la Universidad española y sus soluciones, con dos largos capítulos de su programa electoral del 20D: “Un pacto nacional para la educación” y “Política científica”. Inédito e irrelevante es lo que proponga Podemos, que en su programa electoral del 20D apenas dedicó un conciso apartado de página y media a la Universidad, carente de contenido analítico.

Sobre el papel sabemos lo que piensan los principales dirigentes políticos. Pero hay además dos factores que están condicionando el clima de satisfacción y eficiencia necesario para un buen desarrollo de la doble misión de enseñar e investigar de los profesores universitarios.

En primer lugar está la forzada implantación de una reforma de las titulaciones de licenciaturas y grados que finaliza con el Real Decreto 3+2 (RD 43/2015, de 2 de febrero), con la implantación de 3 años para el Grado y 2 años para el máster. Esto ha forzado a las universidades a adecuar sus estudios a las de aquellos países con los que tenemos una mayor movilidad internacional de estudiantes, y con los que compartimos un mercado laboral común. Este sistema, comúnmente asociado a ‘Bolonia’, trata de facilitar el reconocimiento de títulos entre universidades y la movilidad de los estudiantes en Europa. Todo muy bien, pero no sin consecuencias. El plan ‘Bolonia’ ha supuesto una revolución en la oferta de materias, reducción de grupos de alumnos, modificación de los calendarios, reducción de los programas de muchas asignaturas y la aparición de nuevas exigencias de seguimiento de los estudiantes, convirtiendo a los profesores en autómatas con apenas tiempo para actualizar sus cursos y preparar las clases y sobre todo para investigar y aumentar la producción científica. La implantación del nuevo sistema de educación habrá dado lugar a una convergencia con las dos terceras partes de los países que forman parte del Espacio Europeo de Educación Superior, pero ha generado un desequilibrio entre las misiones docente e investigadora, en detrimento de la segunda, en España. Si a ello se une la falta de la figura del profesor dedicado preferentemente a la investigación en los departamentos universitarios españoles, y la reducción o por lo menos no incremento de las plantillas docentes, nos podemos hacer una idea de la dificultad de desarrollar los objetivos de la Estrategia Española para la Educación Superior.

El segundo factor condicionante del despegue de la ciencia española en nuestras universidades es lógicamente el económico. Si no hay una financiación a la altura de lo que se desea, o si está desigualmente repartida, será complicado mejorar en el ranking de las universidades mundiales.

En las elecciones del 20D de 2015, los tres partidos que dedicaron capítulos importantes a la Universidad y a la investigación hablaban de elevar el presupuesto del Estado dedicado a la investigación científica hasta llegar al deseado 3% del PIB (actualmente es un 1,24%, siendo 1,42% en 2010). En este punto hay un difícil acuerdo pues mientras que Ciudadanos y PSOE prometían el 3% ya, el PP matizaba que llegaría al 2% en 2020 y, dependiendo de la evolución de la economía, al 3% deseado cuando se pudiese.

Lo cierto es que ni siquiera hay presupuestos generales del Estado para 2017, ni sabemos si se prorrogarán los de 2016. Si miramos lo que ocurrió entre 2015 y 2016 tal vez podamos pensar en lo que vaya a ocurrir a partir de ahora. Según el último informe de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) de 2016, si se observa la evolución de la financiación en I+D+I (investigación, desarrollo e innovación), sin profundizar en los detalles, no se puede dar un mensaje positivo y esperanzador del panorama en España de los 10 últimos años. En el último año se produjo un aumento del 11,8% de las partidas de los presupuestos generales del Estado dedicadas al Programa del Fomento a la Investigación. Sin embargo, este aumento fue a parar a infraestructuras y servicios, pero no a la financiación de proyectos. Además, la inversión en el fomento de la formación de personal científico técnico, probablemente la más crítica en el fomento de la investigación, por sus efectos a largo plazo sobre la competitividad global de la sociedad, sigue abandonada.

Por otro lado, sigue en el aire la de la implantación de una “Agencia Estatal de Investigación”, una demanda de la comunidad científica recogida en la Ley de la Ciencia de 2011, cuyo fin es dotar al sistema español de Ciencia, Tecnología e Innovación de una gestión más flexible, ágil y autónoma que la que hemos tenido hasta ahora. En resumen, el panorama no es optimista. Sería necesario un “pacto nacional” para armonizar el actual desbarajuste de nuestras universidades, y mejorar y fomentar la investigación en España, lo cual es esencial para elevar la formación y cultura científica de los españoles y su calidad de vida.

Nicolás Jouve es catedrático emérito de Genética y presidente de CiViCa

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Abatid los bastiones educativos

Fernando de Haro

En España se prepara un nuevo debate educativo. ¿Serán los cristianos, en este caso, algo más que una de las partes en litigio? ¿Podrán aportar algo original? ¿Están obligados a identificarse con una de las esperadas y conocidas posiciones que se van a enfrentar? La semana pasada se constituyó en el Congreso de los Diputados una subcomisión para estudiar un posible pacto de Estado sobre enseñanza. Pacto que ha sido imposible desde la vuelta a la democracia. Los trabajos van a incluir la comparecencia de 80 ponentes entre profesores, padres, alumnos y expertos.

La legislación educativa española ha sido hegemónicamente socialista desde la transición. Eso le ha dado un claro sesgo comprensivo. El segundo gobierno de Aznar, a última hora (2002), aprobó una ley que intentaba corregir las consecuencias negativas de la comprensividad. El primer Gobierno de Rajoy, con escaso convencimiento, poca ambición y sin escuchar a la comunidad educativa, aprobó una reforma (LOMCE, 2013) encaminada, sobre todo, a conseguir mejores resultados académicos y una cierta unidad en todo el territorio nacional. El segundo Gobierno de Rajoy ya ha renunciado algunos aspectos de la pasada reforma (las reválidas), rechazados radicalmente por la oposición. Y busca, parece que con más sinceridad que los socialistas (Zapatero), un acuerdo.

El problema es que las distancias ideológicas parecen insalvables. Los socialistas y el resto de partidos de izquierda están convencidos de que el Estado, en este caso las Comunidades Autónomas, que son las que tienen transferidas las competencias, son el sujeto educativo primordial para garantizar la igualdad. La planificación para que los nuevos centros de iniciativa social reciban dinero debe someterse, según este modo de pensar, a la existencia de una red completa de colegios de gestión pública. Se trata de una subsidiariedad a la inversa, a favor del Estado. El PP, por su parte, insiste en superar la mentalidad comprensiva, introducir criterios objetivos de evaluación y de calidad. El centro-derecha es más receptivo a defender la tímida subsidiaridad que supone el sistema de conciertos (creado por los socialistas). Un modelo que permite integrar en la red pública a colegios de iniciativa social con autonomía y libertad de ideario. En algunas Comunidades Autónomas donde gobierna el PP, no en todas, esta red subsidiaria supone hasta el 50 por ciento de los centros. Donde gobiernan los socialistas o Podemos el porcentaje tiende a reducirse drásticamente. En realidad, la bandera de los conciertos la mantiene levantada la comunidad católica.

Antes de seguir adelante dejemos claro que el sistema de conciertos, con todas sus imperfecciones, ha sido un instrumento útil para que los padres elijan la enseñanza que quieren para sus hijos. En una sentencia de mayo de 2016, el Tribunal Supremo además dejaba claro que la legislación no otorga “a los centros concertados un carácter secundario o accesorio respecto de los centros públicos, para llegar únicamente donde no lleguen estos últimos, es decir, para suplir las carencias de la enseñanza pública”.

Abatid los bastiones educativos

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  29 votos
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Vacuna corta

Fernando de Haro

Lo sucedido este fin de semana parece confirmar que España podría haberse convertido en un oasis político. En Francia, los leales a Europa tiemblan porque no tienen candidato. Le Pen de momento acapara el cartel electoral. El terremoto nacionalista amenaza con sacudir con fuerza en las elecciones holandesas y alemanas. Italia sigue a la espera. Por el contrario, los congresos simultáneos del PP, partido de Gobierno, y de Podemos, la fuerza populista, sugieren una cierta estabilidad dentro de los cauces del más tradicional y positivo europeísmo.

No hay formación xenófoba articulada a la vista. Y el enfrentamiento fratricida entre los dos grandes fundadores de Podemos, Iglesias y Errejón, en Vistalegre II (el Congreso que debía convertir al nuevo partido en opción de Gobierno) ha puesto de manifiesto que la nueva política puede convertirse de forma rápida en vieja política. De momento los sondeos no reflejan el desgaste de las luchas internas (Podemos mantiene una intención de voto del 22 por ciento y el segundo puesto) pero la aureola de “redentora” que acompañaba a la formación ha desaparecido. Y es difícil (aunque todo es posible) que en el inmediato futuro los socialistas vuelvan a buscar un pacto con quien le disputa el espacio político.

El PP ha celebrado quizás el más pacífico de los Congresos de su historia. El partido en el Gobierno está tranquilo por el rápido cambio de ciclo que se ha producido en el último año y medio. El único sucesor de Rajoy es el propio Rajoy. Hace quince meses, el ciclo del actual presidente del Gobierno era claramente declinante. La factura por los casos de corrupción, el deseo de una forma diferente de hacer política, el desgaste de las políticas aplicadas durante la crisis y la conjunción de fuerzas de izquierda hacían pensar que el PP, a pesar de ser la fuerza más votada, iba a estar alejada un tiempo de los centros de decisión. La marca PP era una marca de la que había que alejarse.

Ahora las cosas han cambiado. En 2106 el PP demostró disponer de un suelo electoral alto y, lo más importante, capacidad de recuperar votantes. Rajoy se ha redimido en gran medida al haber superado un veto que, según todos los españoles, había durado ya demasiado. Y además en los últimos meses ha convertido a los socialistas en su mejor socio de Gobierno. Muchos aplauden, incluso, el que consideran inteligente uso del miedo a Podemos. Un Podemos en el 22 por ciento de intención de voto es, según estos, el mejor argumento para mantener una alta fidelidad entre los votantes conservadores de siempre.

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Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  63 votos

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La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  211 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 3  175 votos

>Columna derecha

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  438 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1536 votos

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