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21 MAYO 2018
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¿Horas superficiales?

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  275 votos
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"El uso cínico del discurso del 'nosotros contra ellos' provoca una agenda deshumanizadora basada en discursos de culpa, odio y miedo a escala nunca vista desde los años 30". Esta frase, recogida por El Mundo, la pronunció Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, durante la presentación del Informe Anual 2016-2017 sobre la situación de los derechos humanos en el mundo. Una de las consecuencias de todo lo que ha sucedido en el mundo en los últimos meses es el escepticismo. "A pesar de sus actitudes esencialmente diferentes frente a la tecnología y la globalización, la Gente Web y la Gente Muro tienen una cosa en común: tanto una como la otra son profundamente escépticas respecto a las instituciones existentes. Piensan que la democracia representativa ha colapsado y ven el potencial creativo de la disrupción", afirma Mark Leonard en El País.

En esta dinámica también entran los niños, que siempre habían sido símbolo de inocencia y sencillez. También en El País, describe Catherine L'ecuyer a los niños de hoy; "niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic y al instante, antes de desearlo. Desde los dos años, dejados a sí mismos navegando en sus cunas, sus delicados deditos encontraron imágenes dañinas que quedaron para siempre grabadas en sus mentes inocentes. Con cuatro años, bailaron el festival de fin de curso moviendo la cadera y enseñando el ombligo como Jazmín de la Disneylandia que de tanta garantía que da, acaba adormeciendo como por arte de magia a la conciencia del padre que aplaude y graba el sensual baile, para el recuerdo de una infancia despejada. Con seis años celebró el Halloween vestida de Monster High y el Carnaval vestida de sensual enfermera. Niños atraídos por el feísmo y erotizados por pantallas sin otros filtros que los de su irresistible perfil Instagram. Niños cínicos que han disparado y matado cientos de miles de veces por videojuego, y que han perdido la sensibilidad y la capacidad de interpretar una mirada y de tratar a otros con delicadeza. Niños sin asombro, que se han quedado ciegos ante la belleza de la realidad, incapacitados para sintonizar con ella".

Pero la realidad es tozuda. "¿Cómo vamos a vivir de espaldas a la muerte si a diario y sin avisar muestra su rostro tan afilado como invisible?", se pregunta Joana Banet en La Vanguardia. "Es imposible no olerla. Está en los periódicos: toneladas de muertos cuyo destino se ha desbocado prematuramente; cadáveres de lujo y de todo a cien, porque también hay clases en la muerte. Se sienta en el banco del parque, donde unos abuelos flacos levantan la barbilla hacia el sol. La trae escrita en el entrecejo la amiga con cáncer, que la ahuyenta con coraje, dignidad y quimioterapia. La llevamos en el apellido, define quiénes somos: seres, sí, pero mortales, conocedores de que el vivir humano es un sinvivir; individuos irrepetibles en peligro de extinción, en amenaza permanente. Siempre que paso por la autovía de Castelldefels, frente al hospital de Bellvitge –donde desahuciaron a mi padre hace más de diez años–, la intuyo bien alojada, desplegando su voluntad con determinación. No hay otro muro tan real frente a nuestra capacidad de vivir. En cambio, pocas veces, acaso cuando se nos mueren los nuestros, la nombramos y nos preguntamos qué perdura tras ella".

"¿Qué carajo pinta la poesía en horas tan superficiales, en tantos aspectos, como las que vivimos?", se pregunta Jordi Llavina en La Vanguardia, y él mismo se contesta: "no, mi amigo está convencido de que nos es muy necesaria, y él, que jamás renunció a su alma de periodista radical, está decidido a llevarla hasta ámbitos donde no acostumbran a entrar las metáforas, salvo las que se aplican a las cuentas de resultados. Tierra endurecida y en letargo, / mástiles y velas sin aliento. / ¡Qué no daríamos por encontrar / la corriente de agua de la vida!”, cita del poeta Tomàs Garcés.

Quizá lo que nos falta es un maestro, como dice Pedro G. Cuartango en El Mundo: "He reflexionado muchas veces sobre la carta de Camus -en agradecimiento a su maestro- y creo que el mensaje esencial que encierra es que no somos nada sin la referencia de los otros, que sólo llegamos a ser lo que somos a través de la mirada de los demás. El filósofo Merleau-Ponty escribió que la conciencia es intencional, apunta siempre hacia algo y ese algo son los otros. Solamente cuando existe un reconocimiento de la alteridad podemos delimitar la identidad de nuestro propio yo. Esta aseveración tiene más implicaciones de lo que aparenta a primera vista, pero lo esencial es que, contra lo que sostiene Sartre de que el infierno son los otros, lo que nos dice Merleau-Ponty es que sólo es posible la salvación a través del prójimo. La base de la relación entre el alumno y el maestro es el reconocimiento mutuo. El primero se somete al segundo por su autoridad intelectual, pero el maestro necesita al alumno para poder transmitir sus saberes. Como en la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo, los dos son interdependientes".

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